El nombre para identificar el municipio de Río Grande dentro de la narrativa mexicana es El Salitral, un pueblo en donde los lazos familiares, en vez de darnos paz, son un espacio para lo siniestro; así como planteó Alejandra Rodríguez Montelongo, joven escritora zacatecana que acaba de obtener el Premio Nacional de Cuento José Alvarado de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) con su obra Camándula de acacias.
Nacida en la mencionada cabecera municipal en 1993, Rodríguez Montelongo es maestra en Literatura Hispanoamericana por parte de la Universidad de Guanajuato. Estudió Psicología y Letras en la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ), y ha sido acreedora de PECDA Zacatecas 2022-2023 y también obtuvo el segundo lugar en el concurso “¡Nos queremos vivas!”, Premio Estatal de la Juventud, Zacatecas en 2021 en la categoría de Literatura, así como ha participado en diversos encuentros de autores a nivel nacional e internacional. Actualmente escribe la columna Stregheria: autoras fatídicas en la revista Penumbria.
Respecto a su obra de cuentos recién galardonada, esta se divide en Cinco Misterios que hacen referencia a un rosario católico. Rodríguez Montelongo entrelaza las crónicas que sus familiares le contaron, ficcionalizándolas al mero estilo del agroterror y lo fantástico para relatar cómo también las imágenes sagradas pueden evocar miedo en lugar de paz.
«Es un libro que surge a partir de las historias (que datan desde 1943) que yo voy escuchando dentro de la familia, sobre todo las historias de mi abuela, pero también historias que mi mamá me contaba sobre mis bisabuelos, historias de mis tías (…). Yo aclaro que es una ficcionalización, pero para crear la ficcionalización sí quise investigar esta parte de la realidad, desde dónde venían ellos. Y algo que a mí se me hizo muy interesante es que la familia de hacendados que estuvo ahí en esa zona venía de una región de España en la cual estuvo muy presente la Santa Inquisición y específicamente hubo muchas personas que fueron acusadas de brujería. De hecho, a ese pueblo se le conocía como un lugar donde habitaban muchas brujas”, destacó la autora para La Jornada Zacatecas.
Además de visualizar el misterio que ocasionan estos elementos fantásticos, el objetivo de la autora era resignificar el paisaje de la comunidad riograndense de Francisco García Salinas y así conectar con las nuevas generaciones con la belleza y el misticismo de su tierra natal y la de sus parientes.
“Mis objetivos eran justamente ficcionalizar Zacatecas, como crear una especie de Comala, una especie de Santa María, por un lado; y por otro lado (las historias) están pensadas para ver cómo es que va creciendo ese pueblo, desde antes de su fundación hasta ya en la actualidad. Gran parte de su población se ha ido por cuestiones migratorias; es un pueblito un poquito abandonado”, puntualizó respecto al espacio en el que se desarrollan los cuentos.
Respecto a las voces narrativas que nos muestra la autora en su obra, además de que están inspiradas en lo místico, se vuelve una polifonía de visiones y de contrastes, ya que van desde la perspectiva de un hombre que quiere venganza, una mujer atrapada en una dinámica injusta, así como una tercera persona omnisciente, que más que un Dios que todo lo ve, es una especie de ánima que todo lo manipula.
Rodríguez Montelongo evoca la tradición de la narrativa latinoamericana de cómo un árbol genealógico termina siendo el futuro de los que viven en él, como por ejemplo, el pesar y sufrimiento de las mujeres dentro de núcleos de parentesco, así como la disputa de las tierras y de los castigos recibidos a integrantes del grupo solo para “salvar la reputación familiar”.
“Lo familiar es lo más siniestro que vamos a tener (…). Yo, como escritora, quería inmortalizar la voz de mis abuelos y de mis bisabuelos. Quería inmortalizar esas voces, porque creo que es la única forma en la que yo pueda dejar un cachito de mí en el mundo. Creo que la escritura es la forma en la que yo me relaciono principalmente con el mundo y quería dejar un pedacito de mi familia a través de lo que mejor se me da hacer (…). Ojalá que con estos cuentos se pudiera resignificar a Zacatecas y se le pudiese mirar y apreciar de una manera más mágica”, concluyó.
Camándula de acacias es la segunda obra de la autora. Otras de sus obras de narrativa son Canto de enredaderas y sus textos también están recopilados en antologías como Y son nombres de mujeres (2017); Todos somos inmigrantes (2018); II Antología de Escritoras Mexicanas (2019); Mañana será otro día (2020); Viejas Brujas III (2021); Poemas para bebés (2021); Diez pasos hacia un texto (2021); Raíces a una voz (2022); Cava de Historias: Antología de cuentos enófilos (2023); y El reverso de la piel (2025).



