Cambio de rumbo

Cambio de rumbo

Las campañas por la secretaría general del Sindicato de personal académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) comienzan con la derrota de la Coordinadora de Delegados ante el comité usurpador. Se demostró la desorganización imperante en el gremio y el profundo desdén, o desconocimiento, que tienen la mayoría de los miembros por su institución sindical. O quizá no la sienten suya; es un algo lejano al que pertenecen por órdenes de otro. En tales condiciones resulta necesario repensar el sindicato. Si el patrón, a través de su intrincada red de complicidades, es el factor determinante en la configuración de las decisiones de los agremiados ¿no sería mejor transformar el sindicato en una dependencia de la rectoría? No se tome esto como burla, sino como la conclusión lógica del razonamiento de muchos autodenominados sindicalistas. Vayamos por partes, expongamos las razones por ellos aducidas. La principal consiste en sostener que el rector no es el patrón “real”, además carece de capacidad de incrementar el presupuesto, y es mejor hacer equipo con la administración central para gestionar los recursos ante el patrón “real”, que es el gobierno federal a través de la subsecretaria de educación superior. Con esas gestiones de unidad se lograría el reconocimiento de plazas, un sustancial aporte dinerario para infraestructura, gasto corriente, cuotas de seguridad social en fin, para resolver el problema financiero. Si acaso llega a haber huelgas serían para apoyar, ante la SEP, las gestiones de la rectoría. ¿Qué sería del contrato? Los teóricos del apoyo irrestricto a la patronal consideran que el contrato puede seguir, pero ser letra muerta. Prestaciones como años sabáticos, duplicación de existencias de libros, cargas de trabajo con un semestre de anticipación, cuotas de seguridad social, todas ellas pueden mantenerse pero no cumplirse: la exigencia sería nominal, flatus vocis. Otro argumento es el de la “protección de la fuente de empleo”. Aquí hay dos tesis entrelazadas. Por un lado se cree que la UAZ necesita que alguien la cuide, porque si no se puede caer. Pero ese alguien no es quien la administra, sino que debe ser el sindicato. Primero, ¿por qué se puede caer la UAZ?, porque desde el sindicato se pueden hacer huelgas y “paros locos” que dañan a la institución, y eso se debe evitar: una huelga, un paro, deben ser funcionales a los intereses de todos, y quien a estos representa es la rectoría. Segundo, precisamente porque el sindicato puede desafiar a la patronal es que debe ser su guardián. Un tercer argumento se remite a la inaplicabilidad de los Estatutos. Más de un “sindicalista” se hace eco de las tesis jurídicas de la existencia de “lagunas” irremediables en las normas que, aunque vigentes, no rigen en el SPAUAZ. En resumen, tenemos tres argumentos contra la independencia del sindicato que se manejan con recurrencia: el rector no es el patrón “real, aunque sea el que haya firmado el contrato, se debe cuidar la fuente de empleo de los reventadores y los Estatutos no funcionan, es decir, la organización de los agremiados responde a otras reglas que, aunque no se sepa cuáles son, sí son acatadas. Si esto es así entonces el sindicato debe ser una oficina descentralizada de la rectoría, desde la que se manejen conflictos en bien de la universidad. ¿Por qué? Pues de acuerdo a los precedentes argumentos la función del SPAUAZ es mejorar, en cooperación con la UAZ, las condiciones laborales de los docentes. Pero esa mejora debe hacerse de consenso con los patrones, sin perturbar el orden universitario, sin parar o agitar porque eso daña la imagen institucional y entorpece la educación de los jóvenes. Lo que indica que no hay opinión independiente en el sindicato, es un elemento funcional a los intereses de la universidad. Conclusión ineludible es que se transforme en una oficina de gestión de conflictos. O mejor aún, en un elemento de la gobernanza de la UAZ, que supla los vacíos dejados por la administración central. Taltransformación está en marcha, pero quedan algunos escollos, el más conspicuo: los Estatutos. Estos están diseñados para promover la toma de decisiones con la participación de todo aquel interesado en hacerlo, aunque la experiencia indica que muy pocos quieren. Por ende resultará mejor centralizar la toma de decisiones en el comité ejecutivo, en particular dotar de amplias facultades al secretario general para evitar los enojosos desencuentros de este con otros órganos. La experiencia demuestra que la inaplicabilidad de los Estatutos y la incapacidad de la Coordinadora de delegados llevan a que la decisión sea tomada por el secretario general. Es, pues, mejor que se legalice esa situación de facto. Quedaría la Coordinadora como órgano consultivo, con opinión pero no decisión en los procesos importantes. Decidir la huelga sería asunto de los titulares del contrato, quienes saben, porque su alta posición se los permite, lo que mejor conviene a los universitarios. Si hacemos memoria, en los últimos 20 años los logros sindicales son dos: un bono posjubilatorio y un bono la primera quincena de julio, fuera de eso, nada, una situación que linda en la catástrofe organizativa y de gestión. Por eso es mejor cambiar de perspectiva.

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