La revolución de los ricos y el sindicalismo: duelo de los próximos años

La revolución de los ricos y el sindicalismo: duelo de los próximos años

Hemos sufrido lo que Carlos Tello denominó ‘la revolución de los ricos’, en la cual el aumento en las ganancias de éstos, no ha sido por aumentos considerables en la productividad, sino a costa de la disminución del costo del trabajo en los procesos de producción. Por ello, la medición de la desigualdad funcional, que aprecia los ingresos del trabajo y el capital en una economía, en México el trabajo ha percibido sólo 24 por ciento del PIB nacional. Una catástrofe para los derechos sociales. Sin embargo, hay una organización que se inventó para defender la seguridad en el empleo y el poder del salario de los trabajadores: el sindicato. Entonces, ¿qué ha pasado con él? Lo vemos en luchas de resistencia, es decir, en batallas no para lograr mejoras en las condiciones laborales de sus agremiados, sino en la puja para que no le arrebaten logros pasados. Por eso, es común observar que son los sindicatos los que se niegan a la revisión de los contratos colectivos, cuando eso debía ser una actitud de la patronal, porque temen que en dichas revisiones terminen perdiendo cláusulas de derechos. En suma, están a la defensiva.

En el caso de los sindicatos corporativos, y que pertenecen a trabajadores de alguna entidad del Estado, el control es férreo y las capacidades de maniobra pequeñas. Por ejemplo, el SNTE que se creó desde arriba por las propias estructuras del gobierno y el partido oficial, aceptó perder su capacidad de intervenir en el ingreso y promoción de los maestros, y avala la posibilidad de que sus agremiados sean mandados al desempleo o marginados de sus funciones docentes, actitud contraria a todo sindicato; y por eso surgió un ala disidente (la CNTE), con la esperanza de que el sindicato se hiciera independiente y se democratizara. Nada se ha logrado. Ahora se preguntan los profesores sobre la conveniencia de formar otro sindicato que compita la titularidad al oficial. El Estado está involucrado con las organizaciones oficiales que permiten que las políticas en contra de los intereses de los trabajadores avancen, y por ello, los órganos del Estado que deben ser neutrales para dirimir los conflictos entre patronal y sindicato o conflictos al interior de los sindicatos, no lo son. Están claramente actuando por consigna. Con los modelos de producción (flexibilizados) y la correlación al interior del Estado en contra de las organizaciones gremiales; y además, la falta de apoyo social (sólo 14 por ciento de los trabajadores están incorporados en un sindicato, y eso provoca poco apoyo a los mismos), ¿qué hacer?

Los pocos sindicatos independientes que existen, y las fracciones democráticas de los sindicatos corporativos, o de los blancos, deberán emprender una lucha por lograr convertirse en un ejemplo de recuperación de nivel y calidad de vida de sus agremiados, para que los trabajadores no organizados o los de sindicatos blancos, sientan la necesidad de parecerse a los primeros. Con vida democrática interna, la defensa de su salario, con nuevas formas de solidaridad interna que mejoren la calidad de vida de sus miembros, y con la articulación o encadenamiento con las luchas de otros sectores. La conformación de frentes más que gremiales, populares, empujado por el cambio de políticas económicas y específicamente salariales. Arduo trabajo en un terreno árido y cuesta arriba, pero muy necesario: el sindicalismo debe resucitar.

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