Hugo

Hugo

La Gualdra 331 / Río de palabras

 

Cada quien tiene una historia compartida, un recuerdo de lo vivido. Puedo contar la versión del hermano: jugamos a los luchadores con las máscaras de Blue Demon y Rayo de Jalisco… él aventándose de la litera para caerme encima y llorar para terminar la contienda. Puedo contar que me enseñó a andar en bicicleta, que me hizo encabronar y perseguirlo por toda la cuadra para ponerle una madriza. Puedo contar que de niño sí reía y hacía que yo riera con él. Puedo contar que me tusó el copete con unas tijeras, para que, según él, pudiera ver ya que yo tenía el pelo de cazuela.

Puedo contar que peleamos como todos los hermanos, que ponchó mi balón de futbol aunque no fuera su culpa. Puedo contar que me enseñó a torear las olas, a dar marometas en el pasto, a brincar más de tres escalones juntos, a patinar… aunque fue él quien se quebró la pierna.

Puedo seguir contando que nos volvimos jóvenes, por él conocí el rock y la rebeldía, las revistas porno y el hacer la “pinta” en la escuela. Puedo contar que jugó baloncesto y representó a su escuela, que era perseguido por las adolescentes y que sólo de una se enamoró.

Puedo contar que se convirtió en padre, de los mejores que conozco, que conoció el hambre, la falta de dinero, que trabajó en lo que fuera para salir adelante y lo logró. Puedo contar que vio crecer a sus hijas, que trató de ser el mejor ejemplo; que tenías que conocerlo bien para conocer su humor… pero de eso no quiero contar nada.

Él se fue. El día de su adiós regresaron los amigos a despedirse, a expresarle algo les dejó: un mensaje de aliento, un broma, un saludo grato, una palabra sincera, una clase de tauromaquia o una de basketbol, una canción, su historia, una enseñanza en cada renglón de su vida.

Sí, él no hablaba mucho. Yo digo que era escritor, no como yo ahorita; sus mensajes mostraron al mundo esa risa que faltaba en su rostro, ese enojo cuando algo le molestaba, esa alma noble cuando algo le conmovía. Eso quiero contar… que para conocer a Hugo se requería de amistad. Y que se fue.

Hasta siempre, Carna… hasta siempre.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-331

 

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