Jano

Jano

“Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos; íbamos directamente al cielo y nos extraviábamos en el camino opuesto.”

Charles Dickens, Historia de dos ciudades.

Jano, el dios griego de dos caras, de las puertas, de los inicios y de los finales, a quién está dedicado el mes de enero, se ha hecho presente simbólicamente a través de los acontecimientos que vivimos el 20 y 21 de este mes, mostrando a su vez, las dos caras de la democracia actual: la de la decepción y la de la esperanza, que también son, me atrevo a considerarlo, un fin y un inicio.

El 20 de enero, como todos sabemos, tomó protesta como Presidente de los Estados Unidos de América, otrora ejemplo democrático en el mundo, Donald J. Trump, cuya figura es el rostro que hoy representa la crisis de la democracia liberal en nuestros tiempos. Al día siguiente, una histórica cadena de protestas alrededor de todo el orbe libre, encabezadas y principalmente integradas por mujeres descubrió la otra cara de esta crisis: la fuerza cívica, el valor más importante en toda democracia.

Ante la duda expuesta por constitucionalistas y politólogos sobre qué tan capaces serán las instituciones del entramado jurídico-constitucional angloamericano de responder a los excesos y vicios del nuevo Jefe de Estado, ha respondido el más importante elemento de los Estados Constitucionales Democráticos modernos: su sociedad civil. El diario global El País, describía así el momento: ha nacido un contrapoder.

Las llamadas #WomensMarch, inspiran esperanza, pero sobre todo, describen mejor que cualquier elección a la democracia. En la llamada era de la “posverdad”, en la que con cierto cinismo se niegan datos concluyentes, las mujeres, en su mayoría, de un numeroso contingente de personas  han salido a demostrar que los principios están más allá de esa “capacidad” para negar los hechos incontrovertibles.

Habrá que retornar a la historia de las libertades para comprender este ánimo esperanzador. La libertad y los derechos no nacieron del Estado, se le arrebataron y se le obligó a fuerza de lucha social a respetarlos e incluso garantizarlos. Que los mecanismos democráticos para evitar que liderazgos que nieguen este espíritu estén fallando, no significa que la batalla esté perdida, es un nuevo llamado a la resistencia.

Ninguna Constitución, por avanzada, rígida y protectora que sea, será nunca tan fuerte como el pueblo del cual surgió. Las muestras que han dado millones de personas (sí, millones), en el país insignia de los valores liberales en occidente, son la más clara prueba de ello.

El progresista líder histórico Barck Obama (se asumen diferencias, claro), nos recordaba, en su último discurso en Chicago: “Es la insistencia de que estos derechos, pese a ser evidente, no se implementan solos. Que nosotros, el pueblo, a través del instrumento de nuestra democracia, podemos formar una unión más perfecta. Qué idea tan radical, el gran regalo que nos dieron nuestros fundadores. La libertad de perseguir nuestros sueños individuales con nuestro sudor y fatiga e imaginación. Y el imperativo de luchar juntos también para lograr un bien común, un bien mayor. (…) la democracia no requiere uniformidad. Nuestros fundadores discutieron, pelearon y eventualmente se comprometieron y esperaban que nosotros hiciéramos lo mismo. Pero ellos sabían que la democracia requiere un sentido básico de solidaridad. La idea que pese a nuestras diferencias externas estamos en esto juntos y nos levantamos y caemos como uno.”

Finalmente: la crisis de la democracia actual no es sino la consecuencia de lo que las generaciones actuales, otras detrás nuestro y también algunas delante, hemos dejado de hacer. Cierto es que cada día hemos tenido más que ocuparnos de nuestras condiciones básicas de supervivencia y bienestar, pero no hace mal recordar que todo ello es, sino imposible, mucho más complejo y difícil en un sistema sin libertades ni instrumentos para reclamar y hacer valer derechos, todos ellos, engranajes del gran conjunto de mecanismos, procesos, fenómenos y revoluciones que forman la democracia.

Cierro esta reflexión, apoderándome de una crítica que hace Obama en esta lección de valores y principios, en el citado discurso: “nuestra democracia se ve amenazada siempre que la damos por sentado. (…) Así que, ya ven, eso es lo que exige nuestra democracia. Te necesita. No sólo cuando hay una elección, no sólo cuando tienes un interés estrecho en juego, pero durante todo el lapso de una vida. Si están cansados de discutir con extraños en Internet, traten de hablar con uno de ellos en la vida real. Si algo necesita arreglarse, a continuación, aten sus zapatos y hagan algo de organización. Si están decepcionados por sus funcionarios electos, agarraren un tablero de clip, obtengan algunas firmas, y compitan para el cargo ustedes mismos. Acudan, sumérjanse, permanezcan en ella. A veces ganarás, a veces perderás.” ■

 

@CarlosETorres_

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