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2017: a cien años, por qué conmemorar

2017: a cien años, por qué conmemorar

La Gualdra 276 / Historia / Constitución 100 años

Este año se conmemora la Constitución de 1917. Una constitución liberal, porque avaló los principales derechos otorgados para el ciudadano por las constituciones anteriores (no sólo la de 1857) que se fraguaron desde 1812 y durante el siglo XIX y una constitución social, eminentemente social, resultado de la Revolución Mexicana de 1910. Los últimos cien años de nuestra vida pública e institucional en México han sido regidos por aquel código firmado el 5 de febrero de 1917.

Una serie importante de eventos políticos, actividades académicas y cívicas nos volverán a reunir este 2017, unos lo mirarán en pos de 2018 para las elecciones presidenciales, otros lo tomarán como referente para pensar en su propia constitución como los asambleístas de la Ciudad de México, otros lo recordaremos como una etapa del proceso constitucionalista que le dio identidad y rostro nacional a México.

A propósito de la conmemoración, la directora del suplemento La Gualdra de La Jornada Zacatecas, Jánea Estrada, me pidió una reflexión. Nada más a propósito. Los suplementos culturales, por cierto, deberían dejar de ser suplementos y convertirse en un capítulo indispensable para pensar nuestro ser cultural. Junto con Jánea Estrada nos sumamos a la reflexión sobre el constitucionalismo mexicano.

Presento dos ideas que machaconamente he escuchado sobre la tradición constitucionalista no sólo en México, sino en otros países latinoamericanos. La primera es que la constitución, como constructo jurídico, es una abstracción legaloide que poco tiene que ver con la realidad histórica y social a la que debería hacer referencia no sólo por ser resultado del proyecto de sociedad en una determinada época, sino como resultado del devenir social. En ese sentido hay dos realidades: la jurídica y la histórica; la primera queda en un deber ser formal, la segunda es el rumbo que por su propia dirección toman las instituciones y los actores involucrados. La otra idea a la que me sumo es que la constitución es una orientación general, jurídica, social, política, para moldear el tipo ideal de una sociedad en un periodo determinado. A ésa me ajusto, creo que la constitución y su momento constituyente, es una manera de imaginar la sociedad que queremos, la sociedad que demandamos. En tal sentido, si la desvinculamos de una “realidad real”, mutilamos a aquella sociedad de una de sus expectativas que sólo la renuevan en su pasado forjando sus utopías.

Durante el siglo XIX se vivió un constitucionalismo liberal, ni qué decir sobre las contribuciones de Alan Knight, Aguilar Rivera, o Charles Hale, los tres intelectuales consideraron que el primer liberalismo en México tuvo expresión constitucionalista. Yo me sumé a esta interpretación buscando leer a México desde un liberalismo constitucional, el que nutrido por su letrados y políticos creyó en la constitución como el principal motor para promover los cambios que acercaran a México a la “felicidad de la nación”. Ese tópico condensado con gran fuerza en el siglo XIX estuvo presente entre los primeros constituyentes, tanto del experimento federal, como del central.

México se convirtió en vanguardia internacional por los contenidos progresistas que se consagraron en su Constitución de 1917. Fue ejemplo de países latinoamericanos, contrapunto de la revolución Rusa. La libertad dejó de ser el reclamo de vecinos y comunidades, (ahora ampliamente documentado por un gran número de historiadores en distintos centros de investigación), y se transformó en el reclamo de una ciudadanía plural que abrió el siglo XX por la democracia y por la justicia. El artículo 27 representó la concreción de aquel reclamo. El tema de la tierra se convirtió en el tema del vínculo entre el ciudadano y la nación. Un tema que no quedó pendiente, se fue resolviendo en el curso de los gobiernos nacionales y estatales durante las primeras décadas posrevolucionarias. Ahora, por ejemplo, los zacatecanos también conmemoran cien años de legislación agraria con la primera ley expedida por el general Enrique Estrada en 1917. Habrá mucho que decir este año, mucho que reflexionar sobre la nación y la sociedad civil que hemos erigido, mucho sobre la Constitución, otro tanto sobre cómo la pensamos e interpretamos en su implementación. Sólo por deber civil, ciudadano y cívico, deberemos involucrarnos.

Serán muchos los temas a debatir, quizá el más importante es si aquella Constitución de 1917 responde a los temas, demandas, reclamos, exigencias del México contemporáneo o si sus cerca de 600 reformas y adiciones son suficientes para que siga manteniendo su vigencia entre nuestras instituciones. Esto nos lleva a la pregunta de si estamos en tiempo de fraguar una nueva constitución o si aquélla, la de 1917, sigue siendo la que reclama y abriga a nuestra contemporaneidad. La pregunta implica si esa constitución en sí misma nos puede seguir definiendo, o si por falta del apego constitucional sostenemos que necesitamos una nueva constitución. Que el 2017 sea propicio para ésta y una serie de reflexiones que serán fundamentales para repensar nuestro estado nacional.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_276

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