Marichuy: candidata indígena. Crítica a las élites y enjambre plebeyo

Marichuy: candidata indígena. Crítica a las élites y enjambre plebeyo

a Betty Vázquez

 

¿Por qué María de Jesús Patricio Martínez (Marichuy) hace ruido nacional a su arribo como candidata a la presidencia de la república, si casi nadie la conoce? La lógica electoral consiste en posicionar la imagen de un candidato antes de lanzarlo al ruedo y, claro está, debe ser conocido por un porcentaje mínimo de votantes. En este caso no lo es. Y sin embargo sí impacta porque representa de manera auténtica no sólo a un sector de la población que ha sido marginado, sino también una crítica brutal a la forma de hacer política en el país. Representa la crítica. Contra la apropiación del Estado para enriquecerse, a los contenidos de las políticas públicas que han empobrecido a los mexicanos y generado brechas extremas de desigualdad, a una clase política que sin importar el color se ha comportado de manera muy similar, y a la indiferencia respecto a lo antes dicho. Crítica también a la propia izquierda mexicana que perdió toda brújula: sin programa, pragmática y burocratizada. Así, es una candidatura muy incómoda. Representa también el rostro de los efectos de la política nacional: la pobreza perpetua y la marginación del propio pueblo. Y la crítica encarnada en una candidatura viene de los pueblos indios, justo los más maltratados por el olvido. Por ello esta candidata hace ruido, porque es vocera de aquellos que han sido dañados por la clase política mexicana: les han robado las oportunidades, despojado de sus riquezas naturales y omitido su participación. Es un vocera.

Así, su actividad puede tener un impacto mayor en el cambio del sentido común del pueblo de México que en los resultados electorales inmediatos. El sentido común es el que guía la percepción de todos nosotros, determina lo que vemos como problemático, como valiosos, como urgente y, además, lo que nos mueve a la acción. Ahora mismo, el Estado está en manos de las élites, y lo está porque han ganado la hegemonía en la cultura política del país (el sentido común). Una población desencantada, individualizada, y sin programa, es pasiva. Dar la batalla en el terreno de la hegemonía de la cultura política implica hacer que el sentido común vea que SÍ hay salida, que la marginación es un problema grave y que sólo la acción colectiva desde abajo puede cambiar las cosas. La esperanza es la raíz de la rebeldía. Los indígenas harán una campaña no para prometer que ellos resolverán los grandes problemas nacionales y que por eso votemos por ellos. Sino harán una campaña para decirnos que si no hay organización del pueblo y contenidos de políticas progresivas, las élites seguirán como hasta ahora. Marichuy nos dará la voz de la multitud desahuciada. Pero una voz que puede construir enjambre plebeyo.

Los actores de la izquierda electoral han proferido palabras de preocupación. Hay quienes ven la oportunidad de quitar al PRI del poder y cambiar la lógica neoliberal en la conducción del Estado en México. Y al cambiar esto, poder acceder a políticas más igualitarias, emulando los resultados en países como Ecuador o Bolivia. Lo cual está bien que ocurriera. Además, ven en la candidatura de Andrés Manuel esa posibilidad. Otra parte de la izquierda no quiere más que aliarse con la derecha para seguir reciclándose en el poder. Con esta última, que se encarna en los Chuchos del PRD, ni siquiera vale la pena debatir, son peor que lo mismo. Con la primera, en cambio, sí es importante dialogar. Así, para empezar, Morena deberá posicionarse respecto a la crítica ejercida por la candidata del Congreso Nacional Indígena; lo cual significa definirse sobre la ley de los derechos indígenas y sobre una serie de temas que Marichuy pondrá en el tapate del debate. Esto significa que si Morena logra asumir y procesar correctamente esa crítica, podrá aspirar a contar con el voto de los simpatizantes de Marichuy. Si por el contrario la atacan con el enloquecido señalamiento de que son parte de manipulaciones del PRI o de la mafia del poder, entonces se revelará como la continuidad de esa izquierda que abandonó las causas indígenas desde 1997. Si Morena asume la crítica y actúa en consecuencia: define una agenda de temas entre los que están las causas de los indígenas y la población pobre y marginanda, y por lo cual las partes más pragmáticas de Morena quedan disminuidas; entonces, eso será una primera victoria del esfuerzo de la candidatura indígena. La lucha por la hegemonía de la cultura política habrá tenido sus primeros efectos. Esto no significa que Marichuy negocie o haga alianza, eso no ocurrirá. Y no va a pasar porque no está en realidad en la lucha por votos para ganar la presidencia. Es importante entender de qué se trata esta atípica iniciativa política.

Los equipos de campaña de Marichuy juntarán firmas para lograr la candidatura independiente, dialogarán con actores sociales, generarán algunas incomodidades y pondrán en el tapete los temas poco tratados o conducidos con demagogia. Removerán el actual sentido común de la política nacional. Su enorme autoridad moral será su arma de lucha para hacer de su actividad una araña que teja un enjambre plebeyo. Bienvenida esta iniciativa política.

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