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La alternativa ciudadana

La alternativa ciudadana

Las corrientes de indignación, violencia e injusticia atraviesan nuestro país y pareciera que se han apoderado de él. La delincuencia organizada, en cualquiera de sus dimensiones, no es un fenómeno imposible de evitar. Es imperante un cambio de paradigma, a partir del cual se desarrolle una nueva lógica institucional y social a favor de la seguridad humana, que sobrepone a la lógica imperante de seguridad nacional, cuyo eje gira en torno en la seguridad del individuo y su comunidad.

Son cuatro los factores en la expansión de la indignación: el desempleo juvenil; la insultante desigualdad, pocos muy ricos y muchos muy pobres; la revolución de la mentalidad y las telecomunicaciones; así como la corrupción y mediocridad de los resultados, debido a la pérdida de fuerza del Estado.

¿Qué hacer frente a lo que ha sucedido? ¿Hasta cuándo la impunidad seguirá siendo la norma? ¿Qué hacer cuando la propia sociedad no alcanza a inventar su propio papel de control frente al poder?

Esto no quiere decir, que habitemos en una nación fallida, tenemos un Estado debilitado, pero la fortaleza de la nación radica en su sociedad y sus instituciones. La debilidad institucional ha permitido que otros avancen.

Los movimientos revolucionarios han perdido vigencia ante el nuevo contexto internacional, para transformar el entorno los ciudadanos participativos necesitan aprender a leer el mundo que los rodea.

La soberanía requiere de un Estado legítimo con el poder para decidir las reglas en el territorio. La legitimidad del Estado la otorga la sociedad organizada cuando un sistema es justo. Ante la realidad que vivimos, llegó la hora del ciudadano participativo, consciente y autónomo.

En el desarrollo de la sociedad, el Estado es un actor más que participa y coordina las Instituciones Gubernamentales, sin embargo se propone una alternativa que alienta a la ciudadanía organizada a realizar por sí misma lo que nadie hará por ella, cuya práctica se centre en los valores cívicos con la participación consiente de los ciudadanos.

Es importante volver a la definición clásica de Aristóteles: ciudadano es aquel que participa de manera activa en el gobierno. La ciudadanía no se concede en función de la edad o el origen de las personas, muy por encima del reconocimiento legal, la calidad de ciudadano no se otorga: se gana a través de la participación cotidiana, organizada y autónoma respecto del Estado. No se es ciudadano para participar, es preciso participar para alcanzar la ciudadanía.

Se trata de pasar de los individuos que sólo votan, a la construcción de ciudadanos que participan se organizan y gobiernan,  que ejercen el poder, pero no por el poder mismo, sino a favor de metas esenciales como consolidar las instituciones, el progreso sustentable, la soberanía y la justicia.

La alternativa ciudadana debe fortalecer el régimen institucional por encima de facciones o caudillos. Es necesario que la participación fluya desde abajo para romper con un sistema en el que los asuntos centrales se imponen desde arriba. En la sociedad participativa la agenda se establece a partir de temas que rigen la vida cotidiana de las personas, las circunstancias familiares, el futuro de los hijos, la disponibilidad de agua, la calidad de la educación, la seguridad, la pavimentación de calles, construcción de viviendas, los parques de esparcimiento y bibliotecas públicas.

La participación organizada provoca vínculos profundos entre vecinos, se convierten en compañeros y reflexionan juntos en torno a problemas comunes, conforman sus propias iniciativas programáticas y comparten batallas.

Este trabajo es un medio muy poderoso para construir un blindaje social, que construye entendimiento y confianza mutua. La alternativa ciudadana, no supone la creación de espacios de trabajo colectivo para alcanzar beneficios privados, en cambio, trasladar energías individuales para alcanzar las tareas comunitarias.

Ante la realidad inestable, es momento de cambiar, transformar y construir un destino compartido de inclusión y paz. En esta nueva visión del desarrollo, la alternativa ciudadana es la mejor opción para mejorar nuestro entorno, entre más nos tardemos en entenderlo, más tardaremos en iniciar, más tardaremos en llegar a la meta, serán insuficientes los esfuerzos, mayor será la indignación, violencia  e injusticias. La clave se centra en la alternativa ciudadana, no en los habitantes comunes y corrientes, si no en el Zacatecas de ciudadanos, y ese lo debemos construir todos. ■

 

*Titular de la Coordinación Estatal de Planeación

 

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