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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO • admin-zenda • Admin •

Una de las hipótesis que volvían atractivo, a los ojos de Gobierno del Estado, al candidato a Rector Antonio Guzmán Fernández, era que podría resultar un factor de unidad en la UAZ. Por unidad se entiende la potencialidad de unir a todos los sectores universitarios y generar mínima oposición, lo que en cierto sentido garantiza que en la UAZ se puedan llevar a cabo, sin resistencia o con resistencia insignificante, modificaciones sustanciales en su organización. Quizá los pensadores del PRI están obnubilados por la manera en la que lograron la colaboración del PRD en el pacto por México, y por eso se alían a cualquier facción que prometa la unidad. El discurso del hoy Rector, cuando fue candidato, estuvo dominado por esa idea: él representa la unidad. Había cierta verosimilitud en esa imagen porque lo apoyaron los grupos que se dicen más grandes en la UAZ: el Grupo Universidad de Alfredo Femat y el Grupo Renacimiento de Javier Domínguez Garay. La presunción de que son grandes no está infundada debido a que el desastre financiero de la Universidad en mucho se relaciona a las políticas de contrataciones y gasto que permitieron su crecimiento. El punto es que parece quedar claro que el problema de la UAZ no es político porque no se resuelve con un acuerdo entre los grupos más grandes, sino que es, ahora sí, económico y se requieren medidas de racionalidad económica. Pero también parece ser ya indiscutible que la alianza que llevó a Guzmán a la rectoría no tiene los elementos para enfrentar una problemática de esa naturaleza. Su esperanza de tener una rectoría incuestionable se nubló cuando el Gobierno del Estado, su patrocinador, “descubrió” que no tenía dinero, y que todo lo que podía hacer por Guzmán era acompañarlo ante la secretaría de Hacienda para plantear “ideas”. Así que, a falta de dinero, su juego se despliega en el sinuoso paramo de las ideas y la propaganda. Si leemos las declaraciones de Guzmán (e.g. las del 4 de noviembre de 2017 a “El Sol de Zacatecas”) podemos salir decepcionados, aunque parece ser el caso que la pretensión es que los lectores universitarios resulten asustados y vayan a apoyar a su rector en apuros, que está ansioso por encabezar un movimiento de “rescate de la UAZ”, que es una estrategia política de posicionamiento de fuerza. Y es que si leemos la referencia citada el Rector no aparenta tener ideas, no nos comunica nada relevante, excepto que las “quincenas están en riesgo” y que su administración “hace su trabajo” que parece consistir en mandar oficios a la Secretaría de Hacienda solicitándole recursos y en esperar a ver si les retienen el subsidio ordinario para actuar en consecuencia. Y ya sabemos cuales son esas acciones: no se paga la quincena y se va a México el rector con el gobernador a ver qué les dan. Por tanto la administración de la UAZ aparenta ser una administración inane, que para enfrentar los problemas económicos propone que se sigan al pie de la letra los contratos colectivos de trabajo y en hacer anuncios escandalosos como “cero contrataciones”, a sabiendas que cualquier plan de supuestos ahorros, aún si logra su cometido de ahorrar algo, no resolverá el problema financiero de la Universidad, porque, debemos aceptarlo, es insoluble en los términos planteados. Aún así el confuso intento de reinventar la austeridad con un documento pueril es algo más que la aceptación de un naufragio: es la declaración, firmada y sellada por los Grupos Universidad y Renacimiento, de que las políticas con las que administraron la UAZ ya no son viables, es la disimulada aceptación de una derrota, la de ellos, no la de los universitarios. Porque la Universidad no se reduce a dos grupos de bandoleros con prácticamente nulas capacidades académicas, sino que se vertebra alrededor de los universitarios creativos que escriben, investigan, ofrecen clases, y las mil y un cosas más que los dirigentes escamotean cuando argumentan, o fingen argumentar, que la UAZ es el sostén de 5000 familias, o que es la institución que le da “mucha estabilidad” al estado de Zacatecas. Esos son argumentos chantajistas  que pretenden convencer por el espanto y no por la razón. Apenas a dos meses de haber tomado posesión Guzmán Fernández cualquier contraste con la administración previa le resulta desfavorable, ya que Silva Cháirez nunca dejó de pagar las quincenas, y en su discurso garantizaba el pago integro del salario dejando en la zozobra las prestaciones. En esos días el comité ejecutivo del Spauaz no perdía la oportunidad de increpar al rector y de exigirle seriedad. Ante una situación peor, y un rector que tampoco informa y no ofrece salidas, el Spauaz ya no dice nada y se niega a presionar, como lo demuestra el paro al que convocó para el martes 7 de noviembre en atención a la solicitud de los emisarios de la Rectoría de que no tomara el miércoles porque ese día habría un evento. Con esto los paros quedan sujetos a las necesidades de la Rectoría, eliminándose de ellos su poder de presión. Pero quizá no deberíamos preocuparnos por esos asuntos los universitarios: son tan inevitables como la lluvia, quizá deberíamos verlos pasar. ■

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