Con la política económica actual vamos a una recesión prolongada.

Con la política económica actual vamos a una recesión prolongada.

No hay perspectivas de crecer hacia el mercado externo (a pesar del nuevo T-MEC), debido a que este acuerdo le impone a México comprarle más productos a Estados Unidos y a venderle menos, lo que ahondará el déficit de comercio exterior. A ello se suma la desaceleración de la economía y del comercio mundial, por lo que el comercio exterior no podrá contrarrestar la caída del crecimiento hacia el mercado interno derivado de los recortes presupuestales, como la caída de la inversión del sector privado y el no crecimiento del consumo. Por lo tanto, no habrá crecimiento hacia adentro, ni hacia fuera.

La menor demanda interna y externa, continuará aumentando la capacidad ociosa, por lo que no hay decisiones de inversión, por lo que proseguirá la tendencia decreciente de la actividad económica, evidenciando que la recesión pude ser prolongada.

La inversión bruta fija en México cayó en 4.6 por ciento en los primeros ocho meses de 2019, lo que refleja que no hay reposición del desgaste del stock de capital existente, por lo que se reduce la capacidad productiva y en consecuencia el crecimiento potencial de la economía. Ello implica que habrá menos capacidad para generar empleos productivos, como para incrementar salarios, sin que ello genere presiones sobre precios e importaciones.

Al estar el nivel de la tasa de interés (7.5%) por arriba del crecimiento del ingreso nacional (0.0%), menos posibilidades hay de que se retome el crecimiento de la inversión y de la economía. Tal situación se ahonda con la política fiscal de austeridad, donde el gobierno gasta menos de lo que recauda (excluyendo el pago de la deuda), lo cual contrae la demanda y las decisiones de inversión del sector privado.

Al disminuir la inversión pública y privada, no hay posibilidad de que aumente la actividad económica, el ingreso nacional y el ahorro, por lo que menos condiciones de financiamiento se dan para retomar la actividad económica. En igual sentido operan los recortes presupuestales, encaminados a alcanzar el superávit fisca. Ellos contraen demanda, la producción, el empleo, por lo que restringen el ingreso nacional y la recaudación tributaria, y mantienen las presiones sobre las finanzas públicas y el monto de la deuda. Al no haber gasto, no hay generación de ingreso, ni condiciones para pagar y reducir la deuda.

Por lo general la actividad económica tiende a variar menos que la caída de la inversión, siempre que haya consumo y gasto público positivo, y si las exportaciones crecen más que las importaciones, pero esta situación no se da en la economía nacional.

Al no crecer la inversión pública y privada, ni el gasto público y el consumo privado, ni las exportaciones netas, proseguirá el estancamiento de la economía, lo que evidencia que no hay sector que frene la caída de la actividad económica y la pueda reactivar.

Hay una posición generalizada de que los altos niveles de endeudamiento limitan la capacidad de gasto e inversión. El problema es que al haber menos gasto e inversión, se generan menos ingresos para hacer frente al pago de la deuda, por lo que prosigue la alta relación de endeudamiento. Mientras no haya crecimiento económico, no se podrá configurar condiciones de reembolso de la deuda.

La política económica actual de alta tasa de interés, estabilidad del tipo de cambio y austeridad fiscal, genera mejores niveles de rentabilidad en el sector bancario-financiero, respecto al sector industrial y agrícola, por lo que el capital fluye al sector financiero, a costa de relegar el crecimiento económico.

El gobierno debe cambiar la política económica para incrementar su gasto e inversión a favor del sector industrial y agrícola, y configurar mejores niveles de rentabilidad en tales sectores, para que los flujos de inversión privada se canalicen a dicho sectores, y así impulsar la producción para reducir importaciones y el déficit de comercio exterior y asegurar efectos multiplicadores internos que aumenten el empleo y el ingreso nacional, y por ende la recaudación tributaria y el monto de la deuda. De no proceder en tal dirección, la recesión económica es inminente en el 2020.

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