El poder político que trump busca Recuperar

El poder político que trump busca Recuperar

■ Palíndromo

El poder ha venido transformándose, basta con leer las primeras hojas del libro “El fin del poder” de Moisés Naím, para darse cuenta, como lo dice el autor que “el poder se está dispersando cada vez más y los grandes actores tradicionales se ven enfrentados a nuevos y sorprendentes rivales”.

Agrega entre ejemplos que el poder no ha desaparecido ni que no existan personas que lo posean, señala entre ellas al cargo del presidente de Estados Unidos, pero acota que el poder es menor que el que se tuvo en ese cargo en tiempos pasado.

Y efectivamente, como lo escribió Naím en este libro publicado en 2013, hay  nuevas fuerzas, grupos y mecanismos que han hecho que el poder se degrade, se disperse y se transforme, haciendo que los el poder sea menor o menos efectivo o con mayor dificultad o restricciones para ejercerse.

Retomamos estos elementos del libro, porque la llegada de Donald Trump, desde un punto de vista politológico se observa como la búsqueda concentrar el poder en las estructuras o figuras tradicionales.

El caso de Trump y su manera de buscar, obtener y comenzar a ejercer el poder, más allá de los temas económicos que no son menores y que también son muestra de esa búsqueda de concentración del poder, del comportamiento racista que a nivel mundial preocupa, también es relevante en el análisis de la dispersión y degradación del mismo.

Ante la ignominia de que un personaje  xenófobo y racista llegara  a la presidencia de los estados Unidos,  Trump confirma lo dicho en campaña y arremete contra uno de los principales logros de la administración de Obama. A manera de manotazo sobre la mesa,  firma la orden ejecutiva con la que comienza el desmantelamiento del llamado Obamacare.

Más allá de las repercusiones en materia de salud, tiene un significado  en el ejercicio del cargo, es decir, el poder no se comparte, frente a él, la postura o influencia de los ex presidentes es nula, no hay más poder que el que él ejerza.

Trump está en la búsqueda de volver a la centralización del poder, no comulga con la transformación que ha sufrido el poder y ha dejado en claro su intención de retomarlo de forma exclusiva.

Contrario a su discurso de toma de protesta en sus acciones previas a asumir el cargo, ha dado muestras de que ejercerá una presidencia bajo el estilo del dictador. Y es que bajo un trastorno narcisista, es claro que Trump considera al pueblo menor de edad, la promesa de devolver al “pueblo” el poder, es a todas luces irreal dado el grado de soberbia y arrogancia que ha mostrado.

Si analizamos casos como el de Ford, en el cual se ha señalado que la empresa automotriz recibió presiones del actual mandatario estadounidense para no instalarse en México e invertir en mejorar las plantas en territorio norteamericano, es un ejemplo fehaciente de que en un proceso globalizador de la económica, donde los grandes capitales han incrementado su poder en la toma de decisiones, Trump pretende ir contra corriente y enfrenta su poder político contra las fuerzas del mercado.

Es ni más ni menos la disputa del poder para centralizarlo. Las decisiones, incluso las económicas se toman en el poder político, no en el mercado. Su postura proteccionistas es la riña por recuperar parte de la dispersión del poder que se fue trasladando a las grandes empresas.

Pero además los señalamientos del mandatario estadounidense efectuados contra grupos minoritarios es también el regateo de la presencia y poder que han ido adquiriendo con el tiempo, de la visualización de sus necesidades y de su búsqueda de colocar su agenda en el panorama político. Preocupantemente, vislumbramos que la agenda política y la agenda pública ya no será impulsada por los grupos sociales, la agenda será la que el inquilino de la Casa Blanca decida.  Auguramos una regresión del poder ganado por la sociedad civil.

De igual forma, si el poder del más fuerte se fue transformando bajo una óptica en la que se veía una mayor responsabilidad ética en el poder, bajo el mandato del republicano, se observa que la ley del garrote privará como política de estado.

Ante las amenazas que representa el modelo del ejercicio del poder de Trump, será fundamental la lucha que dé la sociedad civil organizada, medios de comunicación, actores políticos, instituciones, entre otros,  no sólo al interior de Estados Unidos, sino también en el exterior, para  defender los espacios de poder ganados, su participación en la definición de la agenda política, el respeto y reconocimiento a derechos, garantías de seguridad y libertad, etc.

Si el poder como lo dice Naím se ha dispersado y transformado, esos actores sobre los cuales ha recaído deberán defenderlo en la pretensión de que personajes como Trump encuentren un límite y un equilibrio. De no ser así, la historia la historia ya ha registrado un sin número de casos lamentables.

Ante la expectativa de las definiciones de la política exterior mexicana para defender al país y a los mexicanos ante los embates de Trump, nos leemos en la próxima colaboración de Palíndromo,  de izquierda a derecha y viceversa. ■

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