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lunes, 22 abril, 2024
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Lecciones de piano: McEwan

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Por: ÓSCAR GARDUÑO NÁJERA •

No hay mucho que agregar en cuanto a quién es Ian McEwan, pero para quienes no conozcan a este novelista británico diremos que es uno de los mejores autores actuales. Pero no me crean, por favor. Y les pido otro favor: no crean lo que les dicen las reseñas de libros porque muchas, ya lo he señalado, son meros aparadores donde se exhibe la novedad literaria que promocionan, es decir, solo sirven para promocionar el libro y, por lo mismo, les van a decir las mil y un maravillas del libro, y hay quienes hacen caso y van a la librería, lo compran, lo leen, ¿y qué pasa?, que se dan cuenta que no era cierto, que alguien frente a una computadora les mintió con tal de vender un libro que no tenía posibilidad de ventas, que a las primeras 50 páginas, y en ocasiones menos, la historia ya se volvió cayó, o que ni siquiera hay historia, que es lo peor, o que ya se volvió tan anodina que ustedes ya roncan como bebés en la silla, en el sillón o en la cama y la novedad literaria, esa que les aseguraban era un portento, en el suelo, abierta de par en par. Por eso yo lo que les pido que lean a Ian McEwan.  

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Y si no lo creen lo tienen que leer para comprobarlo, para no quedarse con las expectativas. Ian McEwan es demasiado ambicioso narrativamente en cada uno de sus proyectos y casi siempre le funciona. Ese casi lo pongo porque tiene por ahí una que otra obra que al menos a mí se me cae de las manos, pero que incluso a un autor como él, de tal magnitud, se la perdonas. Si investigan un poco acerca de él encontrarán que entre las primeras noticias está que “The Times” lo puso en una lista, ellos que están tan acostumbrados a hacer listas de todo, de los 50 mejores escritores británicos desde 1945. Hagan cuentas. Por donde quiera que se le mire estar dentro de esta lista ya es todo un logro. Y vuelvo a insistir: quien dude, por favor, acuda a la librería: sí, por favor, busco “Lecciones de piano”, ¿sabe en qué editorial está publicada la novela, ah, sí, en Anagrama, permítame (el señor gordito va y busca en la computadora), acompáñeme, por favor (y caminan por un pasillo donde están parte de los 50 mejores escritores británicos), aquí la tiene, disculpe, ¿podría dar este cartoncito en la caja para que me cuente la venta? ¡Y listo! Empiecen a leer y apunten en una libreta las distintas cualidades de la prosa de McEwan por las que a ustedes les parece que es un muy buen novelista, de esos que en la actualidad son cada vez más escasos, y cuando terminen su lista de cualidades, le toman una fotografía y me la hacen llegar a [email protected], listo, vamos a intercambiar cualidades narrativas de Ian McEwan y juntos vamos a llegar a conclusiones aparte de las que les voy a compartir a continuación. 

De entrada parecería que Ian McEwan sitúa parte de su narrativa dentro del género de una narrativa histórica, y digo parecería porque a mí no termina de convencerme de que así sea. Sin embargo, sí sabemos que en muchos de sus entregas se ha dedicado a investigaciones exhaustivas de hechos históricos que le sirven como marco referencial para su historia principal. Él mismo lo ha dicho en varias entrevistas. Para mí, al menos, eso no lo vuelve un autor histórico. Tal vez sea un buen punto a debatir. Y esta novela, “Lecciones” (Anagrama, 2022) podría ser muy buen punto de partida, cuando la lean ya verán por qué, y luego podríamos seguir con “Expiaciones” (Anagrama, 2002), otra de mis favoritas.   

