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Morena: atrapada en sus laberintos

Morena: atrapada en sus laberintos

Hace tiempo había escrito que Morena tenía que atender tres elementos esenciales si quería convertirse en un partido que renovara realmente el sistema político y darle otro rumbo al país: (1) renovar su militancia con personas que vinieran de algunas formas de la participación social, y no sólo reciclara los viejos militantes de otras expresiones políticas; (2) pusiera en el centro de sus definiciones los asuntos programáticos y superara el vacío de la pura pragmática aritmética; y (3) consiguiera normalizar mecanismos democráticos y vida institucional interna en la toma de decisiones estratégicas del partido. De no cumplirse (al menos) estos tres elementos, no veríamos un partido en el cual pudiéramos depositar nuestras expectativas del cambio de rumbo deseado.

No podemos decir que nada de esto ha ocurrido. Creo que hay algunos ingredientes de renovación, pero tal vez no sea suficiente. El peso del reciclaje de vieja militancia es dominante, ¿modificarán sus prácticas o actuarán igual en su nuevo partido? Cuando se incorporen a puestos de elección popular, ¿cuáles serán sus comportamientos? Esto es, la exigencia de la renovación de la militancia es con el objetivo de crear una ecología de prácticas políticas no-viciadas. El origen de los militantes es un dato esencial. Tampoco es automático el pensar que todo el origen de los miembros determina el destino de las prácticas, pero en general así ocurre. Estaría bien hacer una medición sobre el perfil de los activos de Morena, que aportara un indicador a las  expectativas ciudadanas. Porque mucha de esa gente se incorporará a los espacios de gobierno en la próxima coyuntura electoral. Para ello era esencial detonar un agresivo proceso de capacitación de esa militancia, lo cual sólo se anunció y no se hizo.

En el discurso programático e ideológico ha dominado el centramiento en la corrupción. Pero siguen ofreciendo la idea de que eso se resuelve con gente honesta, dejado de lado los mecanismos institucionales para lograr contener este cáncer. En el Cámara han tenido algunos diputados destacados señalando casos como el de Lozoya; y casos así. Sin embargo, una cosa es cuando se es oposición y se está en abierta resistencia, y otra cuando se pasa a ser gobierno. Lo que me preocupa es saber qué puede ocurrir cuando sobrevenga lo segundo, ante un marco ideológico y programático ausente.

La vida democrática e institucional interna se ha visto cuestionada sobre todo en los momentos de la designación de candidatos. El caso del reciente conflicto en la Ciudad de México permite poner luz a un problema que en realidad es generalizado: las famosas encuestas son un misterio. No son actos públicos donde esté claro quién lo hace, con qué metodología y todos los elementos de transparencia que hacen de ello un acto realmente confiable. Eso se vivió en Zacatecas cuando con ese mismo mecanismo se impuso a David Monreal como candidato a gobernador, al igual que una cantidad enorme de candidatos para ese proceso electoral. Ahora el monrealismo reclama transparencia, pero en aquel entonces se negó a darla porque fueron los beneficiarios. Se revelan como demócratas según la ocasión. Si el señor Ricardo hubiera sido ungido por ese mismo procedimiento, ¿estaría pidiendo transparencia en estos momentos? Pero lo importante ahora es observar que es un caso que permite ver toda una estructura. Si no corrigen eso ya, se convertirá en motivo de conflictos irresolubles al interior. Los métodos confiables permiten resolver conflictos, y no tenerlos ardiendo ante la proximidad de la madre de las coyunturas (2018), ya que esto puede ser catastrófico para esta formación política.

Es evidente que mucha gente que actúa con la expectativa de desterrar al neoliberalismo del país voltea a ver a Morena, porque los partidos del Pacto por México están atrapados en la continuidad. No se ve que PRI-PRD-PAN impulsen cambios de modelo económico. La hipótesis es que Morena sí lo hará. Pero es una hipótesis. Y por ello la preocupación en torno a las capacidades reales de renovación que tiene este partido, por un lado; y las posibilidades efectivas que tiene de ganar. Sobre esto último es esencial revisar su política de alianzas. Veo que el polo de Jalisco (con Alfaro) está en conflicto. Y otros polos (aunque menos significativos)  sufren la misma condición. En la lucha electoral que viene, se requerirá de toda la fuerza cercana. Será un proceso encarnizado: si el grupo gobernante ve que el ascenso de Morena significará (por ejemplo) la retirada de la reforma energética, sabe que se estarán en riesgo intereses muy poderosos. Pelearán con todo. Por ello no comprendo la conducta de Morena en su política de alianzas, sobre todo en Jalisco. La coyuntura está encima y veo a Morena con enormes debilidades (por los tres rasgos que mencionamos arriba) y haciendo cuentas ilusorias (que explican su comportamiento con las alianzas). Es importante que ahora mismo sus principales liderazgos hicieran algo para amortiguar ambas cosas y no quedaran atrapados en sus propios laberintos.

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