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La tiranía en el poder

La tiranía en el poder

■ Alba de papel

El ámbito de la cultura es también  campo propicio para escribir sobre la megalomanía  y el ejercicio del poder en ideas que no proyectos de desarrollo cultural, turístico y económico, que surgen como ráfagas en la mente de  autoridades y funcionarios de todos los niveles, quienes a lo largo de la historia, han elucubrado algo que se les ha ocurrido, omitiendo el sentido profundo de lo que significan  palabras como planeación y racionalidad, para llevarlo a cabo.

Visto por muchos como una estrategia mediática para ganar adeptos,  o como un distractor de los graves problemas de seguridad y delincuencia que aquejan al municipio,  con reclamos burlones de las redes sociales y de algunos  medios nacionales, debido al costo exorbitado de su construcción de 90 millones de pesos,  la pretendida edificación de la Virgen Monumental de 47 metros en el Cerro de San Simón en Guadalupe, se presta ineludiblemente a analizar el autoritarismo subconsciente que ha caracterizado al poder político mexicano de cualquier punto de su doliente geografía, aliñado con una ominosa omnipotencia que hoy tiene asqueado al pueblo de México.

Con  preocupación se observa en Zacatecas, una evidente falta de liderazgo en asuntos de cultura, turismo y economía, sesgados quizá,  por un trabajo interdisciplinario inexistente, ante  una planeación que a lo mejor, es letra muerta, porque no se ven canales de interlocución  para realizar proyectos que favorezcan el bienestar social de la población y que definan y fortalezcan un rostro propio.

El anuncio a bocajarro del presidente municipal de Guadalupe, seguramente preparado y magnificado por su director de cultura, es una clara muestra de desproporción y falta de sensatez política, que en su fina filigrana, encubre el  despotismo y la dominación a ultranza,  en un área altamente vulnerable como es el caso del sector donde se levanta el Cerro de San Simón, cometiendo asimismo, una grave omisión y falta de respeto a los proyectos de la sociedad civil que se han interesado por coadyuvar al rescate de este elefante blanco, sumido en el abandono desde su creación hace 15 años.

Construido en la administración de Felipe Álvarez,  con algunos visos de querer ponerlo en marcha en los gobiernos de Samuel Herrera, Clemente Velázquez, Mario Román y  Rafael Flores Mendoza se crearon talleres para las mujeres y los jóvenes que habitaban la Colonia Tierra y Libertad, uno de los fraccionamientos más marginados  y violentos de esta cabecera municipal, con la finalidad de desarrollar oportunidades de empleo y que el Cerro de San Simón se convirtiera en un mirados turístico con una virgen monumental de 35 metros y una capilla, como culminación de un proyecto social y cultural.

El sector que rodea al cerro,  de acuerdo a estadísticas de trabajo de campo, constituye uno de los polígonos más peligrosos con problemas graves de prostitución, delincuencia y  tráfico de drogas; tiene una población muy importante de jóvenes y madres solteras, de elevada vulnerabilidad que demandan atención e inserción inmediata en proyectos productivos que eleven su calidad de vida y tengan la oportunidad de contar con un oficio para seguir adelante y no caer en las trampas del crimen.

En 2007, hubo una iniciativa del entonces Instituto de Desarrollo Artesanal (hoy lamentablemente convertido en un apéndice de la Secretaría de Economía)  para habilitarlo y convertirlo en un Centro de Artes y Oficios que diera respuesta a esa necesidad y por razones de tiempo, formalizó algunos talleres que desaparecieron con el cambio del gobierno estatal.

No obstante, quedó el proyecto y se mejoraron las áreas de venta para los artesanos locales, los talleres de textiles, cantera, herrería y cerámica, así como un lugar destinado para el Museo de la Indumentaria Mexicana; había proyecto y comunicación interinstitucional con las secretarías de desarrollo económico, turismo y  educación, así como asesoría especializada de Fonart, del Centro Nacional de las Artes y de la Dirección de Culturas Populares de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, porque se pensó que la experiencia de Guadalupe, podría replicarse en el resto de los municipios de la Entidad.

Hoy el Cerro de San Simón es un cascajo con una silueta metálica de una virgen iluminada en pequeño formato, y un taller de ónix zacatecano truncado por la indiferencia de la autoridad, porque no contó con los servicios básicos de agua y luz para trabajar,  y al que dolosamente le han exigido que saque los equipos del espacio destinado,  porque su contrato de comodato  concluyó con el gobierno municipal anterior.

No han visto por supuesto, el afán ciudadano por mostrar con valor agregado, un mineral pétreo no metálico  como el ónix, que es representativo del Estado, que por años ha dado vida y trabajo a cientos de familias poblanas y goza del aprecio igual o más que el mármol de carrara en Italia, y hoy  como irreversible condena –pareciera-, miles de toneladas en bruto son vendidas a China, a precios miserables por particulares, ejidatarios y comuneros zacatecanos desprovistos de capacitación y maquinaria, ante el silencio de las autoridades.

Es obvio  que no tienen proyecto, sino ocurrencias fatales que prueban el abuso de poder y la represión ante cualquier intento de protesta o de reclamo por lo que legítimamente es un derecho ciudadano y el gobierno, cualquiera que sea,  está obligado a presentar a sus gobernados, su proyecto de trabajo, un proyecto inclusivo y social,  donde el común denominador sea, que la planeación lo signifique todo y pueda ser legitimado por la sociedad.

Una visión crítica del futuro sería preguntarse, sobre el rumbo de la política pública en Zacatecas, donde imperan la falta de congruencia y  sensibilidad para planificar mediante un sector regulador  que gestione y reflexione sobre el presente y el porvenir, que tenga perfil y experiencia, que gestione porque conoce sus necesidades y sabe del potencial de las distintas regiones del Estado.

El presidente municipal de Guadalupe, obró subyugado a su propia voluntad y al control del poder que ejerce, sin elementos ni generosidad social; estuvieron ausentes los secretarios de economía y de turismo que argumentaron no saber nada sobre este tema, con el agravante de que no conocen el territorio zacatecano, que trajeron a su propia gente para ocupar algunas de sus subsecretarías, cortando las aspiraciones de  mandos medios y otros zacatecanos  que esperan una oportunidad, y lo más grave, desconocen a fondo las necesidades reales de un bastión hundido por la apatía y la pobreza.

Erróneamente el Jefe del Ejecutivo Estatal, al inicio de su mandato señaló que no venía a administrar sino a gobernar Zacatecas, acaso, ¿Un proyecto social y político, en orden natural no requiere ser administrado primero y gestionado permanentemente?… Un gobierno eficiente sabe de la importancia de ambas porque la política  pública así lo exige.

Los ánimos se enervan en Zacatecas, se requiere calma, prudencia y justeza para decidir y cambiar el rumbo hacia lo que se aspira, es absolutamente posible.

Un abrazo fuerte a la comunidad estudiantil de la Universidad Autónoma de Zacatecas, y una felicitación a Rosita Franco, directora del Museo de Guadalupe, por la  enésima realización del Festival Barroco.

Ánimo y fortaleza para todos. ■

 

 

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