Tinta para no llorar

Tinta para no llorar

La Gualdra 304 / Río de palabras

 

Como que nunca me he tragado el humo de un cigarro, dijo Personaje mientras los coches resumían el espacio y la oscuridad se remplazaba por la neblina. A lo lejos la conciencia advertía la llegada del amanecer, el sonido de aquellas máquinas de gasolina resonaba en su cabeza. Los párpados no respondían, en general estaba atrofiado, era como si hubiera anestesia en su cuerpo. Apenas la neblina se iluminó, el ruido de los motores empezó a espaciarse y sus dedos tuvieron la primera reacción.

Unas horas antes Personaje se preparó y al café de la esquina; libros, tinta para no llorar y cigarrillos. Ya en su asiento, le sirvieron tazas de tinta, con el slogan la casa invita, era lo que a ese sitio hacia interesante. Dos rondas más para dar debut a la velada, apenas y bebía el último sorbo cuando una nueva copa ya le esperaba. ¿Un cigarrillo para acompañar? Preguntó el que atendía la mesa. Personaje sacó un black devil del bolsillo y mientras lo llevaba a los labios repetía, como que nunca me he tragado el humo de un cigarro.

Personaje sólo se veía motivado por la tinta para no llorar, las noches de viernes eran lo que más le emocionaba y simulaba su alto deseo por la tinta acompañándose de algún grupo. Sin embargo, un mal día, cambiaron los planes a sábado. Pese a que no tenía compañía para justificar su pretensión, Personaje decidió ir a tomar, en viernes, como prefería. Al sentirse vacío se retiró; extrañado por la paz que le provocó el malestar de la tinta sin compañía, se dio a la tarea de indagar su contenido. El dueño le comentó que era una mezcla de té negro con lágrimas, según la leyenda, la proveniencia de éstas definía el estado de ánimo del sujeto. Pero algo era definitivo: nunca causarían llanto.

Durante la tarde del sábado, Personaje, se dio a la tarea de buscar lágrimas para combinarlas con sus tragos, específicamente, encontró la tinta de tus ojos. Provenían de un amor que le abandonó, un amor que le cortó las alas y se las regresó sin plumas, un amor que le partió el corazón.

Ya en el café, fumando sus black, acompañándose de la especialidad con tinta de tus ojos, llegó la media noche. Los cigarrillos se convirtieron más en devil. El inmobiliario desapareció y personaje bailó al son de la música. Dum tak, tak, dum tak, dum tak, tak, dum, tak y prosiguió. Se había convertido en un ritual de darbukas y corazones, que no paraban de sonar y Personaje no dejaba de bailar. Al terminar las percusiones el silencio lo envolvió, la oscuridad se remplazaba por la neblina. A media noche los devil se hicieron cómplices de la muerte y adensaron el humo de los cigarrillos; envolviéndolo en aquella blanca nube, poco a poco y entre cada inhalación sacaron su alma.

En la luminosidad sólo estaba la muerte besando la mejilla de Personaje y susurrándole -traga un poco- maliciosa, sabiendo lo que Personaje diría; está besándolo, le acercó una copa de tinta para no llorar con gotas de tinta de sus ojos.

Sin llorar apresuró el trago, brindó con la muerte y se percató de cómo la tinta de tus ojos emanaba de ella. El que atendía la mesa les prendió un cigarrillo mientras juntos repetían: como que nunca me he tragado el humo de un cigarro.

 

 

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