¿Dónde deberían estar los niños migrantes? En la escuela (tercera parte y última)

¿Dónde deberían estar los niños migrantes? En la escuela (tercera parte y última)

Las deportaciones de México a Centroamérica, como vimos en la entrega anterior, han venido en aumento y crecerán aún más. Si el presidente Obama ordena la deportación masiva de niños a Centroamérica, más temprano que tarde podríamos tener nuestra propia crisis humanitaria aquí. En todo 2013 México deportó a 8,577  niños, niñas y adolescentes centroamericanos, de los cuales 5,653 fueron no acompañados (65.9%) y a la altura de mayo de este año ya llevamos 8,007 niños de los cuales 4,230 viajan solos (52.8%). ¿A cuánto ascendería la cifra con las deportaciones?

¿Qué tenemos y qué necesitamos?

Por ejemplo, trata de responder a esta problemática la iniciativa de Ley General para la Protección y Asistencia de Niñas, Niños y Adolescentes Migrantes no Acompañados, a cargo de Amalia Dolores García Medina y suscrita por Verónica Beatriz Juárez Piña, diputadas del Grupo Parlamentario del PRD.

Esta iniciativa tiene por objeto “establecer y regular la intervención del Estado Mexicano en la protección y asistencia de las niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados, observando en todo momento el principio del Interés Superior de la Niñez”. En particular, en el artículo 9, señala que son derechos de las niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados en situación migratoria irregular, que “se identifique previamente cualquier necesidad en protección internacional y se tome en cuenta el principio de no devolución a su país de origen o de residencia, cuando así sea conveniente para el interés del niño, niña o adolescente”. Esto es muy importante. http://tinyurl.com/pkqg3ox

Pero tiene una gran debilidad: la operación de esa ley recaería en el DIF. El Programa para la Protección y el Desarrollo Integral de la Infancia, cuenta con un presupuesto que alcanza sólo 1.6 millones de pesos por estado. A través de este programa se atiende a la niñez migrante no acompañada, además de la inmersa en “riesgos psicosociales (adicciones y embarazo adolescente), trabajo infantil, explotación sexual (…) De igual manera ejerce acciones preventivas e informa a la población sobre los riesgos de las problemáticas antes descritas; promociona la participación infantil y el buen trato. Asimismo, incluye acciones para el fortalecimiento institucional del DIF mediante la capacitación del personal que opera el programa y la promoción del desarrollo de estudios e investigaciones que refuerzan la atención de calidad y efectiva de las niñas, niños y adolescentes”. (UNAM, 2010/2013)

Perdón por la retahíla, pero es para mostrar que casi hay más tareas que presupuesto, sin una concepción adecuada, acorde con un verdadero Sistema Integral de Garantía de Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, capaz de responder a una problemática compleja y de dimensiones que actualmente está lejos de combatir.

Por otro lado, ¿los Oficiales de Protección a la Infancia (OPIS), del INM, están en capacidad de determinar el interés superior de los niños centroamericanos? ¿Se aseguran de entregar al DIF a todos los niños que requieren asistencia social? (art. 29, Ley de Migración) ¿El INM promueve visas humanitarias, de acuerdo con su interés superior, de los niños que corren peligro (art. 74, Ley de Migración)? ¿El gobierno de México concede la condición de refugiado a los niños que no pueden regresar a su país por violencia comprobada? (Ley sobre refugiados y protección complementaria, art. 13).

De acuerdo los boletines estadísticos del INM, de 2010 a 2013, 23,522 niños, niñas y adolescentes han sido sometidos a la “repatriación asistida”. Es decir, todos, por encima de nuestras leyes y convenios internacionales. Evidentemente lo que se busca simplemente es la ejecución rápida de la repatriación, por encima del interés superior del niño.

Nos falta la ley general de protección a la infancia, pero también acercar las normas en el papel a la práctica en el terreno. Hemos avanzado en las normas, como la Circular No. 001/2010, pero menos en la efectiva protección de los niños. Por otro lado, el DIF todavía no garantiza el retorno seguro de los niños mexicanos de este lado de la frontera, de la misma forma que EU no lo hace con nuestros niños en su territorio. El INM tampoco garantiza la protección y el regreso seguro de los niños y niñas que deporta México a Honduras, El Salvador o Guatemala, porque México hace lo mismo que Estados Unidos con nuestros niños: se trata de deportarlos lo más rápido posible, independientemente de lo que pueda pasarles.

México está en un grave problema y el DIF difícilmente podrá abstraerse de participar, si no en su solución, sí en la manera de enfrentarlo, porque tiene trabajo pendiente aquí con los niños mexicanos y porque ya no se podrá funcionar sólo con base en la contención migratoria de niños centroamericanos, especialmente en los términos brutales en que actualmente ocurre, sobre todo si ACNUR se decide a actuar y el gobierno de Estados Unidos asume verdaderamente su responsabilidad en esta crisis.

La previsible llegada masiva de más niños, niñas y adolescentes a nuestro país, junto con la expedición de una ley general de protección y la consiguiente creación de un Sistema Integral de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, pueden ser una oportunidad para que el DIF se rehaga como institución tanto para cumplir con las obligaciones del Estado para con los niños de México, como para garantizar protección a los que vienen de Centroamérica. Puede ser una institución ejemplar, si reconoce sus límites actuales y se transforma en la ruta de lograr efectividad.

Necesitamos un Sistema que tendría que asegurar para los niños de México, lo que propone Jorge Durand para los niños de esos países: “instalaciones, maestros, becas, comedores escolares, centros de salud, campos deportivos, etcétera”, porque “la única y mejor manera de retener a la población infantil y juvenil en su país de origen es proporcionándole oferta educativa gratuita y de calidad”.

¿Dónde deberían estar en estos momentos los niños migrantes y los niños migrantes no acompañados?  “La respuesta es obvia: con sus familias y en la escuela o la universidad”, dice mi viejo amigo Jorge Durand.

¿Lograrlo es muy difícil? Sí, es muy difícil. Lo fácil es hacer lo que se hace ahora. ■

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