Editorial gualdreño 311

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Hoy inicia la edición 16 del Festival Barroco de Guadalupe, Zacatecas. Dicen que el amor no puede ocultarse y no cabe duda que cuando se tiene amor por lo que se hace se nota en todas las acciones que se emprenden. Lo digo por el tesón con que el equipo de trabajo coordinado por Rosita Franco hace las cosas; el profesionalismo y el compromiso con la comunidad se han manifestado a lo largo de estos años y hoy podemos decir que el Festival Barroco es uno de los más importantes en su género en todo el país.

Le he dado seguimiento a este festival primero porque soy una admiradora de las manifestaciones del barroco novohispano; el mundo de lo barroco es fascinante, las artes plásticas, la gastronomía, la literatura, la música y el teatro de la época son las huellas con las que podemos reconstruir el camino que ha seguido nuestra historia; son esas pequeñas pero significativas piezas de un rompecabezas del pasado que nos ayudan a comprendernos como sociedad en el presente. Y es que el barroco no sólo se relaciona con el arte, es una parte fundamental de nuestro ser y estar aquí -que ha permeado desde el siglo XVII una forma de pensamiento y de vida presente en la idiosincrasia del mexicano.

Digamos entonces que he sido consumidora de este festival desde que se inició, y por la mismo, he podido constatar cómo la gestión de los recursos se ha ido modificando. De sobra es conocido que los proyectos culturales no son una prioridad para quienes administran los recursos públicos; las autoridades federales, estatales y municipales responden a otro tipo de intereses que tienen que ver más con lo político que con lo relacionado a la difusión de la cultura y las artes. Pese a eso, el festival mencionado ha logrado sobrevivir a 4 gobernadores, a más de 5 presidentes municipales y a los recortes en cultura de 3 presidentes del país –recortes que han sido constantes, eso sí.

¿Por qué ha sobrevivido 16 años? La primera razón es porque la comunidad ha hecho suyo el festival; los habitantes de Guadalupe saben de la importancia de tener un museo como el que tienen, pero mejor aún: lo valoran, lo visitan y lo promueven; por lo tanto, un festival como éste contribuye a afianzar todavía más la identidad de los guadalupenses. La segunda, e igual de importante, es que la dirección actual del museo ha comprendido que una cosa es el puesto y otra muy distinta es el sentido de liderazgo que se puede ejercer desde él. El Museo de Guadalupe es un espacio vivo los 365 días del año, la misma Violeta Tavizón, colaboradora gualdreña y curadora del museo lo dice así: “Un museo ‘vivo’ es aquél que además de conservar y exhibir sus acervos, se compromete con la comunidad a su alrededor y ofrece diversas actividades que invitan a la reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro de las generaciones actuales”, y eso es lo que hacen en ese espacio museístico que debería, además, servir de ejemplo para la mayoría de los museos capitalinos, caracterizados actualmente y desde hace años por ser espacios guarda-acervos, muchos de los cuales son desconocidos y poco valorados por sus directores.

Por supuesto debo de aclarar que estoy generalizando; y asumiendo con responsabilidad el hecho de que las comparaciones son odiosas le presento sólo un caso: el Museo Zacatecano también ha procurado constantemente hacer que se genere esa reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro de las generaciones actuales, de ahí que permanentemente se promuevan actividades diversas orientadas a la promoción y conocimiento de sus acervos; cuida con esmero sus colecciones permanentes, selecciona minuciosamente sus exposiciones temporales, tiene actividades artísticas programadas durante todo el año, ha implementado un programa de visitas guiadas teatralizadas, e implementado proyectos de tecnología que incluyen la Realidad Aumentada. Por otro lado está el Museo Francisco Goitia, solo la mayor parte del tiempo, pese a la magnífica colección de arte mexicano que posee y a la belleza de sus instalaciones. ¿Verdad que el amor por lo que se hace se nota? Yo afirmo que sí y que además, la apatía y la falta de interés se notan más todavía. Por lo pronto, vayamos hoy al Museo de Guadalupe y celebremos 16 años de festival. Felicidades a sus organizadores.

Que disfrute su lectura.

 

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https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-311

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