Productos milagro; tan cerca del riesgo y tan lejos de la esperanza

Productos milagro; tan cerca del riesgo y tan lejos de la esperanza
La gente adquiere “productos milagro” en negocios pequeños o grandes ■ FOTOS: ANDRÉS SÁNCHEZ

■ Son sustancias con aparente finalidad sanitaria, pero que debido a muchos de los componentes que los conforman pueden suponer un riesgo para la salud

■ Entre los años 2009 y 2012 se dio un boom de los llamados “productos milagro”, mediante la televisión, ventas a domicilio, por Internet o comercio informal

■ Hicieron creer a la gente que podían curarse de cáncer, enfermedades de la próstata, la diabetes, mejorar el rendimiento sexual, perder peso en pocas semanas

■ “No es el deseo de ser bella lo que está mal, sino la obligación de serlo o tratar de serlo”: Susan Sontag, escritora

 

¿Quién fijó la frontera entre lo que es hermoso y no? Dicen que lo que conocemos por belleza no es más que una construcción social que se cimentó debido a la imposición de estereotipos. Para los griegos la belleza era una virtud, casi la excelencia; y a pesar de que distinguieron entre la interior y la exterior, siempre esperaban que las dos tuvieran una correlación. Sócrates era la excepción, porque su inteligencia difería de sobre manera de su rostro. Era feo, aseguraban. En cambio su discípulo Platón (cuyo mote significaba “el de espaldas anchas”) cumplía el ideal.

Pero con el paso de los siglos y los años, la belleza se convirtió en una convención que además se le atribuyó en gran medida a sólo uno de los sexos, a la mujer, que pronto por querer alcanzar el ideal comenzó a tener en la belleza una forma de auto opresión. “No es el deseo de ser bella lo que está mal, sino la obligación de serlo o tratar de serlo” diría la escritora Susan Sontag cuando la revista Vogue le pidió que escribiera sobre la belleza de la mujer.

Las mujeres son educadas para ver sus cuerpos en partes y para evaluarlas de forma separada, escribía Sontag. Senos, pies, caderas, cintura, cuello, ojos, cutis, cabello, cada parte del cuerpo femenino era sometido a un escrutinio estricto y aunque lograran el ideal, siempre encontrarían defectos que corregir. Afortunadamente con el paso de los años se entendió que estas convenciones eran absolutamente arbitrarias y hoy se están redefiniendo los conceptos, tanto que personajes como la narradora francesa Virginie Despentes afirme con cierto humor que “yo como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss”, sin embargo la búsqueda del ideal de belleza ha tenido sus consecuencias y una de ellas es arriesgar la salud e incluso la vida.

Entre los años 2009 y 2012 se dio un boom de los llamados “productos milagro” que mediante la televisión, ventas a domicilio, por Internet o comercio informal, hicieron creer a la gente que podían curarse del cáncer, de las enfermedades de la próstata, la diabetes, mejorar el rendimiento sexual o bien, perder peso en pocas semanas con productos de procedencias y componentes diversos que, sin embargo, no estaban regulados y que encendieron las alertas en varios estados de la República para comenzar a controlarlos e incluso intentar legislar en torno a sus ventas y elaboraciones.

Los llamados “productos milagro”, “medicamentos milagro” o bien “productos frontera” en razón de que oscilan entre el suplemento y el medicamento, son sustancias con aparente finalidad sanitaria pero que debido a muchos de los componentes que los conforman pueden suponer un riesgo para la salud de los consumidores.

Muchos de ellos carecen de reconocimiento o legalidad y para sortear esta falta los comerciantes los suelen vender como productos nutricionales, hechos con base en elementos naturales benéficos para el cuerpo y con propiedades saludables que pueden fungir ya sea como suplementos alimenticios o bien como complementos dietéticos, pero su etiquetado es ambiguo, engañoso y carece de información importante para el consumidor.

De acuerdo con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), constituye un error utilizar el término de “suplemento alimenticio” para estos productos, pues en el fondo existen diferencias importantes, y es que de acuerdo con la Ley General de Salud en materia de productos y servicios, los suplementos alimenticios son “aquellos a base de hierbas, extractos vegetales, alimentos tradicionales, deshidratados o concentrados de frutas, adicionados o no, de vitaminas o minerales, que se puedan presentar en forma farmacéutica y cuya finalidad de uso sea incrementar la ingesta dietética total, complementarla o suplir algún componente, no pudiendo estar compuestos únicamente de vitaminas y minerales”.

Para los suplementos alimenticios, no se requiere un registro sanitario, sino que basta con presentar un aviso de funcionamiento ante la misma Cofepris en el que se defina el producto, se indique el nombre del mismo y se identifique la empresa o persona física que lo produce, comercializa y distribuye. Además, no ostentan en sus etiquetas o presentaciones, fotografías o imágenes de órganos humanos o siluetas corporales, ya que no deben hacer ofrecimiento de cosas que no pueden cumplir.