“Lecciones” (Anagrama, 2022) es una ambiciosa novela, y acaso casi todas las de Ian McEwan lo son (el “casi” es por esa malísima novela “La cucaracha”, Anagrama, 2020) donde Ian parte de una anécdota tan sencilla como lo puede ser las lecciones de piano de una maestra a un alumno, el que nos cuenta la novela, para detonar no solo una serie de periplos históricos, intelectuales, revolucionarios y sensuales y eróticos por dos puntos determinados en el tiempo que corren paralelamente en la estructura de la novela. Ian McEwan sabe suficiente de lo que habla cuando escribe una novela y por eso es que tantas novelas suyas se han adaptado al cine: les da tanto contenido, les da tanto soporte, que cuando uno lo lee, a McEwan, parece que no lo lee, sino que en realidad está viendo una película o una serie en alguna de las tantas plataformas de streaming, porque su capacidad narrativa está en revestir anécdotas que pueden parecer hasta sencillas y simples con descripciones que las dotan de una profundidad en la que el lector se hunde y se pierde durante la lectura, y esto que señalo, tal vez un poco más detallado y luego de ser explicado con dos o tres estructuras en un pizarrón, es lo que podríamos denominar el método McEwan, porque quien frecuente su propuesta narrativa sabe que hay ciertos elementos técnicos que casi siempre emplea en cada una de sus novelas o a los que recurre en más de una ocasión en sus propuestas. Y claro, “Lecciones” (Anagrama, 2022) no es la excepción: hay párrafos de una belleza absoluta, de esos en los que conviene detenerse, marcarlos, y leerlos una y otra vez y en voz alta; intentar, aunque claro que nunca se consigue, comprender la magia de la construcción del arquitecto, que a fin de cuentas es el escritor, es decir, ¿qué artilugios empleó para llegar a tales sonidos tan armoniosos y así conseguir la belleza?, porque sí, la belleza empieza desde el sonido de las palabras (y miren que hablamos de una traducción), ¿cómo fue que llegó a tal maquinación?, si eres alguien que busca aprender a escribir, este es un ejercicio que te dejará más de una lección: la lectura de párrafos completos que reflejan la belleza de la escritura de McEwan. 

De la trama: Alissa Eberhardt abandona a Roland Baines misteriosamente, desaparece sin darle ningún tipo de explicación, así, sin más, y eso, la ausencia de Alissa, es motivo suficiente para que Baines la persiga en el tiempo, en los recuerdos, Baines quiere así reconstruir lo que fueron, dar con algunas pistas que le permitan encontrarla, pero eso no es tan sencillo porque en ese viaje que emprende con sus propios recuerdos, y en los que llega hasta aquella maestra de piano que tanto le gustaba y con los que tuvo sus primeros inicios eróticos, se encuentra con él mismo, pero no con el que es ahora, sino con el que pudo ser y no quiso, con la sentencia última de su vida y en lo que se convirtió, una dolorosa comparación entre los tiempos, el pasado parece llegar tan solo para recordarle que en el presente no es quien quiere ser junto con los hechos históricos que marcaron su infancia, Roland es un hijo de la posguerra y su existencia y su tiempo corre junto con las sacudidas y temblores de la segunda mitad del siglo XX y los inicios del XXI; lo más importante es que durante todo este recorrido Roland busca una cosa, es algo principal, para él es uno de los puntos más importantes mientras se tortura con algunos eventos del pasado: dar sentido a su vida, ¿quién es él ahora, en estos momentos?, y es aquí donde está uno de los puntos más interesantes de “Lecciones” (Anagrama, 2022). 

Estamos hablando de un suceso narrativo: es la novela más ambiciosa de Ian McEwan y yo anhelo que sea llevada al cine o a serie. Ya han dicho los críticos que “Lecciones” va en la misma línea ambiciosa de “Expiación” (Anagrama, 2002), que sí fue llevada al cine “Expiación” (dirigida por Joe Wright, 2007), o de “Chesil Beach” (Anagrama, 2009), también llevada al cine “On Chesil Beach” (dirigida por Dominic Cooke, 2017). 

Así que Ian McEwan son de los pocos narradores que realmente entregan historias en sus novelas, que saben escribir novelas, que saben contarlas, y me parece que debemos aprovechar ahora que aún lo tenemos entre nosotros, que sus capacidades narrativas se encuentran intactas y que, al parecer, mejora con el paso de los años.   

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