Inexistentes, políticas de prevención del tabaquismo en niños, jóvenes y mujeres

Inexistentes, políticas de prevención del tabaquismo en niños, jóvenes y mujeres
La docente Guadalupe Ponciano Rodríguez, de la UNAM, impartió la conferencia Mujer y tabaco ■ foto: andrés sánchez

■ Una niña fumadora, activa o pasiva, tiene cuatro veces más probabilidades de sufrir cáncer de mama

■ Urge un cambio en las políticas públicas debido a la gravedad de la situación en el tema: especialista

En México son inexistentes las campañas enfocadas a prevenir la adicción del tabaquismo en jóvenes y también en el sector femenino de la población. Guadalupe Ponciano Rodríguez, especialista en Tratamiento de Adicciones por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), expuso que es necesario un cambio de las políticas públicas en este ámbito debido a la gravedad de la situación.

La académica se encuentra en Zacatecas para impartir la conferencia magistral Mujer y Tabaco como parte de las actividades que este mes se han realizado por el Día Internacional de la Mujer, invitada por la asociación CODICE S.C. y la Secretaría de las Mujeres.

La falta de políticas públicas preventivas, así como la persistencia de publicidad que fomenta el consumo de tabaco entre jóvenes y mujeres, expuesta en revistas dirigidas a ambos sectores de la población, son dos de las razones a las que se les puede atribuir el incremento de consumidores, sostuvo.

En el caso de las mujeres, la gravedad del tabaquismo tiene que ver inclusive con factores biológicos y hormonales. En este sentido, explicó que las hormonas de la mujer hacen que esta tenga tendencia a hacerse adicta más rápidamente, mientras que también el tamaño de las féminas, que por lo general suele ser más pequeño que el de los hombres, influye, pues la capacidad pulmonar es menor y por ello tienen más probabilidades de desarrollar enfisemas.

Aparte de tener que diferenciar entre sexos para realizar las campañas preventivas por estas disparidades que existen, la especialista agregó que se requiere un enfoque según las etapas de la vida de la mujer.

 

Las mujeres, más vulnerables que los hombres al tabaco

En este sentido, desglosó las consecuencias que el tabaco tiene en cada una de las edades de las féminas. En la infancia, en primer lugar, Ponciano Rodríguez señaló que las adicciones se dan con mayor rapidez y facilidad, además de que se multiplican las posibilidades de dañar el aparato respiratorio.

Precisó que si, por ejemplo, las niñas ya son fumadoras activas o pasivas cuando empiezan a menstruar tendrán 4 veces más probabilidades de tener cáncer de mama cuando crezcan debido a que las sustancias nocivas del humo del tabaco se adhieren a las células mamarias.

Agregó que la nicotina también provoca alteraciones en los ciclos menstruales, afectando incluso a las trompas de Falopio, lo que puede derivar en problemas a la hora de buscar un embarazo.

Precisamente ya en la etapa de juventud, cuando comienzan a mostrar interés por tener un hijo, comentó la especialista, empiezan a resentir las afectaciones que su organismo sufrió al iniciar con el tabaco de manera muy temprana.

Durante el embarazo, apuntó, hay mujeres que deciden continuar con el consumo lo que consideró “injusto” ya que este hecho tiene consecuencias para el bebé. Entre estas afectaciones, mencionó el labio leporino, las complicaciones cardiacas, el problema de estrabismo y malformaciones congénitas. Sobre todo, la etapa más riesgosa explicó que es el primer trimestre.

Además, indicó que los bebés cuyas madres fumaron durante el embarazo son más propensos a ser adictos a alguna sustancia, por lo que concluyó que “estás etiquetando a tu bebé para que sea más susceptible al consumo de drogas”.

En la etapa de la menopausia, por último, explicó que la mujer fumadora tiene 20 por ciento menos de densidad ósea lo que provoca problemas mayores de osteoporosis. También, al no tener la defensa de las hormonas femeninas, el riesgo de sufrir un infarto se duplica, se incrementa asimismo la posibilidad de tener una embolia y aumentan también las posibilidades de que se desarrollen enfermedades cardio y cerebro vasculares.

Por otra parte, informó que cada vez hay más enfermedades que se ha demostrado que son consecuencia del consumo de tabaco. Entre ellas, enumeró el cáncer cervocouterino, el cáncer de mama, el de vejiga y otros más fácilmente identificables como los de la cavidad bucal, entre ellos el de laringe y el de piso de lengua.

Concluyó que si no se frena el tabaquismo cada vez habrá más cánceres relacionados con esta adicción y a edades más tempranas.

 

Autoridades deben hacer caso a focos rojos

Ponciano Rodríguez expuso que hay tres focos rojos que deben servir como base para actuar desde el gobierno en la prevención del tabaquismo. El del aumento del consumo entre mujeres es uno de ellos, sobre todo después de saber que las afectaciones en la salud de ellas son mayores que en los hombres.

El incremento en el número de mujeres fumadoras se refleja en que hace 10 años por cada 4 o 5 hombres sólo una mujer consumía tabaco, mientras que ahora esa relación se ha igualado, de manera que por cada varón que fuma, lo hace una fémina.

En cuanto a las mujeres y su edad, expuso los datos de las encuestas sobre adicciones que se han hecho en los últimos años. En concreto, comparó una de 2002 con la última que se tiene de 2011 y advirtió que en ese periodo se duplicó la cantidad de niñas de entre 13 y 15 años que consumían tabaco, al pasar de 3.8 a 8.2 por ciento.

El segundo foco tiene que ver, ampliando a ambos sexos, con el inicio cada vez más temprano al consumo de tabaco, ya que ahora se sitúa en 12 años. A esa edad, explicó, aún no ha madurado el aparato respiratorio de los niños y las afectaciones con las sustancias tóxicas del tabaco son mayores.

 

Además, debido a que también tienen “un cerebro inmaduro” son más susceptibles a las adicciones, por lo que su dependencia del tabaco se manifestará de manera más rápida que en un adulto.

El tercer foco rojo, apuntó Ponciano Rodríguez, es el de la falta de políticas públicas de prevención entre los jóvenes a pesar de que se tiene conocimiento de que es el sector poblacional más vulnerable. “Es una población olvidada”, señaló, pues pese a su consumo de tabaco no presentan todavía consecuencias visibles en su salud, a diferencia de los adultos.

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