En cambio, el “producto milagro”, dice la Cofepris, puede ser identificado por el consumidor debido a la etiqueta o publicidad, ya que se presenta como remedio para padecimientos de manera rápida y con nombres alusivos a enfermedades u órganos humanos. En sus etiquetas de venta contienen fotografías o imágenes del cuerpo, o bien, de cintas métricas cuando son para la disminución de grasa corporal o de peso. De ahí que la comisión encargada señale que es importante distinguir entre “suplemento alimenticio” y “producto milagro”.

Allende a las convenciones de la belleza y la búsqueda del ideal estético del cuerpo, el boom de dichos productos obedeció también al crecimiento de enfermedades como la diabetes, la hipertensión o bien como alternativas por llevar estilos saludables ante una acelerada vida cotidiana, por lo que, señalan especialistas del tema, también es responsabilidad de los consumidores puesto que si no hay oferta, no hay demanda.

De acuerdo con el doctor William González Serrano, jefe del Departamento de Vigilancia Sanitaria de Productos y Servicios de la Cofepris en Zacatecas, el uso de este tipo de pseudo medicamentos se debe en gran medida a la imposibilidad de la gente de recurrir con un especialista médico, pero también por el desconocimiento o por la creencia o la fe de las personas de que sí sanarán. Sin embargo, asevera el funcionario, pueden poner en riesgo su vida si no recurren a un especialista para un verdadero diagnóstico. Usar estos productos, dice, pueden llevarlos a la muerte.

¿Cuáles son los daños que pueden ocasionar los productos milagro? Según la revista de difusión científica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) www.comoves.unam.mx además del primer daño que es el económico, utilizarlos conlleva a distintos riesgos sanitarios, puesto que se caería en la autorreceta y por ende en el abandono de tratamientos médicos eficaces y en algunos casos dietas saludables, para sustituir todo por productos milagro.

Según ha constatado el Centro Nacional de Farmacovigilancia de la Secretaría de Salud a nivel federal, entre los efectos ligados por el uso de productos milagro para adelgazar, a los cuales están más ligadas las mujeres de entre 30 y 50 años, pueden ser leves, moderados o graves y que pueden manifestarse en forma de insomnio, nerviosismo, cólicos, arritmia, calambres, ansiedad, diarrea, mareo, náuseas, prurito, temblor, vómito, incremento del apetito, alteraciones del hígado, inflamación de la piel, malestar general y dolor abdominal, de espalda o cabeza.

Por otra parte, los hombres consumen más productos para combatir los padecimientos de la próstata, entre cuyos ingredientes hay compuestos naturales dañinos, como son el Prostamax y Prostaliv, ya que ambos contienen el llamado “palmito salvaje” de la familia de la palma, que está clasificada como tóxica a nivel internacional. El utilizarlos puede conllevar a la distensión abdominal, flatulencias e irritación peritoneal.

Investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) encontraron también que el compuesto llamado “silimarina” que aparece en los productos contra la diabetes o males crónicos, en efecto sí ayuda a regenerar las células pancreáticas dañadas por la diabetes, pero sólo en animales de experimentación, por lo cual el uso en personas puede generarles vómito, náuseas, mareo, dolor abdominal y urticaria.

De acuerdo con la Cofepris, la producción, distribución y comercialización de este tipo de productos se suele hacer de forma clandestina o bien, poco transparente, pues carecen de registro sanitario y de aviso de funcionamiento, de ahí que la mayoría de sus comercializadores los ofrezcan en la informalidad, a domicilio, o bien, por Internet, alejados de la autoridad sanitaria. De ahí el problema también para su regulación pues existe incertidumbre sobre los lugares donde se elaboran, pues ni siquiera llegan a ser laboratorios sino plantas clandestinas con nulo control higiénico, por lo que es difícil localizarlos y fiscalizar a los fabricantes, puesto que sus etiquetas no especifican esos datos, de manera que son las autoridades quienes deben rastrearlo.

William González Serrano, informa que la Cofepris aquí en Zacatecas realiza vigilancias sanitarias en las distintas jurisdicciones a los establecimientos que puedan vender este tipo de productos, pero también las realizan mediante un monitoreo constante en redes sociales, o bien, cuando desde la Federación les alertan de un producto en específico para que realicen el rastreo.
De acuerdo con el funcionario estatal, los llamados “productos milagro” incurren en anomalías cuando se les atribuyen propiedades terapéuticas, propiedades curativas o tratan de engañar a la población al decir que curan ciertas enfermedades o carecen de ciertos datos en cuanto a su etiquetado.

