La Gualdra 732 / Novedades Editoriales
Por Diego Montoya
Preguntamos por la técnica y con ello quisiéramos preparar una relación libre con ella.
Martin Heidegger
Un conjunto de historias incrustadas en un manual o un conjunto de manuales (de vuelo, de armado de piscinas, de cuidado de herramientas) intercalados entre varias piezas narrativas, todas ellas dentro del circuito cerrado y aparentemente claro, de un gran instructivo del libro. En Un rayo azul visto desde la Tierra (Written, 2026), ópera prima del escritor Daniel Sibaja, nos encontramos con un bello artefacto de lectura y nos enfrentamos a distintas perspectivas sobre un tema omnipresente en nuestros días: la relación entre la técnica y lo humano, una tensión donde se asoma el conflicto, pero también la belleza y alguna intuición de lo utópico.
El tema que predomina en estos relatos no podría ser más actual. Aquí la limpidez de lo técnico se pone en juego con la fragilidad humana a través de estrategias y voces que evidencian, cada uno a su modo: diversos enfoques sobre esta problemática.
De ahí que nos sorprendan siempre ese abismo que hay entre un instructivo y su inconfundible iconografía que busca siempre la claridad con la realidad siempre inestable de los acontecimientos humanos. Donde desde el primer relato podemos intuir que en su narrativa no hay nada que se deja al azar, cada elemento forma parte de una suerte de incompatibilidad productiva cuyas tensiones producen un libro con varios momentos brillantes, donde Sibaja nos hace constatar que el arte y la belleza son aún posibles.
Desde el primer relato: Lecciones de natación, el autor nos ofrece una escena familiar que se va complejizando hasta el desconcierto. Con la inicial imagen de una pareja intentando armar una alberca y la interrupción de la prosa del manual de instrucciones, dos códigos semióticos (el visual y el textual). Sibaja se hace un contrapunto entre el universo preclaro de lo técnico y la imposibilidad de lo humano. En este caso las dicotomías alcanzan a la pareja y se vuelven dos universos inconciliables. Así, entre contrastes semióticos y de ritmo, Sibaja va planteando las desafecciones que devienen en la desarticulación de una pareja.
Otro de los relatos donde aparece esta tensión es: Consejos de cuidado para una SwissTool, pieza donde Sibaja nos presenta el mismo contrapunto entre la perfección mecánica de una herramienta de corte y la inevitable degradación física y moral de Frida Florez, el personaje principal. En este relato, se trabaja decididamente con lo simbólico. Una mujer rodeada de plantas que van creciendo según aumenta su hybris, su desmesura, que la lleva a cobrar una venganza radical. Nuevamente se contrasta la prolijidad de una herramienta con la debacle anímica y física de los personajes. El cuidado de la casa se vuelve el universo a través del cual percibimos los desgajamientos de las parejas y en el cual los niños quedan como presencias impotentes, observando cómo se desgarran los vínculos de los adultos.
La capacidad de Sibaja para construir tramas envolventes se manifiesta en su relato El Método Tesla, uno de los más intrigantes del conjunto, donde nos presenta la cuestión de la técnica desde una óptica esperanzadora. A través de una historia donde aparecen la invención, la fuga y el electromagnetismo como capacidad humana. La tecnología muestra su inicial promesa utópica. Este relato tiene la virtud de presentarnos, en unas cuantas páginas y desde la geografía peninsular de México: la Península de Yucatán en una época entera, con todo su optimismo galopante por lo nuevo. Aquí también Sibaja se muestra como un inventor al vincular en un circuito impensable, las cuitas de una madre mexicana del siglo XIX con la carrera en ascenso de Nikola Tesla. Cruzan en este relato tanto la errancia de carácter bíblico, los referentes de la literatura epistolar (destacada en el siglo XIX), pero también las criaturas relacionadas con lo eléctrico como la creada por Shelley en Frankenstein, sin ignorar las deidades del rayo como el crónida Zeus o las propias de la mitología maya de la que Sibaja es profundo conocedor.
En el último relato del libro, Sibaja presenta un giro. Nos muestra la reflexión por la técnica moderna, pero le da una voz humana. Se trata de El exterior de la Tierra en cualquier parte, donde a través del flujo de conciencia, un relato enmarcado, un personaje cuyas debacles emocionales tienen mucho que ver con el mundo técnico y capitalista que nos aplasta. Sibaja muestra mediante la metáfora del avión: la perfección para ese flujo de conciencia de un escritor que demuestra la imposibilidad o los retos de escribir en la época contemporánea.
Daniel Sibaja no sólo juega con los paratextos visuales de una manera convincente, sino que también la tradición literaria forma parte de ese puzzle literario que nunca termina. Celebro que Un rayo azul visto desde la Tierra es hoy publicado por la plataforma Written, donde muchos autores noveles están comenzando sus carreras a través de la descarga y la compra del libro (puedes adquirirlo en el siguiente enlace: https://written.app/book/355). En suma, esta colección de relatos es una obra con muchos momentos de asombro cuya unidad estriba en la tensión hoy innegable entre la máquina y lo humano. Se trata al mismo tiempo de una reflexión donde Sibaja muestra cómo la tecnología nos acompaña y determina, pero también cómo se vuelve una herramienta creativa y una posibilidad de liberación.
