La Gualdra 733 / Arte
El escenario de nuestra reflexión tiene como telón de fondo dos acontecimientos relevantes. Primer escenario, la bula emitida por el Papa Alejandro IV, la bula Licet Ecclesiae catholicae 9 de abril de 1256, escrita con la intención de integrar a comunidades y eremitas, mediante una misma estructura jurídica, y bajo la Regla de San Agustín, que contiene tres pilares cardinales, a saber: el de elegir una vida en comunidad, ser “una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios”; una búsqueda interior, elegir el camino de la verdad y el conocimiento espiritual; y finalmente, la caridad fraterna, el servicio a los demás y el desapego de los bienes materiales. Segundo escenario, el arte virreinal como dispositivo que favorece la representación de imágenes religiosas por medio de la alegoría y los símbolos. Ambos escenarios expresan el propósito de la obra de Schelte de Boetius Bolswert y su importancia en el arte novohispano.
Estamos frente a un grabado de Bolswert en el que se representa la visita de San Agustín a los monjes del monte Pisano en la Toscana, y enaltece el misticismo del obispo de Hipona. El grabado nos relata que un día, San Agustín paseaba por la orilla del mar, reflexionando sobre la compleja doctrina de la Trinidad. De pronto, observó a un niño que corría hacia el mar, iba y regresaba, afanado en su propósito, llenaba una caracola con agua de mar que vaciaba en un hoyo que había fabricado –previamente– en la arena. El niño hacía esto una y otra vez, hasta que Agustín, curioso, se acercó y le preguntó: “¿Qué haces?”. El niño le respondió: “Estoy sacando toda el agua del mar y la voy a poner en este hoyo, hasta vaciarlo”. San Agustín le replicó que era imposible. A lo que el niño le respondió, según se relata: “Más difícil es que tú trates de entender el misterio de la Santísima Trinidad”.
Conviene destacar el papel que el caracol y la caracola juegan en la iconografía cristiana, tanto en la resurrección de cristo como en la peregrinación espiritual, o en la alegoría de la vida interior retirada y replegada en Dios —como un alma que encuentra su refugio espiritual en su propio caparazón— y simboliza la paciencia y el progreso constante. En fin, cuando San Agustín sintetiza el misterio de la trinidad, por medio de una analogía, indica que “ves la Trinidad cuando ves el amor” (el Padre es el que ama, el Hijo es el amado, y el Espíritu Santo es el amor mismo que los une).
Así, al igual que el niño de la caracola, la fe es entregarse a lo invisible, “es creer lo que aún no ves. La recompensa es ver lo que crees”. Dar un salto de confianza en la oscuridad, transforma el corazón y abre los ojos del alma. En San Agustín, comprender la verdad profunda de la vida, es abrazar la fe.
Fuentes:
Enciclopedia:
https://www.mercaba.org/TEOLOGIA/Dios%20Courth/177-192.htm
Grabado:
www.odisea2008.com/2012/04/grabados-de-san-agustin-de-hip…



