Estado mexicano se ha construido a partir de la violencia contra los sectores sociales

Estado mexicano se ha construido a partir de la violencia contra los sectores sociales
Este lunes se efectuó el conversatorio titulado “Mirada retrospectiva; de Tlatelolco a Ayotzinapa”, organizado por el Spauaz ■ FOTO: ANDRÉS SÁNCHEZ

■ A finales de los 60 se generó una lucha social contra el avance del capital financiero: René Amaro

■ Probable, que en algunos años sea revelado que el gobierno planeó el ataque en Iguala al igual que en 1968: Hernández Santos

■ Silencio, calumnia, miedo, la leyenda negra, telón de fondo del caso Ayotzinapa, opina Morales Dueñas

El historiador René Amaro Peñaflores y los egresados del posgrado en Historia Marcelo Hernández Santos y Hallier Arnulfo Morales Dueñas, participaron ayer en el conversatorio titulado “Mirada retrospectiva; de Tlatelolco a Ayotzinapa”, en el que manifestaron la necesidad de “sostener la memoria y a partir de ello construir alternativas que permitan enfrentar el régimen político y económico”.

Amaro Peñaflores comentó que entre Tlatelolco y Ayotzinapa ocurrió la matanza del 10 de junio de 1961, la matanza campesina indígena de Aguas Blancas el 28 de junio de 1995, la matanza de indígenas de Acteal el 22 de diciembre de 1997, la masacre en Guerrero el 7 de junio de 1998, la embestida militar y policiaca contra los municipios autónomos zapatistas en junio de 1998, el movimiento de Atenco en 2001, hasta la matanza de Tlatlaya el 30 de junio de 2014 y la desaparición de estudiantes 26 de septiembre de 2014.

“Se trata de la emergencia de nuevos actores sociales con identidades particulares que reclaman sus derechos sociales y políticos en un régimen autoritario, corporativista, sustentado en un Estado-gobierno que niega sus derechos”.

Tras el agotamiento del Estado desarrollista a finales de los 60, dijo, los estudiantes se organizaron y enarbolaron una lucha contra el régimen político mexicano, pero también se generó una lucha social contra el avance del capital financiero.

Explicó que toda lucha social, luego de 1968, se inscribe en el proceso de globalización del capital que prevalece hasta la actualidad “como una especie de destino manifiesto. Entonces los movimientos sociales, estudiantiles, campesinos e indígenas, van abriendo brecha y realizando procesos de transformación”.

“Son luchas que no necesariamente subyacen en ella intereses económicos y creo que ahí estaría el movimiento social de Atenco, al margen que el régimen de Fox que les ofreció 7 pesos por hectárea para su proyecto de aeropuerto. Lo que está detrás de San Salvador Atenco son sus tradiciones y su tierra que lo define como pueblo”, dijo Amaro Peñaflores en el conversatorio realizado en el marco del Coloquio contra la Violencia y el Olvido organizado por el Spauaz.

Al tratarse de movimientos contra el statu quo, evidentemente el Estado tratará de reprimirlos y de ahí se explica que desde 1968, hasta ahora, es el Estado el responsable de todos los crímenes.

Por su parte, Hernández Santos señaló que el Estado mexicano se ha construido a partir de la violencia contra los sectores sociales que ponen en riesgo intereses del sistema político y económico, mientras que el suceso en el que se enmarca la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa tenía que ver con la memoria de la masacre de 1968.

“Se preparaban para colectar dinero que les permitiera costear el diesel para llegar a la Ciudad de México y conmemorar, recordar, a los caídos del 68. Aquí aparecen las coincidencias: primero la memoria de un acontecimiento, y ahora cómo Ayotzinapa ahora se convierte en una disputa por la memoria después de tres años”.

Aunque aún se debate si el Estado es el responsable de lo ocurrido en Iguala, es probable que en algunos años sea revelado que el gobierno planeó el ataque al igual que en 1968, aunque en esta ocasión para encubrir el trasiego de estupefacientes en el que el Ejército está involucrado.

“Seguramente la historia nos va a reafirmar dentro de algunos años que sí fue el Estado, que fue el responsable de una violencia que ellos llaman legítima pero que en realidad significa su supervivencia”.

A partir de la experiencia en la historia reciente de México, Hernández Santos cuestionó si los movimientos sociales están condenados a la derrota permanentemente o si estos representan una alternativa real de transformación social, ya que en otros países estos accedieron al Estado mismo.

En México, explicó, los movimientos sociales y los acontecimientos desde 1968 hasta ahora han permitido la construcción de una nueva cultura y una nueva forma de comprender las acciones que realiza el Estado contra la población.

“En esto me parece que sí hemos ganado. Respecto al 68 o Ayotzinapa, el Estado puede argumentar lo que quiera, pero la sociedad entiende perfectamente que fue el responsable en ambas acciones violentas. Hemos derrotado al Estado en términos de sostener una memoria que ha cobijado y no ha asumido el olvido como una política”, expuso.

Por último, Morales Dueñas se refirió a la trágica noche de Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014, en la que la sociedad “echó al traste” “la verdad histórica” que pretendió imponer el gobierno mexicano.

En ese momento, “miles y miles de habitantes dijeron ‘basta, no es posible seguir comprando un discurso tan elemental que nos dice que el horror que vivimos y padecemos cotidianamente es mentira’ y frente a eso la memoria es la respuesta organizada”.

Explicó que la memoria permite conocer, denunciar y aprender los abusos del mundo actual para evitar su olvido y naturalización, de forma que la memoria se transforma en una herramienta imprescindible contra la violencia que genera el olvido.

En ese sentido, enfrentar la violencia y el olvido es una tarea fundamental de la memoria, pues el Estado por tradición se ha caracterizado por ejercer un poder cuasi hegemónico con dominio natural en el aspecto político, económico y social.

En la actualidad, el Estado se distingue por una aparente convención que articula la capacidad coercitiva y la posibilidad de establecer consensos, visiones de mundo aceptables y explicaciones válidas, y por tanto el uso del poder estatal “se realiza bajo máscaras que simulan ser necesarias y que responden a nuevas formas de violencia que no son fortuitas, sino que tienen correspondencia con la forma de organización del poder político”, expresó Morales Dueñas.

Aludió a Walter Benjamin, quien planteó que la importancia de la memoria es apoderarse de un recuerdo que relumbra un instante de peligro, “entendiendo que tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo si este vence”.

“Tres años se cumplen de aquella fatídica noche donde estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, fueron atacados por policías, militares y narcotraficantes. Tres jóvenes fueron asesinados, tres heridos de gravedad y 43 desaparecidos. El telón de fondo, el silencio, la calumnia, el miedo, la leyenda negra””, concluyó.

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