¿Una revolución educativa?

¿Una revolución educativa?

Seguramente que para aquellos que estudian, lo que ha sucedido en los últimos días los ha afectado seriamente, específicamente a los universitarios, que tuvieron días de huelga aciagos porque los maestros, los que integran el famoso “espauaz” (con sus debidas excepciones), dice los que saben que tienen cierto parecido con los antorchos, porque ya de que les entran los deseos de pedir, no hay quien los detengan. Pero todo sea por el mejoramiento de los programas y planes educativos, todo sea por el bien de aquellos que en ese ánimo de contribuir al engrandecimiento de nuestra alma mater, no les importan los desvelos ni las hambres que pasan en las guardias de las puertas de entrada a los recintos universitarios. Los revoltosos de los colegios de bachilleres y los amigos de Renato Rodríguez, se apaciguaron muy pronto, algo les ha de haber sucedido que los hizo cambiar de planes

Y los campesinos que ya aprendieron algo de este tipo de movimientos, están a la espera de que alguno de esos dirigentes los lleven a colocar banderas rojinegras a las entradas de las oficinas de las dependencias creadas para llevar a cabo la instrumentación de proyectos y programas encaminados al mejoramiento de la producción de los alimentos, para reestablecer los objetivos de la seguridad y la soberanía alimentaria, aunque téngalo usted por seguro que eso no va a suceder, porque los campesinos, los hermanos de clase, tienen vergüenza y ya en estos tiempos lo que quieren es entrarle a una dinámica diferente de hacer las cosas porque están de acuerdo con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, de trabajar de la mano para llevar a cabo la reforma estructural que se requiere, desde las formas de tenencia de la tierra hasta los modos de explotarla.

¿Se imagina usted una huelga de campesinos? Ni lo mande Dios, de pensar en que alguna vez se presentara, lo primero sería el aceleramiento de la angustia ante esa posibilidad de no tener los alimentos necesarios, ya no tanto suficientes, pero eso, lo repito, no se daría porque entre los campesinos, ganaderos y agricultores en general, existe ya, aunque usted no lo crea, un alto grado de responsabilidad por hacer cada vez mejor las cosas porque se dan cuenta de que esos recursos naturales que se agotan, como es el agua y la tierra, deben de cuidarse y para ello tienen que estar no tanto del lado de las autoridades, sino de ir dela mano para aplicar los recursos, las ideas, los programas o paquetes tecnológicos donde sea necesario.

Desde el Congreso de la Unión, los senadores y diputados no deben desaprovechar la más alta tribuna para denostar, desde ahí tienen el panorama claramente definido y saben que desde esos niveles, son ellos los responsables de que en el campo, sobre todo en el campo, las políticas agropecuarias, al igual que los recursos que para su aplicación se destinan, tienen que llevar la etiqueta de transparentes. En el campo, la corrupción ha sido un látigo que no ha dejado en paz a los hombres del campo, no los ha dejado hacer lo que saben y en estos tiempos, en los que los acelerones están a la orden del día, justo es enfocar las baterías hacia aquellos personajes que saben, que pueden y que tienen la gran responsabilidad de hacer del campo zacatecano y nacional, un escenario de grandes luchas, pero también de grandes resultados.

En este punto, las reformas o cambios estructurales que se habrán de plantear en torno a la búsqueda de un campo nuevo, tendrán que ejecutarse con el apoyo y la participación de los actores principales y en este sentido, las organizaciones campesinas, llámense como se llamen o que pertenezcan a tal o cual partido, deben de dejar a un lado esas banderitas de lucha. Lo que importa es México y el bienestar de sus habitantes y aquí, en corto, lo que está en la mesa de la discusión es la transformación plena de las formas de hacer las cosas en el campo.

Por ello, lo hemos dicho ya en anteriores participaciones, lo que hagan las dependencias, instituciones o secretarías, tienen que estar directamente relacionados, porque si no hay producción en el campo, difícilmente puedan cumplirse los objetivos de los programas educativos, o bien, de vivienda. Si no hay alimentos, no podrá haber un buen plan de promoción turística. Por ello, cuando dialogamos en días pasados con el fresnillense Felipe Cabral Pulido, ahora ya como presidente del Comité Estatal de Fomento y Protección Pecuaria (Cefopp), el tema central y sustantivo fue el del mejoramiento genético del ganado zacatecano y el de buscar día a día el consolidar el impulso a un objetivo claro: poner en movimiento a la ganadería zacatecana, para superar lo que hasta ahora se ha logrado con ese esfuerzo conjunto entre las dependencias de los gobiernos federal y estatal, sin dejar de lado lo que hacen los municipios y lo que tiene que hacer obligadamente la Unión Ganadera Regional de Zacatecas, sobre todo porque ya son pocos los meses que faltan para que las calles, plazuelas y callejones, sirvan de escenario para el despliegue de actividades socioculturales, en las que habrán de participar los ganaderos del país que asistan a la celebración de la asamblea general ordinaria de la confederación nacional ganadera, que encabeza Oswaldo Cházaro.

Y mientras las patadas y pellizcos siguen dándose por debajo de la mesa, usted cuídese de aquellos que se hacen que la virgen les habla.

Hasta aquí mi comentario. Nos veremos en la próxima entrega. ■

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