‘Local del mundo’: poesía nueva de Adolfo Castañón

‘Local del mundo’: poesía nueva de Adolfo Castañón

La Gualdra 339 / Poesía / Libros

 

I

Local del mundo, compuesto por los volúmenes intitulados Civismo de Babel y Cuadernos del calígrafo, es el tercer conjunto que recopila la obra poética de Adolfo Castañón, después de La campana y el tiempo (Conaculta, 2004) y La tercera mitad del corazón (Conaculta, 2012). He dicho “conjunto” y no “libros” porque, en rigor, La campana y el tiempo recogió a su vez nueve libros poéticos individuales. Tomando en cuenta Local del mundo, quedan ya reunidos cuarenta y cinco años de poemas desde 1973 a la fecha.

El volumen Civismo de Babel es la cosecha poética de 2012 a 2016: verso, prosa, reflexiones, máximas y aforismos conforman este mosaico. Por su parte, Cuadernos del calígrafo contiene traducciones de poetas, tiempos y lugares diversos. Ya en un libro anterior Castañón recogió su extensa traducción del “Lamento de María la Parda” del poeta portugués del siglo XVI Gil Vicente, de donde se echa de ver que traducir poesía es una afición constante. A su compañía son convidados ahora, entre otros, Li Po, Qian Qi, Páladas, Saint-John Perse y Antonin Artaud.

 

II

Civismo de Babel

A propósito de la diversidad del canto decía el precoz Rubén Darío

 

que si hacemos el panal

tenemos el aguijón.

(Epístolas y poemas)

 

Y así también nuestro poeta sabe pulsar la lira en todos los tonos: social, amoroso, irónico, lúdico, onírico y contemplativo.

En el nuevo poemario, la observación cuidadosa y la recreación de la naturaleza –que desde ya advertimos como un tópico compuesto las más veces de luz, aves y follajes– se desarrollarán como variaciones sobre el mismo trino o refracciones del mismo haz en numerosos poemas como “En las páginas del tiempo”, “A la luz del invierno errante”, “Luz”, “La luz la lluvia”, “En el aire”, “Luces”, “Ecos”, “De la luz en Salamanca” y “Letras sueltas”:

 

El agua se hace piedra

La lluvia se duerme entre las nubes

Una hamaca invisible mueve las nubes

La luz se diluye entre las horas

Entre las nubes el tiempo se amansa

Las plumas forman máscaras

El caracol ulula luz marina

El pájaro, el agua y la luz, siendo en esencia siempre iguales, se actualizan a diario, y así el poeta regresa a su lugar ameno para visitarlo o habitarlo cada vez como la primera.

Al lado del poema contemplativo está el filosófico que, desengañado, enumera causas, medios y fines; que advierte que el lógos es sólo parcial en el hombre, sujeto al fin a fuerzas mayores como el caos:

 

Nada detiene la voracidad

ella avanza nada en nada

Su paso sin pausa es vértigo

Recuerda que sólo un fragmento

de una letra de una palabra rota

nos deletreó a medias al nacer

…a medias claroscuros

a tientas sin tropiezo

nos devora.

(“Nada detiene la voracidad”)

Entre la universalidad de la expresión, hay una localidad de la enunciación. México es la Babel desde la que el poeta nombra el presente, y de esta Torre, vertiginosa y lastimada, habla de muchas maneras:

 

Leer puede costar la vida

pregúntaselo al aprendiz

caído en la fosa común.

Al lector de periódicos

que dejó de envolver

la carne para la perra

en una hoja de diario

y se puso a rumiar.

(“¿Ese vicio impune?”)

 

Me hace falta México

El México de antes

(¿no será una redundancia?

¿no es la maldición de México que siempre es el de antes?)

(“Antes II”)

 

También el presente planetario y sus tendencias son motivo de interrogación:

 

Si Cristo es hijo de Dios, los demás somos bastardos, hijastros del Demiurgo.

¿Cómo llamar a los que llegarán en probeta?

(“Pascua de Fausto”)

 

Al dar fe del tiempo vivido por medio de la poesía, se le confiere un estatuto epistemológico que la sitúa en un estrato más allá de las cifras, de los informes, encuestas y noticieros; es el nivel de la experiencia del ciudadano atento, “rumiante”; es psicología e historiografía reveladoras. La poesía como documento probatorio tiene la ventaja de hablar sin conflictos de interés, sin trato oneroso ni cálculo político: es espontánea y sólo rinde cuentas a la veracidad individual y estética; es testigo insobornable.

 

III

Cuadernos del calígrafo

“A partir de poemas en otras lenguas quise hacer poemas en la mía”.

Octavio Paz, Versiones y diversiones

“Cada traductor es un ladrillo de la Torre de Babel […] Las palabras que nos conforman sólo pueden pasar de una lengua a otra por el beso interminable de la traducción”.

