En la más reciente edición de la revista Nexos, se publica una serie de textos muy variados sobre la transición democrática de México, con cuya lectura el lector puede hacerse una idea de lo que las personas editoras de la revista entienden por la frase “Réquiem por la transición democrática” resaltada en la portada.
En el texto inicial, sueltan la primera opinión polémica: “…para nosotros la transición comenzó de manera efectiva en 1997: después de la reforma electoral de 1996 y con el fin de la mayoría absoluta priista en el Congreso. La transición inicia con el pluralismo y la alternancia en gobiernos locales, y tiene como clímax la elección del 2 de julio del 2000 con el PRI perdiendo por primera vez la Presidencia y con la llegada de un candidato de oposición.”
Esa opinión es polémica porque no valora ni analiza los resultados de la larga lucha (20 años) de las izquierdas para sustituir el régimen del nacionalismo antidemocrático y represivo, de partido casi único. Para enfrentar a ese régimen, en 1975 el Partido Comunista mexicano, PCM, emitió una convocatoria a las organizaciones de izquierda para participar unidos en el proceso electoral federal del año siguiente, con un candidato sin registro legal a la Presidencia de la República, que a la postre fue Valentín Campa Salazar. Los argumentos de la dirección del PCM encabezada por Arnoldo Martínez Verdugo sobre la necesidad de luchar por una reforma política, una ley de amnistía y por el registro legal de las izquierdas, tuvieron un fuerte impácto entre la población progresista y se constituyeron en cimiento de una nueva fuerza que lograría la superación del nacionalismo autoritario y abriría el camino para un cambio profundo en el sistema de partidos y en la competencia electoral en México, generando condiciones para que la votación fuera suficiente para conquistar el registro definitivo del PCM y la primera fracción parlamentaria de la Coalición de Izquierda,
El primero de diciembre de 1976, López Portillo tomó posesión de la Presidencia con un discurso que no dejaba dudas de que deseaba reconciliarse con los empresarios enfrentados con el régimen, pero que también tendía puentes hacia la izquierda ofreciendo la reforma política demandada. Desde mi punto de vista, esa reforma de 1977 fue la que inició el largo proceso conocido como transición democrática de México para sustituir al régimen autoritario y de partido casi único, y la negociación principal ocurrió entre el gobierno federal y la dirección del PCM. Incluyó la promulgación de la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE) en la que se detallan principalmente los requisitos y reglas para el ingreso y participación de los nuevos partidos políticos, sobre todo de los de izquierda, en la contienda electoral. Esa decisión convirtió a ese partido y los que lo sucedieron, PSUM, PMS Y PRD, en motores del cambio y en entidades de interes público. Había iniciado el fin del nacionalismo autoritario y el inicio de la transición democrática de México, 20 años antes de la fecha sugerida en el texto de la revista Nexos.
No obstante que existía un nuevo marco juridico, el autoritarismo del PRI condujo a que en el proceso interno previo a la elección de 1988 ocurriera la ruptura de la Corriente Democrática encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, etc. y el inicio inmediato de platicas con las expresiones de las izquierdas que acordaron fusionarse en el PMS, para apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas en una histórica movilización electoral que debió generar la primera alternancia en la Presidencia de la república. Así pues, en 10 años el proceso de transición construyó una nueva fuerza política, muy competitiva, en la arena electoral de México: el PRD.
Durante la siguiente década, se consolidó el PRIAN impulzando las reformas constitucionales neoliberales, las concertacesiones para fortalecer ese bipartidismo y la creación de una red de relaciones internacionales para mantener el statu quo. En otra pista de las relaciones políticas entre partidos y ante la inconformidad por el fraude de 1988, y la insurrección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se negociaron reformas electorales en 1990, 1993 y1994. La reforma electoral de 1996 fue la mayor y más importante de todas, pues sentó bases para generar un sistema integral de justicia y equidad electoral. El presidente Zedillo había reconocido públicamente que su elección en 1994 había sido legal pero inequitativa, lo que influyó en la disposición oficial a disminuir las reticencias mostradas en otras negociaciones. Al final, él mismo la calificó como definitiva, pero ello no ha impedido nuevas reformas en las décadas recientes.
El texto en comento de Nexos considera que el arribo de Fox a la presidencia en el año 2000 constituye el climax de la transición, no ostante que a estas alturas del proceso no se pueden diferenciar el PRI y el PAN después de más de 10 años de cogobierno, ni programáticamente ni por sus políticas públicas. Y para terminar, me parece que tampoco tienen razón en indicar que la transición terminó en 2024, pués no aportan ninguna razón de peso para afirmar que “la victoria de Claudia Sheinbaum se dio contraviniendo en muchos ámbitos los principios de una democracia liberal en toda regla”. Menos mal que no fueron arbitros electorales las personas editoras.



