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Triunfo y resurrección, nada que ver con la religión

Triunfo y resurrección, nada que ver con la religión
  • Futuro Sostenible

La presente entrega no es para nada un argumento religioso; quiero referirme a una experiencia personal que se traduce en lo siguiente: el otro día por la mañana me despierto, prendo el televisor y aparece en pantalla una planta seca, de esas típicas de los desiertos, esas que parecen grandes bolas secas que caminan con el viento, sin aparente rumbo, solitarias y de alguna manera, otra razón de ser que no sea la de adornar el paisaje desértico.

Escucho con atención la narración de la caja negra y me adentro a una historia fantástica; a la rama seca se le conoce como planta de la resurrección y puede vagar por el desierto de Chihuahua por meses y años, hasta tener la fortuna de toparse con un charco de agua que la hidrate, le devuelva la vida y, esta pueda abrirse para que la lluvia haga caer sus semillas que siguen vivas, para volver a florecer.

Pienso en tal dicha, una planta muerta en apariencia, que lleva vida en su interior y que rueda sin un destino cierto pero que, sin demostrarlo, su éxito de renovación se garantiza al no dejar de insistir en su búsqueda del agua que prolongue su existencia y la multiplique.

Reflexiono en la similar tenacidad que muchos de nosotros emprendemos día con día, sobre todo, aquellos que nacimos en pañales de trapo y que efectuamos de manera permanente, los esfuerzos necesarios para llevar a buen puerto, el proyecto individual de nuestra vida pese a escazas o nulas esperanzas de triunfo.

Aquellos que estamos precedidos del esfuerzo permanente para esperanzarnos en alcanzar la cumbre, tenemos que sortear diversas peripecias, obstáculos y personas especialistas en desanimarnos para no culminar nuestros anhelos; por ello, la importancia de tomar experiencias de triunfo como la de esta planta de la resurrección que no desiste en su aspiración de permanecer y que, aunque pase un largo tiempo, tarde que temprano encontrará la culminación de su aspiración de vida.

Es fundamental, que en nuestra vida no dejemos de insistir, pese a todo y a muchos, es importante estar convencidos de que tarde que temprano encontraremos el manantial que satisfaga nuestra sed, por ello, es importante estar en continua preparación, como si estuviéramos rodando sin parar, sólo de esta manera, estaremos preparados para cuando la esperada oportunidad llegue a nuestra puerta; es necesario mencionar, que nuestro triunfo no se circunscribe únicamente a los aspectos profesionales y laborales, incluya también al amor y a la amistad.

Preguntémonos cuantas veces nos hemos cerrado a estas magníficas experiencias, o bien, que cuando nos llegaron tales dones, no estuvimos preparados para ellos y los dejamos ir, como si se dieran por montones y en macetas; lo peor que nos puede pasar, es tener acceso a las oportunidades y nos estar en óptimas condiciones para aprovecharlas; estoy convencido de que nuestro esfuerzo debe ser permanente al igual que nuestra actitud para enfrentar los problemas un sinnúmero de retos que se presentarán antes de lograr la meta. Nuestra hambre de triunfo debe resurgir permanentemente, día con día y, estar seguros de que si continuamos haciendo las cosas correctas, tarde o temprano llegará nuestra recompensa ya que precisamente, los pobres deberemos esforzarnos a través de la educación constante para ampliar nuestras posibilidades de éxito, no tenemos de otra y, quienes tienen la fortuna de la opulencia, debe estar capacitados para mantenerla y acrecentarla, tomando en consideración que las recurrentes crisis económicas pueden vulnerar la fortuna y las influencias, lo cual, puede ocasionar que la rueda de la fortuna en la que vamos todos, los conduzca hacia abajo, en donde muchos permanecen por mucho tiempo.

Resurrección significa resucitar y debemos emplear el término no solamente como una aspiración religiosa sino como una constante forma de resurgir con más bríos después de una caída, con más ánimo posterior al fracaso, después de todo, no conozco a nadie que no haya equivocado en algún momento su camino, o se haya perdido y después de haber tropezado, corregir el rumbo.

El triunfo se define como el éxito en cualquier empeño, lo cual implica un gran esfuerzo o sacrificio para poder alcanzarlo así como aquella planta que rueda sin cesar hasta localizar las condiciones de vida; de tal suerte, el éxito o el fracaso depende totalmente de nosotros, así que no colguemos tales aventuras a determinada persona o destino, tampoco sembremos nuestras esperanzas es nubes huecas, construyamos con solidez el futuro y estemos preparados para cuando, por fin, nuestra planta de la resurrección encuentre el anhelado manantial del triunfo. Éxito para todos. ■

*Representante de Zacatecas ante el Consejo Consultivo Nacional para el Desarrollo Sustentable
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