Adolfo Castañón, “Sobre Omar Khayyam,

 Edward Fitzgerald, Robert Graves y otros autores”

 

El oxímoron “local del mundo” recuerda y alude perspicazmente al lema de una institución bancaria con sucursales en todo el planeta. A través de este rescate de la fraseología monetaria, la economía política deviene economía poética. Si la banca es omnipresente y en cada esquina sostiene cajeros o automáticos o asalariados, las traducciones contenidas en Cuadernos del calígrafo hacen patente la ubicuidad de la poesía y de sus surtidores en coordenadas tan distantes como China, Grecia, Francia, Holanda e Irán. Lo local del mundo, a saber, lo propio de todas partes será entonces la belleza, la reflexión y la inteligencia gratuitas.

La labor de traducción y recreación es a la vez el ejercicio ético y técnico del poeta-antena y del poeta-cálamo. “Pasión y casualidad pero también trabajo de carpintería, albañilería, relojería, jardinería, electricidad, plomería –en una palabra: industria verbal”, así describía Octavio Paz su libro de traducción poética Versiones y diversiones (Joaquín Mortíz, 1978) y esto mismo debe decirse ahora del libro de Castañón. La genealogía entre ambos libros se establece de suyo por hacer de la traducción un juego de afinidades selectivas de entre las vastas regiones de la poesía, y por traducir el poema componiendo otro al echar mano de “recursos análogos a los de la creación”, como ha dicho Paz. En este concepto de la di-versión, destaca que un mismo poema sea presentado en distintas versiones: así “El desdichado”, “Délfica” y “Artemisa” de Nerval, de los que Paz presentó dos variantes de cada uno, y así también las cuatro versiones que entrega Castañón del poema “Inscrito en el templo de la cumbre” de Li Po. Un poema entraña en germen no sólo numerosas combinaciones, sino multitud de poemas: aquí radica el sentido de la tradición.

 

China

La poesía china, primera en este recorrido que va del este al oeste –o del oeste al este según hable nuestro grado de colonialismo– resuena por fuerza en la veta contemplativa de nuestro poeta. En estos cuadros o estampas, la naturaleza apacible corresponde al silencio reflexivo del hombre.

   …El viento sopla entre los pinos y su brisa toca mi cintura. La luna ilumina las montañas y toca las cuerdas de mi arpa. Si alguien quiere entrar en la verdad última, que siga el canto del pescador cuando a lo lejos alcanza la orilla.

Wang Wei

Inscrito en el templo de la cumbre. Paso la noche en lo alto de la sierra, en el templo que está en la cumbre. Al levantar la mano para acariciar con mi saludo a las estrellas, me digo en silencio, no vayas a espantar a los astros.

Li Po

 

De Li Po, poeta chino del siglo VIII de nuestra era, Paz tradujo en el libro mencionado cuatro poemas, a los que sumamos ahora seis que traslada Castañón. De Wang Wei, poeta y pintor contemporáneo y coterráneo de Li Po, tradujo Paz siete y Castañón seis. “Universalidad, intemporalidad, impersonalidad y ausencia del sujeto” son las características de la poesía china que enumeraba Octavio Paz, mismas que han sido también trabajadas ahora por la pluma reflexiva de Castañón.

 

Grecia

La poesía griega es la poesía de la ciudad, de la política en su sentido fuerte. Así, el epigramista Páladas del siglo V de nuestra era escribió decididamente desde su tiempo y deletreó la angustia de su cultura (su mundo) ante la imposición del cristianismo:

 

¿Estamos muertos, nosotros los griegos, en una sombra profunda,

vamos arrastrados, creyendo vivir y flotando en un sueño?

¿O bien somos los únicos vivos, cuando todo se hunde

en el abismo y la vida está muerta y muerto el mundo?

(“Los últimos griegos”)

 

La visita a la Hélade es testimonio de la compañía y lectura de Marguerite Yourcenar, cuyo libro La Couronne et la Lyre guió este recorrido de un profundo sentido histórico, pues estos epigramas “son de las más amargas certificaciones que tengamos de un fin de mundo”, en palabras de la escritora y académica francesa.

 

Francia

En este pasaje, además de una selección de poemas de Plantin, Bösquet, Prévert o Manset, ha traducido Castañón documentos complementarios. Así, al monumento de epopeya que es la “Crónica” de Saint-John Perse, se le ha acompañado de fragmentos de cartas que dan noticia de la vida interior de su autor. Otra carta traducida es la de Artaud a Albert Camus (nunca enviada), que constituye una reflexión sobre esa otra orilla del pensamiento y la percepción a la que navegaron Poe, Nerval, Nietzsche, Lautréamont, Van Gogh y el propio Artaud:

 

A fuerza de sufrir, de zozobrar en la demencia, de verse estupefactos por el automatismo de una masa que nunca tuvo otra fuerza que la bestial de su masa y de su peso, los genios también han cogido cierta ansiedad a fuerza de verse colgados, como Gérard de Nerval, perplejos, turulatos por su ponzoña.

 

Holanda-Portugal y otros lugares

La música ha dictado este recorrido a partir del álbum (cd) O Descobridor donde la cantante portuguesa Cristina Branco y el guitarrista y compositor Custodio Castelo interpretan poemas del holandés Jan Jacob Slahuerhoff (1898-1936), personaje circunspecto y profundo que pasó sus días de estudiante en Lisboa. Esta poco conocida obra poética, melancólica y solitaria, habla de la desolación del hombre errante que adopta el fado y las riberas del Tajo como sus centros de expresión.

