AMLO: Perdón republicano

AMLO: Perdón republicano

Apenas en junio pasado y “para salvar el país”, AMLO formuló a los poderes fácticos la urgencia de un “gobierno de transición” encabezado por el propio Peña Nieto. Al no recibir respuesta y con miras a la próxima elección presidencial, intenta nuevamente el acercamiento suscribiendo un insólito “ajuste” a su hipotético mandato: En la ponencia “Cambio y porvenir de México: una visión hacia el 2018” (presentada por él recientemente en Acapulco), ofrece –a la que hoy llama “mafia del poder”— perdonar (de llegar a la Presidencia de la República) todos los ilícitos  cometidos por ella en la lógica primaria de “Rescatar al Estado” mexicano.

Existen además otros precedentes en el desarrollo de este su “nuevo concepto amoroso”: A proncipios del año y de visita por su natal Tabasco (para apoyar el registro de un candidato de Morena), López Obrador aseguró que las puertas de su partido estaban abiertas para los militantes del PRI siempre y cuando renunciaran a su afiliación y se arrepintieran de todo lo malo que hubiesen hecho: “Todo el que está en el PRI pero se arrepiente de todo lo que hizo mal y decide pasarse a Morena, puede ser perdonado..”. En el momento en que alguien se sale PRI,  se limpia  –aseguró–.

En 2012, el “juarista tabasqueño” –que asistió a una misa oficiada por Joseph Ratzinger (Papa Benedicto XVI) en Guanajuato– aseguró haber perdonado al propio Felipe Calderón sin importarle ya que seis años antes usurpara la Presidencia de México y propiciara en consecuencia todo un movimiento popular en contra precisamente de la usurpación.

AMLO hoy ha vuelto a retomar el viejo sermón de Guanajuato y lo expone más ampliamente: “Nuestro triunfo no significaría una amenaza para nadie… A los integrantes del grupo en el poder les decimos que, a pesar del gran daño que le han causado al pueblo y a la nación, no les guardamos ningún rencor y les aseguramos que, ante su posible derrota en 2018, no habrá represalias o persecución para nadie…” Esta “amnistía anticipada” planteada por él incluye, según el propio AMLO, a Enrique Peña Nieto.

El “ofrecimiento” resulta por demás incoherente, desatinado y opuesto a la visión de una amplia capa poblacional que, a diferencia con él, dice ¡¡ni perdón, ni olvido, justicia!!. Y lo mismo a la protesta social que tiene al primer mandatario en lo más bajo del rating con un 80% de rechazo y a quien diariamente reclama en las calles su renuncia y no su perdón.

Así las cosas, imaginariamente en 2018 y tras el “indulto obradorista”, los corruptos (públicos o privados) podrían continuar transitando por el país libremente porque “La Cuarta República” permitirá gozar sin restricciones del fruto de las corruptelas ilegales, millonarias. Y desde el mismo “amor por México”, se entiende que sobre el escenario nacional, quedarían igualmente sin justicia -y sin castigo a los culpables–las y los desaparecidos en México, los feminicidios, los cientos de miles de víctimas del narcotráfico y los narcogobiernos. En una palabra, los 80 millones de mexicanos empobrecidos por la “otrora mafia” enquistada hoy en el poder gracias a la corrupción del capitalismo neoliberal en México.

Menos aún podríamos esperar del nuevo gobierno que las reformas estructurales en curso se reviertiesen dado que, según lo expuesto, “el bien y la paz del Estado son lo primero”. Siendo ésa su orientación, las antiguas propiedades y riquezas de la nación hoy privatizadas ilegal e inmoralmente, seguirían estando en manos de sus actuales dueños, mexicanos y extranjeros.

Y la pregunta ineludible: ¿De que sirve entonces el arribo de AMLO a los Pinos y esta amnistía anticipada a los corruptos, si se deja de lado la reparación de los daños causados a la nación y a millones de hombres, mujeres y niñ@s?

Así dibujado, AMLO ya no es siquiera un peligro para los corruptos. Sus inusitados y pragmáticos pronunciamientos lo recorren al centro de la política y lo alejan de todo lo que había estado queriendo representar desde la izquierda; de ser el gran y más notable opositor contemporáneo de quienes han saqueado al país. El otrora antípoda de la impunidad parece ofrecer desde hoy, su aval a empresarios y funcionarios, es decir, a quienes desde de ahora y durante lo que resta de los periodos administrativos (no importando cuánto desvalijen la nación, los estados o municipios) recibirán los beneficios del perdón republicano.

Cierto es que la ponencia de Acapulco menciona estar en contra de “aquellos que amasan grandes fortunas de la noche a la mañana, apoyándose en la ilegalidad, el influyentismo y la sombra del poder público” pero, al mismo tiempo, contradictoriamente, la misma ponencia ofrece a los actuales gobernantes, un “no habrá represalias ni persecución para nadie”. AMLO maneja ahora y más abiertamente, un doble discurso. Por un lado se dirige puntualmente a los empresarios y gobernantes y, por otro, redacta ideas para consumo popular y el voto ciudadano.

Por todo, este asunto de “amnistía anticipada” y la anterior propuesta de “gobierno de transición” puestas en circulación por AMLO son, a mi juicio y junto a otros, temas obligados en el debate. Las fuerzas y organizaciones progresistas, de la izquierda y del movimiento social, agendan siempre las nuevas circunstancias, sin descuidar, lo sabemos, las luchas sociales en que están inmersas. ■

 

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