La crítica y la autocrítica son fundamentales para poder mejorar el trabajo de representación que se realiza. Muchas veces la rutina, el trabajo cotidiano y mecanizado lleva a quienes gobiernan a considerar que están haciendo bien su encomienda aunque en realidad no sea así. Hacer un alto en el camino y realizar una mirada retrospectiva con ojos de extrañamiento ayuda mucho, sin embargo, también es importante escuchar a quienes ven el servicio que se presta desde otra perspectiva, sobre todo de quienes son, o deberían ser, los beneficiarios de dicho servicio.
Generalmente los gobiernos (y sí, también muchas representaciones sindicales) son reacios a la crítica. Son por lo común, más dados a escuchar la adulación pues les hace sentir que todo va viento en popa, que no necesitan mejorar ni corregir nada, por tanto no tienen de qué preocuparse. Ciertamente son más cómodas estas voces, pero no permiten ver las áreas de oportunidad, los amplios terrenos donde se pueden construir las cosas de otra manera.
Ciertamente hay críticas que van más en el sentido de destruir que de señalar en buena lid algo que requiere mejorarse, que muchas veces provienen de grupos antagónicos. Críticas ácidas que no pretenden abonar al debate, a poner foco en algo importante que debe ser observado por todos para resolver una problemática o explorar otras formas de hacer las cosas. Esa crítica, por lo regular, va acompañada de descalificaciones y calumnias y ciertamente no merece ni distraerse en ella.
La mayoría de los gobernantes son tan contrarios a la crítica que pagan (desde luego, con dinero público) a medios de comunicación para que hablen bien de ellos y se lancen mordazmente contra quienes les son incómodos.
En un sentido similar, la protesta social es el mecanismo que ejercen en los espacios públicos algunos sectores que consideran que son oprimidos, se comete contra ellos una injusticia o no se les ha cumplido algo a lo que se comprometió la autoridad. Dichas manifestaciones son también mal vistas por las autoridades, pues sienten que les empañan su mandato. Es por ello que tratan de disuadir a los manifestantes bajo distintos mecanismos según sea el talante del gobernante en turno: con violencia utilizando la fuerza pública, buscando la división entre los manifestantes, lanzando a la sociedad contra los que protestan, desacreditando o corrompiendo a quienes las coordinan, creando grupos de choque, etc.
Al Gobierno de la República que encabeza la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, tampoco le agrada la crítica ni la manifestación. En varias ocasiones ha mostrado desagrado ante preguntas incómodas de periodistas que acuden a las conferencias matutinas de Palacio Nacional. Tampoco pudo ocultar su molestia el pasado 11 de julio en su visita a Río Grande, Zac, cuando un grupo de manifestantes de la Sección XXXIV le gritó consignas como “Claudia, mentiste, con la ley del ISSSTE”.
Es notoria también su aversión hacia la CNTE, es por ello que se niega a tener interlocución con la Comisión Nacional Única de Negociación (CNUN). Pues, como es sabido, este grupo disidente al interior del SNTE, no escatima esfuerzos para salir a las calles a exigir el cumplimiento de compromisos y el respeto a los derechos laborales de las y los trabajadores de la educación, así como en la búsqueda de nuevas conquistas. En reiteradas ocasiones ha mencionado desde la máxima tribuna que no tiene interés en reunirse con los representantes de las y los maestros que luchan, incluso ha hecho declaraciones injustas al señalar que no tendrá pactos en lo oscurito con ellos, como si se tratara de acuerdos mafiosos o deshonestos. No está de más decir que las dirigencias de las secciones de la CNTE se conducen bajo principios éticos y morales. Que su conciencia de clase les obliga a la congruencia entre sus ideales y sus acciones.
En el caso del actual régimen de gobierno, al autonombrarse como de izquierda, progresistas y de la cuarta transformación, se ven impedidos a utilizar abiertamente la fuerza pública, aunque en manifestaciones que se advierten serán masivas, la mantienen latente, utilizan mecanismos de control más sutiles y simbólicos, tales como el tratar de contener las protestas de la CNTE generando una opinión pública contraria a los mentores construyendo una narrativa en el sentido de que si se atiende su justa demanda de una jubilación digna se tendrían que eliminar los programas sociales o condicionando las mesas tripartitas y el cumplimiento de acuerdos alcanzados en ellas a la censura en los contingentes y a que se apaguen las protestas.
Se equivocan si piensan que de esa manera acallarán al magisterio digno de la CNTE. Más valdría que comenzaran a escuchar las críticas y corregir lo que sea necesario.
*Secretario General del Comité Ejecutivo de la Sección XXXIV SNTE-CNTE



