El infinito placer de la lectura

El infinito placer de la lectura

La lectura y por consecuencia los libros han sido en mi vida, mis dos grandes pasiones, y hablar de ellas, siempre resulta un acto de gozo profundo fervor. Hablar de ellas es también hablar de mi niñez, de mi adolescencia y de mi adultez. En su excelente ensayo titulado Sobre la lectura, Marcel Proust escribió: “Quizá no hubo días en nuestra infancia más plenamente vividos…que aquellos que pasamos con un libro favorito.”

Borges ese magíster de las letras y el pensamiento declaró: De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.

Tales palabras reafirman mi idea de que el libro es parte de lo que somos, ¿qué seríamos sin la imaginación, sin la memoria?; es como si nos quitaran un brazo, una pierna. Entonces quedaríamos mutilados para siempre.

Puede parecer tal aseveración, para algunos descabellada y absoluta. Soy incapaz de imaginar un mundo sin libro, como soy incapaz de no imaginar, a pesar de todos los adelantos de la tecnología, que no haya, en este instante, un niño en algún lugar del planeta; como el personaje de La Historia Interminable, ese maravilloso libro de Michael Ende, -que todos los  padres, maestros o bibliotecarios  deberían dar a leer  a los niños- escondido en un desván, echado sobre un gran libro, tal vez en penumbras o con una linterna, atrapado en el conjuro de una historia que no tiene fin.

La lectura es una de las experiencias más trascendentales e importantes en la vida de cualquier ser humano. Razón por la cual se vuelve necesario que cuando el niño comience a balbucear, los padres les cuenten y les lean historias. Lo importante es no olvidar la costumbre de continuar motivándolos para que no pierdan el gusto por los libros, que aprendan a quererlo como un gran amigo siempre necesario y disponible a la hora que lo necesiten.

Hay que enseñarles que la lectura es una ventana que se nos abre de par en par a un paisaje infinito y diverso, una puerta que al abrirse nos deja boquiabiertos frente al misterio que es cada libro; es la llave para entrar al país de la sabiduría y del encanto, es aprender a mirar al mundo y mirando al mundo aprendemos a reconocernos como parte él. A saber quiénes somos y qué queremos. Entonces ¿Por qué negarles a nuestros niños esa sabiduría, esa felicidad? ■

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