La Gualdra 726 / Mundial / Futbol
México es el perfecto anfitrión hasta que se malacopea: es como el tío buena onda que si se cruza de licores ya valió todo progenitora.
Dentro del periodismo soy una vaca arriba de una palmera: no sé cómo llegué; pero la única gran diferencia es que ahora, el bovino ya hizo una casa del árbol y hasta le gusta “volar” como todos los aficionados de la Selección Mexicana.
El caso es que durante el partido Japón contra Túnez que se jugó en el Estadio Monterrey, a su res favorita le tocó corresponsalear un rato afuera del Gigante de Acero y cuando terminó, se fue a una importantísima junta de relaciones públicas con sus amigos en Barrio Antiguo, allá en tierras regiomontanas.
Después de echarse unos drinks, engentarse y estar en un estado semi etílico, se fue con sus compas a meterse en la ola de gente que celebraba la victoria nipona y vio como a casi cada uno de ellos los echaron a “volar” de manera “consensuada”, como calificó uno de sus amigos, quienes estuvieron ahí hasta que la Policía de Monterrey los corrió de la vía pública pasadas las 2 de la mañana para seguir el after en otro lado.
Lo que a esta vaquita le pareció curioso era cómo, para hacerte “volar” necesitabas portar una camiseta de otro equipo, o simplemente decir dentro de la multitud “yo quiero”, para que un grupo de desconocidos se convirtiera en soldados obedeciendo una orden tuya.
Cosas chidas que tu tío hace, por ejemplo, es en el Mundial del 86, cuando se popularizó “La ola”, a tal punto que internacionalmente se le conoce como “Mexican wave”, pese a que su primer registro de existencia fue en Estados Unidos en 1981.
Otra cosa chida del tío es aplicar el famoso “Quiere volar”, acción que dejó un sello bonito tanto en el país como en el resto del mundo. Eso sí, siempre y cuando, como dijo el amigo de su vaca amigable, sea consensuado.
Pero pues ya sabemos como es el tío buena onda y nomás duró una semana y media después del inicio del Mundial, cuando dejó de preguntar “consensuadamente” si queríamos volar o no.
Ése es el problema, la fiesta es un espacio para celebrar, no para cuidarse. El 25 de junio, cuando se dio a conocer que en Baja California un hombre atropelló a 17 personas durante un festejo, presuntamente por una crisis que le dio luego de que un grupo masivo comenzó a zarandear su auto, por desgracia, falleció 5 días después ya que la turba lo sacó de su coche y lo golpeó, sin importar que estuviera su familia presente.
Ese mismo día también comenzó a viralizarse un video en donde se vio al excomisionado de Jóvenes de Morena en Zacatecas golpear a una conductora de Uber en el Centro Histórico, luego de que a la trabajadora por aplicación no le pareciera que la multitud golpeara su coche.
O peor aún, en el juego de México contra Ecuador en el juego de los Dieciseisavos de Final, en Ciudad de México se registró una estampida humana que provocó la muerte de 4 personas.
Pero vaya, no todo es malo, tu tío, neta, es a todo dar. Tan así que vimos a muchos extranjeros besarse con las mexicanas nomás para ver si pueden aprender otra lengua con el contacto labial; los hemos visto llorar de emoción o de tristeza; llenarse con euforia y cerveza entre la multitud, creando lazos amistosos que sé, se convierten en la pieza maestra que une lo mexicano con el otro.
Y también ha demostrado que un deporte se vuelve un centro de reunión tanto familiar (como no tan familiar), que sirve de intercambio de experiencias, sensaciones, sabores, pero sobre todo de memorias, una que nunca dejará de existir.
Todo el mundo ama al tío. El problema es que nadie quiere ponerle límites y quitarle la cheve cuando ya está bien arreglado. Disfruten siempre, consensuadamente.
https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_726



