La tarea, dialogar, colaborar

La tarea, dialogar, colaborar

Desde hace más de 30 años, cada sexenio renacen las esperanzas de tener, ahora sí, un México mejor. Se suceden los periodos presidenciales y vemos que, en lo sustantivo, el país sigue igual o peor. Sufrimos porque únicamente apostamos al voto, como si democracia fuera únicamente ir a las urnas.
Pareciera que atribuimos al acto electoral poderes mágicos para que quien salga elegido presidente de la República resuelva, por acto de nigromancia, todos los problemas que, lejos de ser atenuados o desaparecer, se agigantan cada seis años.
A pesar de que las grandes dificultades de hoy pudieran verse como irresolubles en corto plazo, nos negamos a entender que urge cambiar de actitud. Queremos seguir haciendo lo mismo que hemos hechos desde hace más de 30 años. Montados en la apatía y la pasividad esperamos que alguien transforme la nación y solucione lo que ni siquiera hemos intentado resolver; mientras, las dificultades crecen, se multiplican y se complican.
Los mexicanos somos tan laboriosos que nuestra mano de obra tiene mucha demanda en Estados Unidos y Canadá, por ejemplo. Destacamos no solo como trabajadores manuales. En países desarrollados los mexicanos brillan. Hay muchos técnicos, científicos, investigadores, inventores, artistas de todos los géneros, humanistas, académicos, deportistas que destacan al más alto nivel en todo el mundo y también en organismos internacionales. A estos virtuosos, lamentablemente, a veces ni siquiera los reconocemos.
Nuestra grandeza también es espiritual. Hemos visto como las tragedias por los sismos de 1985 y de 2017 nos conmovieron pero también nos impulsaron a actuar con la más fuerte solidaridad, ya como rescatistas, voluntarios o donantes lo mismo de despensas, que de sangre, dinero o simplemente palabras de aliento.
Sin embargo, hasta ahora hemos sido incapaces de construir una nueva cultura ciudadana. Pensamos y anhelamos un México diferente, más justo y equitativo para todos, ¿pero qué hacemos para lograrlo?
Urge que cada ciudadano tenga consciencia de que para salir del tobogán de las crisis económicas, narcotráfico, violencia, corrupción e impunidad se requiere una sociedad participativa, organizada, comprometida en el objetivo de hacer entender a los gobiernos que el poder se ejerce en nombre del pueblo y para el pueblo, según dicta la democracia.
Son pocas las entidades federativas que están al margen de los atropellos y excesos del crimen organizado, el mayor de los flagelos que atormentan a los mexicanos, y tristemente Zacatecas no se cuenta entre ellas. Sin embargo, son alentadores los esfuerzos que el gobierno de Alejandro Tello realiza para reducir esa carga que, debe decirse, no podrá anularse de la noche a la mañana.
En este mismo espacio ya hemos hablado de acciones gubernamentales para prevenir y contrarrestar la delincuencia. Los resultados tomarán algún tiempo para reducir notablemente los índices de criminalidad, pero bajarán, sin duda alguna, si cada zacatecano hace lo que le corresponde.
Cada hogar, cada espacio escolar, de trabajo, de reunión o convivencia, debe ser la trinchera desde la que la ciudadanía eleve su voz, no para gritar ni vituperar, sino para dialogar y proponer; para pensar, crear y actuar en busca de soluciones.
El México actual ya no debe ceder parcelas al individualismo egoísta, la apatía, la exclusión ni la irresponsabilidad. En cambio, cada ciudadano debe convertirse en un agente de cambio, capaz de contribuir a eliminar los males que nos aquejan: miseria, desigualdad, inseguridad en sus variadas formas, injusticia, corrupción, impunidad, desempleo, violaciones a los derechos humanos, escarnios a mujeres, desconfianza hacia las instituciones, gobiernos, funcionarios y políticos.
El llamado de la historia es para transformar la nación desde todos los ámbitos municipales y regionales, donde habrán de crearse nuevas condiciones políticas y sociales y se alentará la formación de mejores seres humanos orientados hacia etapas en las que prevalezcan los valores de la democracia y la convivencia social.
Pensamiento, reflexión, diálogo, acción, solidaridad, tolerancia, libertad, dignidad, respeto, deben ser las herramientas de trabajo para forjar la nación y el Zacatecas que deseamos.
Sí, hagamos comunes las exigencias de justicia social, un bien cuya prevalencia es impostergable. La dignidad humana exige políticas públicas generadoras de empleos bien remunerados, suficientes para dar bienestar y tranquilidad a los trabajadores. También se precisa de un estado de pleno derecho, de educación de calidad y pertinencia, de órganos de impartición de justicia pulcros y eficientes.
Zacatecas, tierra de gente noble, debe reconocerse a sí misma en su grandeza y ser congruente con su fortaleza espiritual.
Pensar, dialogar, colaborar, proponer, innovar. Esta es la tarea para cada zacatecano.

*Titular de la Coordinación Estatal de Planeación

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