Nueva York y Washington. En el arranque de la pasarela anual de líderes ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), el secretario general António Guterres, el presidente de Brasil y otros mandatarios enfatizaron la urgencia de la cooperación multilateral ante las crisis existenciales que enfrenta la humanidad, mientras Donald Trump amenazó con “aniquilar” a un Estado miembro, proclamó la supremacía de su nación y declaró que “al vencedor van los despojos”.
Ese contraste al comienzo de una semana de discursos de mandatarios y representantes de los 193 países miembros no augura ningún bien para la agenda mundial urgente que destacó Guterres en su última intervención como secretario general ante el llamado Debate General de la Asamblea General de la ONU al concluir su mandato a fin de año. Enumeró cuatro temas claves que determinarán el futuro del planeta: las guerras, el cambio climático, la desigualdad económica y la inteligencia artificial, pero el líder de la aún mayor superpotencia en términos militares, rechazó la existencia de unas, negó el peligro de otras e ignoró las demás.
Guterres caracterizó esta coyuntura, donde una ONU más fuerte y dedicada a cumplir sus objetivos fundacionales es más importante que nunca. Destacó que las guerras están devastando poblaciones, la emergencia del cambio climático se siente en todos lados cada día, que la desigualdad económica es más extrema que nunca y que la inteligencia artificial descontrolada puede subordinar a los humanos incluso en asuntos de vida o muerte.
Ante ello, subrayó, hay dos caminos en un planeta multipolar. “Una de ellas es un mundo caracterizado por la fragmentación y la transaccionalidad, de tensiones crecientes y desconfianza más profunda, de mercados fracturados e instituciones debilitadas, de cooperación menguante y cálculos de suma nula”, esa es la trayectoria actual.
Pero existe otra ruta: el camino hacia la multipolaridad interconectada. “Un mundo construido sobre la base de la interdependencia y sostenido por una densa red de conexiones económicas, políticas, sociales y tecnológicas, donde coexisten múltiples polos de influencia dentro de un marco común de derecho internacional y normas compartidas”.
Concluyó que “nuestro futuro común dependerá de cuán capaz sea la humanidad de gobernar el poder con discernimiento, defendiendo el derecho antes de que la impunidad se convierta en la norma, poniendo fin a las guerras antes de que éstas acaben con generaciones enteras, combatiendo la desigualdad antes de que las sociedades se fracturen, acelerando la acción climática antes de que se traspasen los puntos de inflexión y gobernando la inteligencia artificial antes de que ella nos gobierne a nosotros”. Ese es, enfatizó, el desafío en esta Asamblea.
Por su parte, el presidente de Brasil –que por tradición siempre es el primer orador–, Luiz Inácio Lula da Silva, coincidió con Guterres, al advertir que por ahora la ONU está fracasando en su tarea fundamental de evitar guerras, y señaló que 2025 fue el año en que se registraron más conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial, y resaltó el genocidio en Gaza, la guerra entre Rusia y Ucrania. Respondió a la amenaza reciente de Trump (quien la repetiría pocos minutos después de Lula) de que “amenazar a civilizaciones con extinción no llevará a la estabilidad en Medio Oriente”.
También usó su discurso para condenar las políticas del superpoder estadunidense y sobre todo rechazar el intento de imponer sus intereses hegemónicos en el hemisferio occidental, al proclamar que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”.
Afirmó que “el pueblo venezolano es quien tiene que definir su destino” y condenó “el castigo colectivo a Cuba por un embargo ilegal que ha sido condenado por la comunidad internacional”. En referencia a las exigencias de Washington sobre el combate al narcotráfico en el hemisferio, Lula subrayó que “no necesitamos un portaviones en nuestras aguas, requerimos cooperación”, e insistió en que ésa es la base de una propuesta que entregó a su par estadunidense.
Lula usó gran parte de su discurso para destacar los logros de su gobierno en lo que fue un mensaje para la contienda electoral en su país. Pero su autoridad moral como voz del mundo en desarrollo que busca otras vías de cooperación multilateral expresó parte del consenso de países no alineados presentes en la gran sala de la Asamblea General, el único lugar en el mundo donde todos los países sin importar su poder o tamaño tienen voz.
Pero el presidente estadunidense –que por tradición es el segundo orador– no sólo ignoró los mensajes de Guterres y Lula, sino que representó un retorno explícito a la visión de un mundo subordinado a un poder unilateral.
Proclamó que “Estados Unidos está de regreso” y que “nuestro poder se expande”. En su declaración más alarmante, dijo: “tengo una gran decisión que tomar, habrá un acuerdo con Irán o aniquilo a la República Islámica y lo haré rápidamente, sin darles oportunidad de matar y destruir gente y países otra vez”.
El presidente de Estados Unidos indicó que se logrará un acuerdo con Irán después de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos.
La amenaza del mandatario estadunidense de destruir a otra nación o a su régimen político es una violación explícita al artículo 2 (numeral 4) de la Carta de la ONU. Casi toda la delegación iraní abandonó la sala.
El jefe de la Casa Blanca repitió varias partes de su discurso político –al igual que Lula, ante una contienda electoral donde su partido podría perder control del Poder Legislativo– atribuyéndose una serie de logros extraordinarios, pero engañosos, entre ellos, afirmó que frenó ocho guerras, incluida Gaza, donde, aseguró, salvó miles de vidas. Insistió en que resolverá el conflicto entre Ucrania y Rusia.
Entre sus “logros” mayores indicó el de Venezuela, donde sus fuerzas armadas intervinieron para arrestar a “su dictador ilegal”, Nicolás Maduro, y que con ello firmó “el acuerdo petrolero más grande de la historia” con el gobierno interino, al enfatizar que ahora entre los dos países controlan 60 por ciento de las reservas petroleras del planeta.
Fue en este contexto que declaró que “al vencedor, los despojos”. Delcy Rodríguez lo escuchaba desde su escaño en la gran sala. La mandataria encargada tuvo anoche un breve encuentro bilateral con Trump.
Sobre Cuba, declaró que su gobierno promueve “un cambio fundamental” en la isla y reiteró que no se aceptará que sea albergue de “adversarios extranjeros que amenazan a Estados Unidos frente a nuestras puertas”.
Acusó que Cuba durante décadas se ha coordinado con radicales de izquierda y redes comunistas aquí”, nombrando al Partido Comunista de Estados Unidos, Antifa (algo que no existe como organización), y los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (entre cuyos miembros está el alcalde de Nueva York, con quien se reunió ayer) y prometió que “el comunismo nunca llegará a Estados Unidos”.
La delegación cubana abandonó el recinto en protesta por las acusaciones del republicano.