El proceso a seguir después de la notificación, detalla Serrano, es la vigilancia, luego el aseguramiento del producto y el posterior enlistado del mismo. Acto seguido, éstos se pueden destruir o bien regresar a su destino para que sean los mismos fabricantes quienes los destruyan, aunque esta opción es más complicada, explica, porque los productos, como se mencionó, no traen los datos de fábrica o los domicilios donde los elaboraron.

Tener un censo bien elaborado de los lugares donde los venden es complicado a decir del especialista, por lo que la Cofepris se avoca a asistir donde ya se tiene un testigo o bien donde la misma gente que los consume se acercan a hacer la denuncia. En Zacatecas, dice, se venden sobre todo en el comercio informal, puesto que los negocios establecidos conocen un poco más la normatividad y saben de las sanciones a las que pueden estar sujetos.

Zacatecanos, entre la pérdida
de peso y la potencia sexual
Aquí en Zacatecas se oferta una gran variedad de productos para bajar de peso, para curar la diabetes, la presión arterial y la menopausia, pero lo que más busca la gente son los productos para bajar de peso, dice Guadalupe Ponce, quien años atrás estuviera al frente de una tienda naturista.

El que más se vendía, recuerda Ponce, es el T-lirol kilos mejor conocido como “quita kilos”, un producto con presentación de cápsulas y gel que era comprado en un 90 por ciento por mujeres, y que según los clientes sí daba resultados y lo recomendaban a más personas, pero el resultado, detalla la ex comerciante, variaba dependiendo del metabolismo de cada persona.

Otros productos con buena demanda relata Ponce, era el llamado Jugo Noni para contrarrestar el cáncer, el cual su precio oscila entre los 700 pesos por litro, pero a pesar del gasto sí era muy requerido; y también, destaca, los que supuestamente mejoran el rendimiento sexual o combaten la impotencia, entre ellos Maca Sex y Mosca española.

A pesar de que la empresa para la que trabajaba Ponce tenía su propio laboratorio y sus productos estaban registrados ante la Cofepris, menciona que una ocasión llegaron los de la dependencia y decomisaron todos los productos que estaban hechos con base de alcachofa y los llamados Hongo michoacano, elaborados con una planta de supuestas propiedades para combatir los tumores y las inflamaciones, pero que debido a su riesgo sanitario fue retirado completamente del mercado hace algunos años por la propia Cofepris, y que le fueron retirados, según le dijeron, por supuestos daños renales en los consumidores.

Ponce, quien se surtía con proveedores de la Ciudad de México y Guadalajara, señala que el problema también es que dentro de este tipo de mercado se produce la piratería, la que es claramente identificable debido a la falta de sellos y el mismo envasado, aunque asevera que esto pocas veces le importa al consumidor y no toma precauciones.

Los “productos milagros”
ante la legislación
A pesar de que los riesgos latentes por el uso de este tipo de productos son evidentes, muchos de ellos siguen permaneciendo en el mercado y la legislación para su control parece cada vez más complicada debido, entre otras cosas, a la falta de metodología de investigación y a la insuficiencia de presupuesto para lo mismo, lo que conlleva a tener un marco jurídico insuficiente y, por ende, huecos legales que son aprovechados por los fabricantes y comerciantes para continuar con los negocios.

Actualmente en Zacatecas, a decir de la doctora Rebeca Domínguez Frías, jefa del Departamento de Verificación Sanitaria de Insumos y Servicios de la Cofepris, actualmente no se tiene una alerta sanitaria de algún producto milagro, aunque recalcó que todos se pueden tipificar como de riesgo, de ahí pues que la dependencia esté en constante vigilancia y monitoreo.

Mientras tanto, la Cofepris recomienda que el consumidor debe cerciorarse al adquirir estos productos, en detalles como quién es el fabricante, si tiene un domicilio establecido, qué ingredientes tiene y sobre todo que el producto no se atribuya propiedades terapéuticas o incurra en imágenes de partes del cuerpo o de órganos.

Asimismo, se establece que para no confundirlos con suplementos alimenticios, éstos no deben contener hormonas, yohimbina o efedrina. Además los “productos milagro”, a pesar de su publicidad engañosa, pueden ser identificables si su presentación incluye leyendas que aseguren que la pérdida de peso está garantizada en poco tiempo, que según laboratorios o universidades inexistentes los avalan o que eran utilizados por indígenas de alguna región, pues no hay constancia de ello.

Hasta el momento, la Cofepris gracias a sus acciones de vigilancia en puntos de venta, almacenes y fábricas de “productos milagro” ha realizado 140 operativos en todo el país y decomisado más de 2.5 millones de piezas irregulares evitando con esto que se encuentren al alcance de la población, por lo que invita a que si alguien conoce algún punto de venta o ha padecido daños en la salud por el uso de estos productos, acuda a la dependencia, pues esto facilitará la tarea de trabajar por la salud.

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