¿Quién es México?

¿Quién es México?
Yael Flores. De la exposición "Por la paz, contra la violencia y el olvido", del Taller Central de Grabado, a inaugurarse el lunes 25 en el Teatro Calderón.

La Gualdra 310 / #FuerzaMéxico

Sí, quién, en singular, porque en días como éstos el país no es una masa amorfa, sino un individuo singular que busca un objetivo común. Inercia o verdadera solidaridad, no lo sé a ciencia cierta; pero me queda claro que la tragedia nos une, que el dolor es un motivo de cohesión muy poderoso. Yo no había nacido en el temblor del 85 pero escuché a la gente hablar de él, a mis padres –que no vivían en la Ciudad de México-, a otras personas que sí estuvieron ahí y coincidían en lo terrible que fue el suceso, así como en lo sorprendente de la reacción de las personas. Nunca habían visto al país tan unido, demostrando una hermandad que en días comunes sólo nos toca ver entre los hinchas que comparten la playera del mismo equipo.

Ahora, 32 años después, me toca, nos toca a una generación llamada Millennial, ver el mismo suceso repetirse, y digo el mismo porque son pocas las ocasiones en que la realidad funciona como la literatura, y ésta, desgraciadamente, es una de ellas. El sismo que acaba de cimbrar al país ocurre también un 19 de septiembre –igual que en el 85-, y de igual manera trae con él una ola de solidaridad y cohesión social pocas veces vista. Para que un símbolo funcione como tal debe usarse más de una vez –debe tener la capacidad de repetirse-; la historia, la realidad social acaba de construir un símbolo poderoso. ¿Pero de qué será referente este nuevo símbolo?, ¿de la solidaridad y de la unión del pueblo mexicano, de la mezquindad y la fanfarronería de la clase política, o del cinismo protagonista de los medios masivos de comunicación? Frente a este nuevo símbolo histórico el mexicano tiene la responsabilidad de construir referentes que mantengan la fortaleza no sólo en momentos de crisis generalizada, sino también en otras tragedias que no es que sean mínimas, sino que sólo conmueven a un sector de la población.

Pero así como hay semejanzas también hay diferencias entre ambos sucesos, 32 años no pasan en vano, y tal vez la más evidente es la fuerza de los medios de comunicación ciudadanos, las redes sociales han generado una nueva forma de ver y de actuar frente a las tragedias; basta echar un vistazo a la petición de Change.org donde se exigía al INE que el recurso para las campañas políticas se destinara a apoyar a los damnificados, la petición ya cimbró las madrigueras políticas y hasta hoy ya varios partidos se han tenido que pronunciar a favor de la propuesta ciudadana.

Tal vez una de las preguntas que más se han hecho en redes sociales desde que sucedió esta tragedia es por qué no se le dio la misma relevancia al sismo que sacudió –apenas unos días antes- los estados de Chiapas y Oaxaca, principalmente. Los factores son diversos, pero creo que dos son ineludibles, el primero es que el último sismo llega a cerrar con precisión simbólica una serie de eventos desafortunados, entre ellos precisamente el temblor del 7 de septiembre y los huracanes Norma y Max, que afectaron las costas de Guerrero y Oaxaca, además de varias ciudades al interior de la república. El segundo factor es precisamente lo simbólico del sismo del 19 de septiembre, no sólo que llega justo el día de su antecesor del 85 –luego de que en muchos sitios se hubiera conmemorado la tragedia con simulacros-, sino que arriba para ser la cereza del pastel en un país asediado no sólo por fenómenos naturales recientes, sino por políticos cínicos, asesinatos al por mayor, doblemoralistas seudodefensores de la infancia, un terrible feminicidio que lejos de provocar la solidaridad que infundió el sismo, generó una segunda ola de violencia discursiva contra el discurso feminista; además, de claro, un proceso electoral sucio y desgastante que se avecina para el 2018. El sismo del 19 de septiembre del 2017 es la culminación simbólica de una serie de tragedias que desgastan a un país hundido en la violencia que ejercemos a diario contra nosotros mismos. Cuántos otros temblores cimbran al país día tras día, si mantuviéramos la solidaridad y la hermandad frente a éstos tal vez ahora, que también conmemoramos la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ya sabríamos dónde están y qué pasó con ellos.

Hoy, por primera vez en muchos años, México se solidariza y se vuelve un quién y no un quiénes. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿quién es México?, ¿el solidario, el humanista, el rescatista?, o ¿el provocador, el violador, el hipócrita, el asesino?

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_310

 

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