La audacia de crecer

La audacia de crecer
Podemos o no estar de acuerdo con el presidente de Estados Unidos, coincidir en que es un racista y un misógino, pero es el presidente que los norteamericanos, en un sistema democrático, eligieron, dice el autor ■ foto: la jornada zacatecas

Una de las características del adulto es la capacidad de ser responsable, de asumir las consecuencias de sus actos y afrontarlas con seriedad y madurez. El niño, por el contrario, no dudará un segundo en culpar a su compañero de juego con tal de que su madre no le reprenda por su travesura, el niño proyecta hacia los otros sus fallas y es incapaz de ser responsable; pero es un niño, alguien que debe crecer y madurar, que debe aprender a asumir con responsabilidad su vida y sus acciones.

En nuestro país hemos vivido días difíciles, los reflectores se han dirigido hacia todo aquello que tiene que ver con las decisiones que toma el recién llegado a la casa blanca de los Estados Unidos. Es cierto que en un mundo globalizado como el nuestro y siendo vecinos geográficos y comerciales, dichas decisiones tengan repercusiones en nuestra seguridad y economía. Pero resulta también sorprendente cómo los medios de comunicación, especialmente la televisión, han creado en torno a estos sucesos una verdadera telenovela, llena de dramatismo y emoción.

La gran mayoría de los presentadores de noticias parten del presupuesto de que los televidentes somos tontos y entonces hay que darnos las noticias de una manera digerida, explicada con palitos y rayitas; y sobre todo, con emoción y dramatismo, para que sea recibida por los ingenuos mexicanos. Mesas de diálogo, análisis de politólogos, opiniones de líderes políticos y sociales, todos se suman a la presentación de estos hechos en torno a las negociaciones entre ambos países y el encuentro fallido de los dos presidentes.

En pocas horas se ha gestado, gracias a los medios de comunicación,  un sentimiento nacionalista en torno al presidente de la República, la mayoría de las voces coinciden en que es el momento de unirnos por México y apoyar a nuestro líder, para poder hacer frente a las terribles amenazas que vienen del exterior. Es momento de unidad, dicen, de dejar de lado las diferencias y respaldar a nuestro otrora repudiado señor presidente de la nación.

Sin duda que esto es necesario, pero no podemos seguir culpando a fuerzas extranjeras de nuestras crisis y problemas, no es posible seguir proyectando al exterior nuestros errores como nación. Podemos o no estar de acuerdo con el presidente de Estados Unidos, podemos coincidir en que es un racista y un misógino, pero es el presidente que ellos, los norteamericanos, en un sistema democrático, eligieron. En su primer discurso como presidente dijo que su país sería  primero, eso, me parece, es lo más lógico y sensato que cualquier presidente de un país puede decirle a sus ciudadanos. Pero no podemos seguir dependiendo de las decisiones de otros, no debemos seguir culpando a nuestro compañero de juego con tal de salvarnos del castigo por nuestra travesura.

Ha llegado la hora de crecer, de madurar, de hacernos responsables por nuestros actos y asumir las consecuencias de los mismos. Es tiempo de que los ciudadanos juguemos un papel más activo, informándonos con seriedad, contrastando opiniones y formulando la propia; es tiempo de exigir a nuestros representantes, a los que llegaron al puesto que ocupan gracias al voto de la mayoría, que hagan su chamba. Que el presidente de la nación y su equipo de colaboradores haga su tarea, que la diplomacia continúe, pero que no se quiera culpar de nuestras crisis económicas y sociales al presidente del vecino país del norte.

Que los legisladores hagan su trabajo, que pongan en primer plano los intereses de México y no los propios y los de sus partidos. De nada sirve que porten playeras en contra de Trump o que extiendan mantas en el senado en rechazo a la construcción del muro o que rompan una piñata con la imagen del presidente norteamericano, esos son juegos mediáticos. Lo que necesitamos es que se pongan a trabajar, que creen consensos en torno a los reales interés del país, que se construyan las condiciones para que México aprovechando la inmensa riqueza que posee se convierta en un país independiente y próspero. Que sacudiéndonos la corrupción e impunidad, anclas del desarrollo, despeguemos hacia horizontes más positivos y prometedores. ■

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