Adaptarse o morir

Adaptarse o morir

Aprendimos de Darwin que la sobrevivencia no depende de la velocidad, la fuerza, o el tamaño de alguien, sino de su capacidad de adaptarse.

Aunque esto es permanente, vivimos quizá uno de los momentos que prueban esto de la forma más elocuente.

A cuatro millones de contagios de Covid-19 y 300 mil defunciones en el mundo, algunos de los países que vivieron primero está crisis de salud comienzan a trazar la ruta de salida.

En México, aunque falta tiempo para ello, empiezan a esbozarse también las líneas generales con las que aprenderemos a vivir.

La “nueva normalidad” le llaman, en un título que parece darle la razón a los conspiranoicos que atribuyen lo sucedido en los últimos meses a algún plan maquiavélico de dominación Mundial.
Se trata, según nos explican, de aprender a vivir con el virus SARS-COV-2 y con la posibilidad permanente -al menos hasta que no haya vacuna- de adquirirlo.

Aprenderemos, dice el Dr. Hugo López Gatell, a movernos en una nueva realidad, como en la cuidad de México aprendieron a reaccionar a los sismos con el “no corro, no grito y no empujo”, y a salir del lugar donde se esté de forma ordenada.

Así, al menos por los próximos meses viviremos pendientes de un semáforo que nos dirá si podemos salir o no, si habrá actividades escolares o no, si podemos trabajar o no.

Para algunos esto resulta la peor de las pesadillas. ¿Cómo puede planearse la vida así? ¿Cómo podrán operar los comercios? ¿Las citas laborales? Lo iremos viendo según esto avance.

Lo cierto es que empezamos la “nueva normalidad” con un proceso de desgaste que ya de por sí haría muy difícil la “vieja normalidad”, la que conocíamos y a la que bien o mal estábamos acostumbrados.

Cuando la emergencia sanitaria haya acabado, la crisis no habrá acabado del todo, probablemente miles ya no estarán entre nosotros, otros tantos estarán afectados en su salud, y muchos más serán más pobres que hace unos cuantos meses.

Miles habrán perdido sus empleos, otros habrán mermado sus ganancias, otros tendrán que usar sus ahorros para salir adelante, y muchos más tendrán que cambiar de oficio. Es verdad.

Pero dentro de ese maremoto habrá algunos cuantos que aprendan habilidades nuevas, que se replanteen sus modelos de negocio, que encuentren soluciones en las nuevas formas a viejos problemas.

En ese proceso habrá mucho que aprender, y algunos ya empiezan a hacerlo. Hay negocios de comida que se incorporan a Uber Está o sistemas similares de servicio a domicilio, o bien establecen el propio; otros agilizan mecanismos para tomar órdenes para llevar, y se esmeran por demostrar higiene y cuidado.

Inevitablemente se perderán ventas en estos tiempos, pero no necesariamente tienen que perderse clientes, y lo saben aquellos que aumentan sus promociones, le ponen más calidez a su servicio, o se esmeran por mantener el contacto con sus clientes.

En otros ámbitos se aprenden nuevas tecnologías, se flexibilidad procesos burocráticos, se agiliza la asimilación de otras formas de trabajo, y se reorganiza el reparto de labores.

La nueva normalidad obliga a tener disposición de reinventarse y de buscar nuevas maneras de lograr viejas metas.

No soy partidaria del echeleganismo barato ni del optimismo ingenuo. Lo peor sanitaria y económicamente está por venir, es verdad. Pero centrarse en el problema y aferrarse a la nostalgia poco servirá para lo que se avecina.

Eso no tendrá remedio, lo que sí lo tiene es la actitud con la que esto podría tomarse. Hoy, dentro de esta tormenta se han construido nuevos puertos.

Hoy México ha multiplicado por seis su capacidad hospitalaria, se han echado a andar 10 nuevos hospitales en tiempo récord, se contrató a más de 500 elementos de personal sanitario, y se reivindicó la importancia de la salud pública.

Hoy, como quizá hacía mucho no sucedía, la gente volvió a comprar en las tiendas de la esquina, muchos comercios se actualizaron facilitando otras formas de pago distintas al efectivo, establecieron servicio a domicilio, y algunos conocieron las posibilidades de vender por internet.

Mucha de esa creatividad de sobrevivencia será más necesaria que nunca en los meses por venir. El tamaño del reto aún se desconoce, pero este deberá enfrentarse con la mente en Darwin: adaptarse o morir. ■

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