 

Lisboa, antaño ciudad de ciudades

que arrastras el pasado hasta el presente

y confundes ruina y gloria.

He dejado que este espejismo me hechice.

Yo también he hecho conquistas y descubrimientos

para perderlo luego todo

y venir aquí

a las orillas de este río

a morir en la lentitud de su corriente.

(“III. O enjeitado II”)

 

Cuadernos del calígrafo concluye con un ensayo sobre el poeta persa Omar Khayyam (s. XI-XII), cuya obra ha sido atendida de diversas maneras entre nosotros por José Gorostiza, José Juan Tablada, Franz Tamayo, Borges (y su padre, Guillermo B.), Cansinos Asséns, Roy Bartholomew y Alí Chumacero.

Que la traducción, la recepción y la tradición (incluida la ruptura) son aspectos fundadores y sostenedores de la literatura lo sabe bien –y lo practica– el traductor al español del libro seminal de George Steiner Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción.[2]

 

IV

La feliz presentación editorial de Local del mundo en dos volúmenes independientes y complementarios invita de suyo a compulsar los textos. ¿Hasta qué punto es dable pensar que nuestro poeta encarna el espíritu de quienes tradujo en su propia obra? Inversamente, ¿cuánto de la sensibilidad poética de Castañón hay por fuerza en sus traducciones? Esta especie de ingestión sagrada y simbiótica recuerda el no lejano descubrimiento –referido en su momento por Castañón–[3] de un monje budista momificado, en cuyo interior se revelaron no órganos, sino manuscritos con sutras e inscripciones religiosas en preciosa caligrafía de caracteres chinos: imposible ya distinguir al ministro de su ministerio.[4]

Es como si en esta identificación el poeta hubiera compenetrado su propia obra, por ejemplo, con la poesía china en el arte del silencio y de la intemporalidad beatífica y, por otra parte, con la poesía griega en ese otro arte de hablar con verdad desde el presente sobre la situación de la ciudad, cuando dice:

 

No sé llevar bien las cuentas

Algo falla

No sé por ejemplo

Cuántos son cuarenta y tres…

O cuántos eran dos mil

[…]

Todos lloran por los desaparecidos,

Pocos se acuerdan de los que no desaparecieron

Y siguen ahí dando y tomando clases bajo la lluvia cruda

Y el calcinado sol

Entre la basura y la desesperación.

(“Antes I”, “Antes II”)

V

¿Qué es una cosecha poética? Una cosecha poética es la improbable recolección de frutos inmarcesibles. ¿Esta cosecha entraña motivos de satisfacción para el labrador? Estos motivos son los poemas mismos; y hay otra especie de felicidad al ver los frutos saboreados –deletreados– por su comunidad. Local del mundo es una como ofrenda enunciada en una “música intelectual y gobernada por el ritmo de un pensamiento que sabe atravesar sin dificultad las barreras idiomáticas”.[5] Constancia entonces de una paideia o conformación personal, universal y generosa, que sirve al lector de mapamundi; al escritor, por su rigor y libertad, de espejo de poetas; al idioma de mina de hallazgos que pondrá en circulación “el plumaje de las horas”, “las estrellas increadas”, “los canguros en el hielo”, “pesadas alas de tinta negra”, “desalientos apoyados en las ramas de los pinos” y “búsquedas de lo que no se recobra”; al río de la literatura, en fin, de un nuevo recodo, cascada o remanso para curarse o levantar, por qué no, una presa hidroeléctrica, irradiadora de la luz.

 

 

***

Adolfo Castañón, Local del mundo. Civismo de Babel, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2018, 124 pp.

Adolfo Castañón, Local del mundo. Cuadernos del calígrafo, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2018, 176, pp.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-339

[1] Texto leído en la presentación de Local del mundo en la XXV Feria Internacional del Libro Universitario en Xalapa, Veracruz, el viernes 4 de mayo de 2018 con Édgar García Valencia y el autor.

[2] George Steiner, Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción, FCE, Adolfo Castañón, trad., México, 1995.

[3] Adolfo Castañón, “Fernando Corona. El fuego en letras de molde”, La Razón, “El Cultural”, 27 de mayo de 2017. En línea: https://www.razon.com.mx/fernando-corona-el-fuego-en-letras-de-molde/

[4] El Universal “Hallan momia de mil años al interior de estatua de Buda”, lunes 23 de febrero de 2015, en línea: http://archivo.eluniversal.com.mx/cultura/2015/hallan-momia-al-interior-de-estatua-de-buda-1079471.html

[5] Palabras de Castañón sobre la poesía de Octavio Paz. “Octavio Paz: un premio para Estocolmo” en Adolfo Castañón, Tránsito de Octavio Paz, El Colegio de México, 2014, p. 644. También reproducido en A. C. Grano de sal y otros cristales, Universidad del Claustro de Sor Juana y Bonilla Artigas Editores, México, 2017, p. 214.

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