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Doble rasero

Doble rasero

Como lo hemos dicho ya, en tiempo récord, el descontento social de uno y otro sector se fue acumulando en el poco tiempo que lleva en funciones el gobierno actual.

La razón es comprensible. La visión numérica, chata, contable, gerencial incluso, de asumir que todo se entiende en cuestión de ingresos y egresos ha irritado a la mayoría, y ha causado el arrepentimiento de la minoría que creyó que diferente necesariamente era mejor.

En ese tenor, a nadie sorprende que la semana pasada se haya llamado a los trabajadores del Colegio de Bachilleres del Estado de Zacatecas (Cobaez) para llamarlos a firmar su resignada aceptación de que dejaran de percibir una compensación que para muchos significa el 40% de su salario.

Menos sorprende aún luego de las reiteradas ¿amenaza, advertencias? del gobernador del estado, primero de cerrar el subsistema educativo por sus problemas financieros, y luego, de cuando menos renegociar el contrato colectivo de los trabajadores que integran este sistema escolar.

Tampoco  sorprendió que el uso de la policía estatal fuera la primera reacción cuando el sindicato del Cobaez exigiera el pago de la segunda emisión de su aguinaldo. Sorprende que reciba a un diputado local, de su propio partido, con los mismos granaderos, cuando el legislador encabezaba una marcha social pacífica de la asociación a la que pertenece, para exigir que la secretaria de Gobierno lo atendiera.

Por esa misma razón, sorprendió que al bloqueo que trabajadores mineros hicieron en la carretera federal 45 para demandar la eliminación del llamado Impuesto Ecológico, se respondiera con negociación y tolerancia hasta por 12 horas, pese al daño social generado, a la afectación en el servicio del aeropuerto, a que quedaron varados vehículos de transporte con alimentos perecederos y a que se impidió el libre tránsito entre las dos ciudades más importantes del estado.

Incluso, cosa que no se ve todos los días, se respondió a la manifestación cediendo de alguna manera, con un llamado decreto gubernativo que buscaba garantizar que no se perjudique a los trabajadores de las empresas mineras en la parte correspondiente a las utilidades que según decían los manifestantes, se vería afectada por el Impuesto Ecológico.

No hubo ningún trato similar a la demanda de disminuir el impuesto a infraestructura y las otras imposiciones con las que se castigó a los propietarios de vehículos automotores a pesar de las reiteradas y fuertes manifestaciones que se dieron a principio del año.

Al repudio social que se ha despertado, y los señalamientos de mal gobierno que se están haciendo para esta administración que está por cumplir cinco meses en el cargo, se ha intentado responder con una imagen de firmeza, y decisión propias de un gobernante a quien no le pesa tomar decisiones impopulares a corto plazo, pero que traerán beneficio a los zacatecanos en unos cuantos años.

Esto se vuelve muy difícil de sostener en principio por los constantes pero selectivos devaneos que hemos visto en estos meses. Pero también porque en otros momentos se ha tomado decisiones de escasa simpatía popular con tal de agradar a esos intereses económicos de los que hoy pretenden desmarcarse. Así sucedió cuando se respaldó las acciones de desalojo y demolición en Salaverna, o cuando se rechazó que una zona del semidesierto zacatecano fuera declarada zona natural protegida para disgusto de las empresas mineras. Luego de todo eso, ¿cómo creer que hay una política estatal dispuesta a entrar en conflictos comerciales internacionales con tal de hacerle cara al rapaz negocio de las mineras?

Este gobernante, fajado y dispuesto a pagar el costo político de sus decisiones que se niega a ceder frente a los medios de comunicación que le reprochan el recorte al presupuesto destinado al gasto en publicidad, desaparece cuando se trata de sostener la declaración, -sospechosa y fuertemente publicitada de- que las empresas mineras habrían ofrecido hasta cinco millones de dólares a cambio de eliminar el impuesto ecológico. Apenas la prensa de la fuente preguntó detalles al respecto, se reculó y admitió que había sido una declaración descuidada y se dijo que no había ningún elemento para hacer tal afirmación.

En tiempos en los que el populismo barato está tan de moda, y gana espacios con tanta facilidad, a nadie le caería mal un gobernante que cumpliera hasta sus últimas consecuencias sus promesas de no gastar un solo peso en lo que considera gasto inútil.

Sin embargo, todo esto se desdibuja cuando hay noticias que para el pago de parte de la nómina del equipo Barreteros hay dinero público, y si no, el gobernador se da el tiempo para hacer las gestiones necesarias para que ese problema esté resuelto.

Ojalá el Cobaez, y otras entidades de servicio público tuvieran ese mismo privilegio.■

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