De nueva cuenta, el pueblo mexicano se estremece; ha partido uno de sus hijos más queridos, de sus juglares más famosos en el mundo, de esos cantores que llegaron al alma y a las heridas abiertas y supo ser universal, la nueva construcción como padre cósmico, el éxito, el calor, irradiando siempre la primordial divinidad del pueblo pobre continental.
Salió de su natal San Luis Potosí en 1973 —había nacido por casualidad en Comonfort, Guanajuato, y a los 3 años de edad sus padres lo ubicaron en esa ciudad del centro del país— rumbo a la Ciudad de México y dejando una ciudad llena de tumultos, bombazos, detención de líderes estudiantiles, asesinato de líderes campesinos, persecución a navistas y sinarquistas, caciques golpeadores, policías envenenadores y, como fundamento, la tortura, una universidad hirviendo de problemas y en donde cursó casi toda la carrera de Ciencias Químicas, pero antes de partir, gana el primer lugar en el concurso de la canción Universitaria con su famosa Maldición de Malinche.
Gabino miraba a los ojos directamente, se renovaba sin parar, daba calor sin excepción alguna. Esta no debe ser su biografía ni un repaso de sus grandes hazañas; sí que en las peñas defeñas trató de inmediato con José de Molina, Antar y Margarita, Amparo Ochoa, Modesto López, Óscar Chávez, Enrique Ballesté y toda una descalza y sincera generación de juglares que proclamaron el fin de las injusticias, la inmortalidad a través del canto, cortar con el pasado para construir más lejos.
Un día nos dijo que miembros del Partido Comunista Mexicano le presentaron a dos jóvenes cantores cubanos en un hotel del centro histórico y los escuchó por vez primera y quedó maravillado; eran Pablo Milanés y Silvio Rodríguez y que estaban deseosos de que el público mexicano los conociera y es así que se presentan por vez primera en el Auditorio Nacional y junto con la primicia de Tania Libertad, la peruana exiliada en Nueva York, pero que daba también su concierto primo. Fue una cartelera de grandes cantores; ahí estábamos testificando, fue en 1976, todos bullendo de la ayuda mutua. Gabino contribuyó en mucho a ese evento.
Tuvimos muchas oportunidades de platicar ampliamente hasta las madrugadas de todas las madres del mundo, la resonancia del primer grito, el anunciar sin parar el final de la noche para la renovación continua y regeneradora, y muchos cantores de prácticamente todo el continente lo conocieron: Canadá, Estados Unidos, Guatemala y El Salvador, Nicaragua y Panamá. Se casó con una peruana a la que le dio una hija; nos contaba de la subversión de Joan Manuel Serrat financiando a la guerrilla salvadoreña o sandinista, de las traiciones de Pablo Milanés, de amoríos con hermosas guerrilleras guardando arsenales de armas en la Ciudad de México, en fin, todo un guion imparable: la masculinidad, el padre universal, la respuesta positiva.
En diciembre de 2025 nos dijo que padecía diabetes, que hacía tres años apenas se la habían detectado. Le dije que era posible revertirla, hizo anotaciones, hicimos muchos recuentos, Argentina y Zárate y las villas pobres paraguayas en los suburbios de esa metrópoli de izquierda; hubo pleito y discordias, pero siempre con el sol representado con todos los imaginarios y cediendo esos derechos a la humanidad consciente.
Gabino Palomares Gómez ha fallecido y el pueblo está consternado y canta sus canciones. Recuerdo haberlo escuchado en numerosas huelgas en todo el país: estudiantes sinaloenses, henequeneros de Yucatán, pescadores en Michoacán, cañeros en Nayarit, teatreros en Tepito, maestros en Managua, indígenas de las huastecas hidalguenses y potosinas y tamaulipecas, muchos discos, libros, casetes, CDs, documentales, entrevistas, afectos de León Gieco y Mercedes Sosa, de Alí Primera de Venezuela o los cantores de Brasil o de Chile.
Nos muestra a un personaje con verdadero talento artístico al que se le anunciaron famas y honores; como se trata de una habilidad personal y práctica hacia el arte, es además una posibilidad de trascender como escritor, poeta, músico, musicalizar obras de teatro como EL EXTENSIONISTA, es decir, recitales con gran influencia de público.
Amigo personal de López Obrador y de doña Claudia, amigo de zapateros y lavanderas, taxistas y comerciantes, de cantores nuevos, siempre con la predisposición generosa y afectiva, complaciente, que siempre proyectó optimismo y armonía duradera.
Mientras el pueblo lo despide al son de una guitarra, quedan los orgullos muy en alto, las victorias en todos los países del mundo que escucharon de sus canciones y el honor de haber sido un mexicano de su tiempo.



