Estaban afuera de la cárcel de Tlatelolco a punto de fusilar a Pancho Villa y el emocionado más nunca acobardado, se puso a llorar a borbotones, el pelotón ya estaba en ristre, fue tal la emoción del momento que el jefe militar suspende el fusilamiento. Villa fue vuelto a prisión. A los pocos días escapa con ayuda de sus amigos.
Era la segunda vez que libraba, mediante lloriqueos, la pena máxima.
Así lo relata más o menos Martin Luis Guzmán en MEMORIAS DE PANCHO VILLA y otro autor del cual no quiero ni debo dar su nombre. -No me apetece-.
Pero el escenario era magnifico: la antigua ciudad de los tlatelolcas, lugar de resistencias, espectacularidades numéricas y ultimo refugio de los aztecas ante el acoso brutal de indígenas traidores y los españoles abusados, estaba ahí como esplendido ritual de hazañas y heroísmos, quiniela de tempestades, de hechos virtuosos, de magnitudes humanas ancestrales.
Tlatelolco ante la vista de los españoles conquistadores fue motivo de buenísimas crónicas que debemos enriquecer sin llegar al alucine. Tanto Bernal Diaz del Castillo como el propio Hernán Cortes en sus cartas al emperador, relatan el alucinante mercado de mercados donde diariamente confluían mas de 50 mil personas para hacer el trueque, la venta, la compra y todo bajo el imán de los pochtecas, esos jefes indígenas magos del comercio en todas las latitudes del imperio que llegaba hasta Nicaragua y abarcaba a 25 millones de indígenas tributarios del majestuoso imperio azteca- nonoalca.
Ellos apuntaban que el bullicio de las lenguas indígenas, -idiomas nativos- era tal que se podían escuchar “a mas de una legua” lo que significaba que confluían los indios totonacas expertos en alfarería, los indígenas matlatzincas, mazatecos, mazahuas y xiximes, los huastecos y los mixtecos y ahí había de toxo moroxo: pescado fresco de Veracruz y de mil lagunas, grandes restaurants y fondas donde abundaba el guacamole, el pozole y las garnachas, las mariscadas en molcajetes gigantes con grandes cantidades de camarones, ostiones y pulpos, pescado a las brasas, tacos de merlín, de lenguado, de bagre y tilapia.
Mientras tanto, los españoles seguían maravillados con la gran cantidad de casas de masajes, barberías, tiendas de muebles, boticas y bazares de pieles y piedras preciosas y disfrutaban de ricos champurrados, chocolate con vainilla y miel, nueces y almendras silvestres, mientras asaban faisanes y codornices, pavorreales y palomas gigantes, todos embarrados con chiles y yerbas y aceites, gorditas de frijoles negros y de papa, de huitlacoche y de nopales, pinole, amaranto, tamales de dulce, de chile y de los toltecas grandes instrumentos musicales y ahí los naturales, haciendo tremendo borlote de chirimías, flautas y tambores.
Para los niños, tiendas que vendían nieves de chocolates y de pitayas y pitajayas, chicles de sabores, en especial menta y yerbabuena, palomitas de maíz de diferentes colores, palanquetas de cacahuate con amaranto y un sinfín de productos pródigos de las tierras mexicanas.
Moctezuma ya estaba preso en su mismo palacio. Habían pasado casi 5 meses en que los españoles echaban la vil weba, pero no dejaban de conspirar, descubren el famoso tesoro del huey tlatoani, tratan de escapar, los aztecas los lican, dan el wache y alerta y se desata la noche triste. Cuitláhuac había puesto en práctica sus cualidades de guerrero en grandes estacas debajo de los puentes. Ambos cayeron días después.
Me centro en lo facilote del tema: que no debemos desdeñar que en el mercado también se vendían humanos esclavos y que unos los usaban en bodas o fiestas religiosas. -familias enteras- para comérselos en grandes tamaladas o pozoles, pero idem en labores del campo o tamemes; que también se mercaban parihuelas y lanchas en la zona fluvial de los deltas chilangos de Tepito con monstruosas cantidades de excremento humano ya para el abono de sus sembradíos, que también había peyote, hongos alucinógenos del sureste, yerbas somníferas y mareadoras, frutas y flores, vestimentas de grandes bordados y colores, camas, literas, comedores, alacenas, armas de defensa, camuflajes afrodisiacos, condones antiguos, remedios caseros y pulque clandestino.
La pugnacidad entre los aztecas y tlatelolcas fue célebre hasta su fusión histórica en la llamada triple alianza -texcocanos, aztecas y tlatelolcas- contra los airados tepanecas y el señorío de Azcapotzalco y que durante años el estado militar tlatelolca quesque funcionó como un ente aislado aun teniendo ya casi 100 años del poderoso imperio aztecanoide.
En fin, habrá que investigar más y más.
Recuerdo haber visto y leído y apuntado la crónica de grandes egresados de los colegios santiagueños tlatelolcas que fundaron los franciscanos en ese territorio para los hijos de los nobles aztecas siguieran estudiando y castellanizarlos, que contaran sus historias, dieran data de códices, hazañas guerreras, linaje de historiadores, pintores y tamemes.
Los alemanes no se quedan atrás en sus fantasías acerca de los aztecas.
Nosotros nos remitimos a gran cantidad de testimonios y en libros, documentos y crónicas de muy alta catadura y rigor científico. Fuentes directas de historiografía muy bien canalizada y proyectada a través de archivos, fondos documentales y conferencias y cátedras maestras. Doctorados macuarros y léperos, lángaras, pero nunca sabandijas.
El que tenga ojos que vea, el que tenga sentimientos, jamás olvide a Tlatelolco, en su piedra y sus cenizas, las barbaries de la matanza del 68 estudiantil y popular, víctimas inocentes de oligarquías que quizás nunca vuelvan sobre la sombra mágica de los mexicanos.
Todo eso.
A la memoria de Juan Bucciero, in memorian Argentina, su pueblo victorioso.



