El Dr. Miguel Moctezuma Longoria, en su artículo “Crisis estructural e histórica del modelo de la UAZ”, intenta ir más allá del “modelo cuenta chiles” de los Drs. Enrique Viramontes y Antonio Guzmán. En cierto sentido lo logra, pues su visión es sistémica y profunda. Esto último porque se remite a la historia y aquello debido a su visión holística.
Primero, establece que hay un desajuste entre las condiciones financieras y las funciones sustantivas; segundo, la universidad dejó de responder a los problemas del entorno. Sin embargo, su enfoque es erróneo en lo que constituye su explicación del problema financiero. Su teoría se remonta al rectorado del Dr. Francisco Javier Domínguez Garay y sostiene que este tomó la decisión de no enterar los dineros a la seguridad social para financiar la expansión de la universidad.
En esto hay varios equívocos que es necesario establecer. Uno de estos es que la decisión respecto a no enterar a la institución de seguridad social fue de Domínguez Garay. No fue así, pues desde el rectorado previo se dejó de hacerlo y se comenzó a incumplir con varios de los compromisos contraídos con el Gobierno federal. Es decir, la decisión de no enterar fue del grupo político, pues tanto Domínguez como Silva, Guzmán e Ibarra dejaron de hacerlo. ¿Por qué? Esta es la pieza clave. Porque pudieron hacerlo, pues la política de financiamiento del Gobierno federal permitía la gestión, hacia final de año, de recursos adicionales.
Esto mantenía la situación institucional sin cambios de ningún tipo. La deuda se acumulaba, y era tan escandalosa con 2 mil, 3 mil, 4 mil como lo será con 5 mil millones. Pero lo importante, el pasivo a corto plazo de fin de año, se cubría con dineros adicionales gestionados en Ciudad de México.
En esas condiciones no había preocupación. Pero la política de financiamiento del Gobierno federal cambia y exige reformas a la administración de las universidades con énfasis en sus sistemas de jubilación.
También yerra el Dr. Moctezuma cuando afirma que la deuda tiene por causa el crecimiento de la estructura burocrática y las contrataciones. ¿En qué consiste su error? Relaciona la cada vez más abultada burocracia con una interpretación de la reforma de 1999 cuando eso es falso, pues las dependencias de la rectoría crecieron para mantener la estructura clientelar de los grupos políticos. Y eso mismo, aunque en menor medida, acontece con las contrataciones de honorarios. Todo esto se sostuvo, tal es nuestra afirmación, mediante la gestión de recursos cada fin de año. Si se recuerda la reforma de 1999, la intención era disminuir la burocracia mediante la integración de áreas para facilitar la “circulación de los docentes”.
Ni hubo áreas y mucho menos tránsito de los profesores entre las diferentes áreas y unidades. ¿Por qué? La estructura clientelar de los grupos no lo permite. ¿Significa esto que no hay razón para modificar la burocracia? Sí la hay, y esto conlleva un acuerdo entre grupos. Pero lo que realmente acontece es otro proceso.
La generación de deuda proviene no sólo de la burocracia, sino en gran medida, y esta es otra tesis, de la jubilación dinámica. Las razones son claras: no hay ningún presupuesto asignado a esta, por lo que para pagarla se desvía de otros rubros en el marco de la autonomía.
Ese desvío ocurre porque no existe el fideicomiso necesario para cubrirla como se exige en el artículo 113 del Contrato Colectivo de Trabajo. En estricto sentido del cumplimiento de lo contratado, la universidad sólo está obligada a hacerlo si existe el fideicomiso. No existe, no debería pagar. Pero lo hace, porque los diferentes rectores son “benévolos”, prefieren apoyar a los compañeros universitarios antes que tomar la decisión de no pagarles y que se entable un juicio.
Esa es la solución jurídica. Una solución política es sentarse a dialogar para pactar la construcción del fideicomiso y medidas para evitar el crecimiento desmesurado del adeudo por jubilación dinámica. Desde el terreno de las responsabilidades, tan es responsable la rectoría como los mismos jubilados por no exigir la creación del fideicomiso y permitir que las aportaciones que hubo al mismo se hayan perdido.
Consideramos que no es tarde para resolver el problema de la jubilación dinámica, pues existe un ahorro formado tanto por la rectoría como por los jubilados en la mal llamada Fundación que permite tener un primer monto para el fideicomiso. Se puede solicitar otro al gobierno federal y con eso se tiene ya un dinero para pagar los adeudos por jubilación. ¿Cómo crecería ese fideicomiso? A través de aportaciones tanto de los jubilados como de las diferentes instancias de gobierno. Y se debe notar que tanto la rectoría como los jubilados ya aportan un 2 % conjunto que se puede subir a 4 %. ¿Cuál es la razón para proponer tomar ese dinero de la Fundación?
El mismo contrato, pues para formar el fideicomiso están obligados tanto rectoría como jubilados. Cumplir el contrato es utilizar esos ahorros para el fideicomiso. Hay otras lecturas, otras propuestas, y todas juegan su juego en el escenario de la política universitaria, pues todas conllevan una carga en favor o en contra de los grupos políticos.



