Espionaje ¿a quién le importa?

Espionaje ¿a quién le importa?

En estos tiempos en los que todos publicamos nuestra vida privada voluntariamente en Facebook; ahora que asumimos que nuestros contactos, nuestra correspondencia y hasta nuestras fotografías están en una “nube” que no sabemos bien a bien que es, pero nos hace sentir que nuestra información está a salvo, ¿qué sentido tiene alarmarse por el espionaje?

No hay ahora un insumo más importante para empresas, organizaciones, partidos políticos, negocios, etcétera que la información.

Teniendo la información correcta, se pueden definir elecciones, aumentar las ventas de cualquier negocio, diseñar artistas plásticos, destruir o construir la opinión favorable de un gobierno, crear una app exitosa, definir campañas de publicidad, etc.

En ese contexto, y con el argumento de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, el gobierno mexicano ha adquirido el equipo necesario que le permite espiar a quien se proponga.

Puede pensarse que si uno no está haciendo nada incorrecto no tiene por qué preocuparse por el espionaje. Pero no es algo incorrecto o que rompa la ley lo que busca quien tiene esas prácticas, sino algo que pueda serles de utilidad en una amplia variedad de formas.

Recientemente se detalló con precisión y base fidedigna, lo que ya sabíamos, que el gobierno federal espía a periodistas, activistas, miembros de organizaciones sociales y defensores de derechos humanos, a través del programa Pegasus que se infiltraba en los teléfonos celulares de las víctimas gracias a un enlace contenido en un mensaje SMS.

Entre las personas que recibieron este enlace, están gente del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustin Pro Juárez, del Instituto Mexicano de Competitividad, de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, además de los periodistas Carlos Loret de Mola, Salvador Camarena, Daniel Lizarraga y Carmen Aristegui, y el hijo de esta última, de nombre Emilio y entonces de 16 años de edad.

¿Qué información de interés para la lucha contra el terrorismo o el crimen organizado podría tener un estudiante de preparatoria? ¿Qué siniestra información buscaban obtener del hijo de una de las periodistas más incómodas del sexenio?

A través de la película de nombre Snowden, que da cuenta de la vida del ex espía estadounidense, Oliver Stone retrata como la información privada de una familia, y tan simple como el noviazgo adolescente de la hija de un banquero con un inmigrante ilegal, jugó un papel crucial para provocar el desequilibrio emocional y la pérdida de  atención de los negocios de parte de un padre, luego de que su hija se intentará suicidar por la deportación de su novio.

Es así, con información tan íntima y sin embargo con una relevancia que solo puede dimensional los directamente involucrados, que puede tomarse control de la gente que quizá no ha sido fácil de controlar a través del dinero o las amenazas.

Saber la orientación sexual poco aceptada, el lazo consanguíneo oculto entre dos personas, alguna foto vergonzosa en una fiesta, o en una borrachera, una relación de infidelidad, una llamada telefónica que se preste a mal interpretaciones (por sí misma, o con edición) o padecer una enfermedad con estigma social como el VIH, puede ser un arma muy eficaz pero muy ruin, para controlar a quien no ha cedido de otra manera.

A Julian Assange, genio de la informática que fue cuidadoso en no dejar huellas en el mundo digital, se le emboscó a través de una mujer con quien mantuvo una relación sexual consentida, que luego lo culpó de abuso sexual por haberse roto el preservativo.

El abogado de los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa sufrió un embate contra su credibilidad por una conversación sacada de contexto que mantenía con uno de sus representados.

¿Qué perdemos si los periodistas tienen miedo? ¿Que perdemos si los defensores de derechos humanos tienen que ocuparse de asuntos su vida privada alterados por la intervención gubernamental? ¿Cuánto puede golpear al trabajo de una organización el que la vida de su presidente sea del conocimiento de alguien a quien combate?

Por si esto fuera poco, debe recordarse que la información obtenida de espiar a estos personajes cuya labor es de interés público, puede facilitar en primera instancia amenazarlos, agredirlos, e incluso asesinarlos. Pues ya saben con esto la manera de emboscarlos, los sitios que visitan, las herramientas que utilizan, los horarios que acostumbran, etcétera.

Todo esto pudiera parecer un asunto que afecta únicamente a los espiados, pero su condición como tal se debe a que su trabajo tiene incidencia en la vida pública del país, y por tanto, lo que con ellos pase tendrá un efecto más allá de quién les quiere y les conoce.

Además de esto, el espionaje que difundió el New York Times la semana pasada tendría que enfurecernos a todos porque evidencia que nuestros impuestos están siendo usados para espiar no a los delincuentes, sino a los opositores, y que tal como en Estados Unidos el “petate del muerto” es el terrorismo, en México el crimen organizado y la famosa guerra contra las drogas no han sido más que un buen pretexto para ir en contra de quien incómoda y dificulta con su trabajo el saqueo de este país ■

 

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