Invito con emoción a abrir sus páginas y hundirnos en él hasta leer este conjunto de relatos: una apropiación crítica de la tecnología contemporánea que permite a un creador, un inventor como Sibaja, seguir cuestionando la realidad humana.
Entrevista
Diego Montoya: Dentro de tu libro existe siempre la relación que estableces con el problema de la técnica contemporánea para escribir, hablando de esto, ¿cuál sería el dilema con la IA?, ¿cómo se relaciona la creatividad con las tecnologías generadoras de lenguaje?
Daniel Sibaja: Cuando inicié este libro apenas había ciertas Inteligencias Artificiales en desarrollo. Viví el cambio siendo profesor de adolescentes en una escuela privada donde usaban iPads en vez de libretas; siempre me causó mucha intriga que los dueños y los directores veían una biblioteca como una “bodega” sin utilidad alguna. Cuando luché contra aquella etiqueta, parecía estar luchando contra algún tipo de dictadura distópica adentro de cualquier libro de Asimov o de Philipp K. Dick. En el cuento, Gravitaciones, 2999, hice mis exploraciones sobre los patrones de aquella inteligencia en constante entrenamiento y lo que descubrí fue una herramienta para crear distintas realidades. Yo creo que en eso se basa hoy la inutilidad de nuestro oficio como escritores: aceptar este conflicto con la IA, inmersos en sus posibilidades, a través de esta nueva revolución, tal vez, sólo debemos abrazarnos en la derrota, reconfortarnos en esta nueva realidad en la que vivimos. Eso es. La escritura y los libros siempre han estado al borde de la extinción, y no sería la primera vez de anunciar su erradicación o su mala imagen. Desde siglos atrás el humano se las ha ingeniado para solventar el lenguaje salvaje de nuestra existencia. Y yo: tengo fe.
DM: En ese mismo sentido, ¿cómo dialoga tu libro con la tradición de la narrativa más vanguardista, fragmentaria o híbrida?, ¿cómo se opone a un tipo de narrativa dominante en México, donde la experimentación no es una preocupación tan evidente?
DS: No quiero llevar mi literatura a ningún tipo de discurso repetido para vender. No quiero que mi historia sea tan transparente para que me lean por vanagloria. No quiero ser transparente. No quiero. Por el momento, mi intuición me dice que la obra que escribo no se rinda. Me lo aconsejó alguien que estimo, después de un Festival de la Lectura en Mérida. Así que no desisto. Quiero disfrutar mi burbuja. Quiero sentirla explotar mucho después. Todo el tiempo hemos sido vanguardistas, seres rotos, un collage de historias. En México hoy se sigue una lista interminable de premios y de becas. Hoy se mira a los autores como héroes de la moral. Yo no soy suficiente para nada de eso. Y decidí desviarme la mirada desde hace unos años. No vivo de la escritura todavía, ni sé si lo haré. He decidido llevar mis historias a quienes de verdad apuestan por cosas diferentes. A esos ojos que no te catalogan. A ese cuerpo abyecto solitario en las calles. Después de todo, escribir no se parece en nada a la fama. Y quien disfrute de lo contrario, lo felicito. Yo no. Pido perdón a quienes he lastimado por esta obsesión, o por mis actos. Hoy soy responsable de mi vida y de mis errores. Soy responsable de mí. De mis preocupaciones. Mi literatura, en cambio, será poesía.
DM: Naciste y creciste en Mérida, una ciudad que se asoma muchas veces en tu narrativa. Ya sea como apariciones fragmentarias (El Paseo de Montejo) o como alusiones (La Emérita), o todos esos lugares de tránsito (de salvación o redención) como en el cuento El Método Tesla. Para ti, ¿qué tan fundamental es el diálogo del escritor con su ciudad?, ¿qué tan importante ha sido esa relación en tu caso?
DS: Escribo para sobrevivir, lo demás siempre me ha llevado a ser frívolo. Lo demás me convierte en un villano. Por eso, me aburre la realidad en la que me ahogo desde Mérida. Para mí esta ciudad no es un paraíso. Pero me he detenido en sus rincones más lindos a observar las historias que se cuentan, a imaginarme que sus parques son de otros mundos posibles y que su gente florece después de las tormentas. No soy nadie para decir que otros autores también se sintieron responsables. No soy ningún protagonista de la historia de la literatura por el mundo. Aunque sé de antemano que lo que me toca es escribir. Y si todos esos poetas antiguos o esas novelas inacabadas lograron derramar un poco de esperanza en alguien más, sé que mis letras tendrán que moverse en ese sentido: no soy héroe de nadie, yo sólo estoy para inventar. Y esta ciudad, por el momento, es la que me guía ciegamente. La Emérita es real para mí. Quizá los ojos que la miren aún no hayan nacido. Quizá nunca lo hagan. Me da igual. Sin embargo, yo tengo que escribirla. Eso es todo. Mantengo la fe. Y será suficiente, lo supongo.

Diego Montoya (Ciudad de México, 1991). Poeta y Maestro en Historia del Arte por la UNAM. Participante en la residencia Under the Volcano (2025).
Daniel Sibaja (Mérida, Yucatán, México, 1997). Autor de Un rayo azul visto desde la Tierra (Written, 2026), Opiniones públicas (Sangre ediciones, 2022), Montejo Boulevard (La Comuna Girondo, 2019).
https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_732




