Madrid. Al menos 57 cuerpos fueron recuperados en las costas de Ceuta por las autoridades de España, mientras intentan volver a la normalidad después de una jornada de caos en la que el gobierno de la ciudad autónoma calcula que ingresaron de forma coordinada hasta 50 mil personas. El presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, viajó a la zona para enfrentar la crisis, junto el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, e informó que ya han vuelto de forma voluntaria a su país la mayoría de los migrantes que entraron la víspera, en total 48 mil 300.
Desde Europa crecen las voces críticas a la gestión de la crisis por parte de España, lideradas por la presidenta de Italia, la ultraderechista Giorgia Meloni, quien decidió de forma unilateral suspender la libre circulación con España.
Después de una noche de caos y nerviosismo, en la que la frontera de Ceuta estuvo cerrada a cal y canto con su vecino africano, el escenario de la peor crisis migratoria en la historia de la región comienza a despejarse: se calcula que más de 50 mil personas cruzaron de forma coordinada y sin ningún tipo de control u oposición por parte de las policías de España y de Marruecos, que se vieron impotentes ante la oleada masiva de personas que llegaron a pie o nadando hasta suelo español. Que es también territorio europeo, debido al Tratado Schengen, que permite la libre circulación de personas en zonas de la Unión Europea (UE).
De ahí que este episodio migratorio, que se asemeja al ocurrido en 2021 por los métodos de entrada y la coordinación de las personas, haya escalado hasta convertirse en una crisis política en el seno de los países europeos, con varias naciones exigiéndole a España que garantice el control de su frontera, entre ellos, Francia, Alemania, Suecia, Finlandia, Polonia, Dinamarca e Italia.
Ante la gravedad de la situación, el presidente Sánchez, que se encontraba de vacaciones en las Islas Canarias, decidió suspender su descanso y viajar a la zona para coordinar la atención a la crisis. En su primera comparecencia pública ante los medios de comunicación, el gobernante advirtió que “lo sucedido ayer rompe una dinámica de reducción de los flujos irregulares de personas. Lo de ayer es una violación a la integridad territorial de España”.
Sánchez también informó que para fortalecer la seguridad de la frontera habían “solicitado el despliegue de boyas en el espigón para crear una barrera de contención física con el fin de que desde el punto de vista administrativo se pueda repatriar en la frontera”.
Se refirió a la sentencia del Tribunal Supremo, con la que prohibió las “devoluciones en caliente” (en la frontera y sin ningún tipo de amparo legal detrás): “las autoridades marroquíes hacen una lectura interesada de una sentencia de la Corte que ha corrido como la pólvora por las mafias que trafican personas. Ha producido una avalancha de la dimensión que vivimos ayer”, señaló.
Desde Europa aumentan las voces críticas contra el gobierno español, lideradas por la italiana Meloni y respaldada ya por Finlandia y otros líderes de la derecha continental, hasta el punto de que Italia suspendió de forma unilateral el espacio Schengen con España, mientras Francia fortaleció los controles policiales en la frontera y Polonia, por conducto de su presidente, Donald Tusk, le recomendó a Sánchez “militarizar la frontera”.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, reiteró la oferta de ayuda a España ante “una situación inaceptable”, ya que a su entender “no podemos permitir que nadie entre en la Unión sin cumplir con nuestras normas. Los ingresos peligrosos deben detenerse de inmediato. Las redes de tráfico deben desmantelarse. Y las devoluciones deben ser rápidas, tal como permiten nuestras normas”.
Sánchez respondió con un mensaje en las redes sociales en el que aclaró que, según datos oficiales de las instituciones europeas, las cifras de entradas irregulares en distintos países europeos son las siguientes: en Italia, 478 mil 600; en los Balcanes occidentales, 340 mil 600; en Grecia, 259 mil 800; en España, 234 mil 760; y en la frontera oriental, 48 mil.
Por eso apostilló: “no es tiempo de dividir. Es hora de seguir construyendo una UE fuerte y unida”.



