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¿Por qué renace el anticomunismo hoy?

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Por: Magdiel Sánchez Quiroz •

En los tiempos tan convulsos que vive hoy la humanidad, con conflagraciones bélicas ocurriendo en simultáneo bajo la amenaza de alcanzar dimensiones catastróficas irreversibles, el Departamento de Estado de Estados Unidos ha creado una nueva categoría criminal para eliminar a las expresiones políticas de izquierda acusándolas de “extremismo terrorista de izquierda”.

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Junto a representantes de 66 gobiernos supeditados a los dictados de Washington, el evento encabezado por Marco Rubio –activo impulsor del genocidio en curso contra Cuba, el país de procedencia de su familia– redita la persecución política que lanzó en su momento el senador Joseph McCarthy contra el comunismo (1950), sumando la construcción ideológica que ha significado la palabra terrorismo después del 11 de septiembre de 2001 y la más reciente logorrea de políticos de ultraderecha como Trump, Milei, De la Espriella, Bukele, Zelensky y Netanyahu.

¿Por qué poner en el centro de esta nueva ofensiva a las fuerzas de izquierda? ¿Por qué la nueva campaña político-militar se lanza contra el comunismo cuando, en los pasados 35 años, se ha repetido hasta la saciedad que había muerto?

El discurso y el documento “Cuba, la capital del comunismo en el siglo XXI”, presentado por Rubio y sus consortes en el evento, evidencia los móviles inmediatos de esta nueva construcción criminal: justificar un ataque militar contra Cuba; acabar con cualquier expresión que esté a la izquierda del Partido Demócrata dentro de Estados Unidos; criminalizar en todo el mundo las expresiones antifascistas, antisionistas, socialistas, comunistas y antimperialistas.

Está claro que no se trata de una confrontación ideológica, menos aún de una disputa en términos de la teoría política. Es una campaña político-militar que apela a la revitalización de la imagen monstruosa que, a lo largo del siglo XX, construyeron las fuerzas políticas dominantes de Occidente. Ese monstruo, más que fantasma, encasilló al comunismo como una de las dos versiones extremas de totalitarismo (la otra fue el fascismo) que pulularon en el siglo. Incluso se llegó a decir que, en tanto extremos y aplicando burdamente una noción de la geometría, el fascismo y el comunismo tendían a juntarse por una serie de rasgos compartidos como la intolerancia, el autoritarismo, etcétera.

La nueva campaña intenta ser más eficaz porque no sólo se alimenta de la figura monstruosa del comunismo que construyó Occidente, sino que también se nutre de las dos figuras simbólicas que dan sentido a la idea hollywoodense de “terrorismo”: el islamismo y el narcotráfico. Esto ayuda también a alimentar a las huestes políticas neofascistas.

Resulta que esta campaña coincide con un momento en que están en aumento los grupos neofascistas y sionistas. Los operadores político-militares de Washington están seguros de que en esta nueva cruzada no serán catalogadas de terroristas sus huestes neofascistas, porque la forma predominante de memoria que llena las nociones de tolerancia, respeto, democracia y derechos humanos en el mundo occidental no se construyó para alertar sobre las posibles mutaciones del nazismo, sino para decretarlo como fenómeno político del pasado al tiempo que encubría sus nuevas formas, necesarias para oxigenar los procesos de acumulación de capital.

Además de lo ya señalado, hay un elemento más profundo que nutre la campaña anticomunista. Las élites saben bien que, ante el escenario actual tan injusto a través del cual se han enriquecido exponencialmente y ante la intensificación de sus guerras, existe otra posibilidad, que no es la contemplación pasiva de la autodestrucción humana. Esa situación abre también la posibilidad de que las grandes mayorías se planteen, como desafío histórico, la superación del capitalismo en todas sus formas. Y eso necesariamente llevará a los oprimidos, dominados y explotados a reconocer la potencia que tienen el comunismo, el socialismo, el cristianismo popular y otras expresiones de cambio emancipador.

¿De dónde puede emerger una propuesta alternativa, sino del encuentro de los sujetos políticos emergentes con las experiencias políticas más osadas que ha gestado la humanidad? Entonces, la acusación “extremismo terrorista de izquierda” funcionará también para otro propósito: hacer creer a los potenciales revolucionarios que, si pasa por sus mentes acercarse al encuentro de las experiencias emancipadoras, deben renunciar de inmediato a ello y seguir siendo partícipes de la autodestrucción.

Por eso también el odio contra Cuba es tan fuerte. Rubio, Trump y los demás genocidas necesitan acabar con la experiencia concreta más radical y longeva –imperfecta y llena de contradicciones– que han creado los pobres de la Tierra. Es tan peligrosa, ergo terrorista, la inmensa dignidad con que se mantiene firme una nación, a pesar de los diarios sufrimientos que significa el bloqueo para la vida de todos los cubanos.

* Filósofo, coordinador de las Obras escogidas de Fernando Martínez Heredia.

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