Sólo no se rían mucho

Sólo no se rían mucho

Cuando el amigo de un amigo intenta hacer algo serio, pero entiende que sus capacidades son limitadas para hacerlo o que su intento podría parecer descabellado a los demás, advierte a su público: “sólo no se rían mucho”.

Tras ello casi siempre llega la esperada y cortés respuesta: “no, cómo cree”, contestación que a final de cuentas no cancela posibles risas, pero induce a conducirse con discreción.

Seguramente entendida la “sutil” solicitud procede poner a consideración del lector un breve pensamiento o ¿amplia preocupación?:

Los problemas o retos de México evidentemente son mayúsculos.

Tan sólo algunos de ellos: la amenaza de escisión del legítimo poder del Estado, causada por fuerzas regionales superiores en fuerza y complicidades; la desigual distribución de la riqueza, sin aparente búsqueda de soluciones de fondo; y la creciente decepción acerca de la política como herramienta para vivir mejor, actividad motivo de la condena de algunos que están fuera de ella y, a la vez, parte de sus aspiraciones para hacer fortuna fácil.

El más simple análisis de la confluencia en un mismo tiempo de los anteriores desafíos, seguramente concluirá que se está en la víspera de una debacle, de tan claras consecuencias materiales, como de origen eminentemente en valores, actitudes y percepciones intangibles, menospreciadas o ignoradas muchas veces lo mismo por ricos que por pobres, por niños de la política que por ancianos de la vida.

La generalización de la violencia y el hambre son implicaciones de la gran amenaza que vive la nación, sin duda objetivas, palpables a la vista.

Empero, esta misma advertencia acerca de la coincidencia de factores sociales, económicos y políticos, cada uno de suprema gravedad por sí solo y motivo de hechos tocables y visibles, tiene causa y solución en lo que no se ve, pero sí se piensa y cree.

Dos ejemplos: amar es sentimiento y por lo tanto no es tangible, pero puede ser la base para emprender las más grandes cosas tocables; y creer que se es capaz de lograr algo es percepción intangible, pero asimismo es condición para construir lo palpable.

Los pensamientos, sentimientos o valores, por olvidados o invisibles que puedan ser, son fundamentos del espíritu humano para emprender transformaciones dirigidas a la sobrevivencia de la carne que le envuelve.

Por supuesto que urge convencer con hechos que existe un Estado de Derecho, que la democracia es la mejor manera para tener acceso al bienestar y que el poder político no tiene como fin último el enriquecimiento de quien lo tiene, pero también resulta imperativo mover a una gran reflexión acerca del deber ser de la mujer y del hombre, que es, sencillamente, lograr la felicidad, definida ésta como el cúmulo de oportunidades de goce disfrutadas y la ausencia de culpas albergadas en laconciencia, para dar paso a la paz con ellos mismos, sabedores de que ella será la mejor compañera en la suprema incertidumbre del trance final.

Quizá cabría entonces proponer al conjunto de ciudadanos, organizaciones civiles, partidos políticos y gobiernos de los tres niveles en México, que retomen la importancia del pensamiento, del sentir y de los valores humanos, cívicos y sociales como fundamentos para motivar la acción individual, célula de la transformación nacional, y, de paso, generar presión de cambio a los autores y cómplices de la agresión, desvergüenza, explotación y demás lacras que laceran al país.

El amigo de un amigo citado al principio, tiene una frase “semicélebre” que le acompaña desde hace muchos años: “Cuando creas estar en el abismo, asómate al precipicio”. En otras palabras, “siempre hay una manera de caer más bajo”.

¿Pesimista convulso? ¿Realista a ultranza? ¿Fracasado crónico? Quizá eso y mucho más sea, sin embargo, quizá todo ello convive en un interior de aceptadas confusiones, donde también guarda una convicción: “lo único irremediable es la muerte”.

Asumir que la voluntad de hacer, la decisión de triunfar, la determinación de luchar y la aceptación de cumplir con eldeber ser pueden cambiar hasta lo que parece inmutable, por lo pronto alentará con esperanza a la vida y, tal vez, hasta dará resultados. ■

 

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