Necesario, tener el corazón caliente y la cabeza fría en una revolución: Mojarro

Necesario, tener el corazón caliente y la cabeza fría en una revolución: Mojarro

■ Lo político, económico y religioso están en poder de unos cuantos miles y oprimen a millones, dice

■ La CNTE no ha ganado nada con la violencia ejercida contra la autoridad, señala el escritor jalpense

Mientras que la masa tiene la cabeza caliente y el corazón frío, el revolucionario -no el que toma las armas- tiene el corazón ardiente, pero la cabeza fría para realizar estratégicas y tácticas adecuadas que lleven a un fin benéfico, dijo en entrevista el escritor zacatecano, Tomás Mojarro al hablar acerca del contexto político-social del país.

El jalpense reflexionó con esta casa editora sobre cómo lo político, económico y religioso entre comillas son un poder en manos de unos cuantos miles, quienes oprimen a millones que se dejan hacerlo, comentó parafraseando a Marx, pese a quienes dicen que está rebasado.

El también periodista Tomás Mojarro, dijo que a través de sus textos y su voz en la radio busca provocar ampliar la vida interior de las masas para así, atacar el horror de la mediocridad en que viven la mayoría de los mexicanos, a quienes en tanto, el sistema de poder hace lo suyo y le sale espléndidamente bien, le va de maravilla. Una muestra es la manera en que viven el Presidente del país, Carlos Slim y Norberto Rivera; la opulencia contra la miseria de un asalariado. “Eso es el poder oprimiendo a las masas”.

Para salir de eso, consideró, se debe terminar con la idea de millones de átomos quienes creen que llenar el Zócalo es una fuerza decisiva para cambiar algo. Cuando Andrés Manuel López Obrador tomó el Paseo de la Reforma, en ese momento el ex candidato presidencial había mostrado sus armas con las cuales fue derrotado. ¿Qué fuerza hay en tomar el Zócalo? Se preguntó al responderse que la historia y la realidad objetiva muestran otra cosa.

“Claro que no hay fuerza en átomos que de pronto se reúnen un día, se congregan en el Zócalo, se termina ese alboroto, meten los pies en el agua por todo lo que caminaron y se acabó el efecto en contra del sistema de poder”, sostuvo.

El Valedor, como se le conoce, resaltó cómo un verdadero revolucionario tiene autocrítica, se sienta y ve que no es perfecto. A diferencia de los maestros de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), quienes no han ganado nada con la violencia ejercida en contra del poder, por el contrario es mucho más el daño que se han hecho a sí mismos y a los ojos de los educandos de padres de familia, ha sido mínimo el beneficio. Se debe pensar en cambiar en tácticas, para que la estrategia tenga resultado.

“Se requiere autocrítica, pero si no se tiene no se es revolucionario” y ni modo de decir que los de la CNTE son revolucionarios, se preguntó. A decir del autor de El Bramadero, la mayoría de los movimientos sociales en México sólo recicla una y otra vez las tácticas de fines de los años 50 cuando gobernaba Adolfo López Mateos; hacer marchas y exigir, el que un hijo esté junto a su padre cuando ya tiene 20 años de edad.

El planteamiento de Mojarro es el boicot, una de las armas de destrucción del sistema y que va más allá de la indignación, la cual es un sentimiento que puede llevar al boicot, pero éste es la acción que daría resultados.

Para el escritor, las masas tienen la culpa al haber creado el Estado porque éste se los ha comido. En lugar de entender que el 39 constitucional da el poder a los ciudadanos para hacer a un lado la democracia representativa e intentar el referéndum, plebiscito y mandato revocatorio, por contrario se exige y se hacen “megamarchitas estilo Sicilia” cuando esa es la estrategia de la imposición, quien al final se da el lujo de no ver ni oír y decirnos cuál es el antídoto.

Algunos movimientos siguen con las tácticas totalmente erradas y aludió a una analogía entre una “megamarchita” y el hacer a un lado la historia. Recordó cómo les fue a finales de la década de los 50 del siglo pasado a los ferrocarrileros, maestros y doctores y pese a ello se vuelven a repetir los horrores y errores de aquel entonces. La táctica para llevar al triunfo de un movimiento no es el exigir y la “megamarchita”.

A manera de fábula, Mojarro comentó que sería como decir que se trae una espada flamante pero se enfrenta al Ak-47 del sistema de poder. “Nosotros tenemos una espada el doble de buena y con mejor acero, pero la espada ha sido megamarchita y exigir, es el horror en el que el sistema de poder tiene a la masa ignorante”, agregó.

Es decir, hay un incesto en que se pone a la hija contra la madre, al hijo contra el padre, cuando eso se debería hacer a un lado, hacer que crezca el hijo y vivir. Se debe romper a los incestuosos que exigen y demandan.

Algunos movimientos siguen con las tácticas totalmente erradas, señala el autor

Para el zacatecano Tomás Mojarro la vía para romper el incesto es clara pero a la vez casi imposible; se trata de la organización celular autogestionaria.

Un ejemplo, hay programas “nefastos” donde a las jovencitas las hacen salir en puras pantaletas, lo cual evidencia que Televisa se ha convertido en un burdel, donde aportan “mujercitas” a los políticos y ricos cualquiera.

Lo que se requieren es un boicot por parte de las células articuladas sin salirse nunca de la ley, porque eso sería ir a la derrota, para el sistema al violar la ley se manda a la cárcel, lo cual destruye. Su propuesta es, no comprar los productos que impacten en el sistema, no ver programas “nefastos” y no consumir otras cosas, hechos que pueden ser letales para el poder.

Recordó como hace cinco años, unas 50 señoras en Perisur en la capital del país, convocaron a boicot, a lo que el sistema reaccionó y les mandaron a organizadores de marchas para darle otro sentido a la protesta, las señoras aceptaron, con lo cual se regresó al “incesto” y como niños se acercaron a su padre sin que hubiera respuestas y con ello se acabó el peligro para Perisur.

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