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Con los niños No

Con los niños No

La posibilidad de tomar una fotografía que acapare las portadas de los periódicos de mañana no está ya vedada para los profesionales de la lente que gastan miles de pesos en equipo, y muchas horas de trabajo en preparación y aprendizaje.
La caprichosa oportunidad de tomar la instantánea noticiosa está al alcance de cualquiera en una sociedad cada vez más habituada a documentar gráficamente lo mismo el platillo que está por comer, que el parecido que tiene alguien famoso con una persona que encuentra en el transporte público.
En ese contexto, a nadie sorprende la facilidad con la que alguien pudo fotografiar al hijo del presidente electo en un triciclo motorizado que le permite moverse con ligereza en las inmediaciones de su escuela, luego de las fracturas que vivió hace unas semanas.
Lo que sí sorprende, es que El Universal haya encontrado en ello noticia, y que le pareciera prudente dedicarle unas cuantas líneas a tan irrelevante momento.
En respuesta, Beatriz Gutiérrez Müller, madre del pequeño, respondió con un seco y elegante tweet que decía “Con los niños no”, reclamando, como antes ya lo había hecho, que se mantuviera a su hijo fuera de las críticas y del golpeteo político que llueve contra su esposo. El apoyo que recibió fue notorio.
No es la primera vez que sucede esto. Antes ya se criticó también que la atención médica que recibió Jesús Ernesto -como se llama el menor- por la fractura, fuera en un hospital privado bastante oneroso pero al alcance de muchísima clase media gracias a los seguros médicos. Sea como sea, hasta donde sabemos la cuenta no fue pagada con recursos públicos y aunque el padre sea el principal promotor de la austeridad, siempre ha manifestado que se refiere al uso de los recursos públicos, y no una condena a quien tiene dinero bien habido y por tanto tiene derecho a gastarlo como le plazca.
Ahora que cada vez se asume como acto de irresponsabilidad hacer uso de las imágenes y los nombres de los hijos del blanco en cuestión para hacer crítica política, no tarda en responderse que lo mismo sucedía con los hijos de Enrique Peña Nieto, aunque en la mayoría de las críticas el tema en cuestión era el dispendio de recursos públicos para el entretenimiento y los lujos privados, lo cual tendría que seguirse señalando.
No obstante, nadie podría negar que ha habido ensañamiento contra los hijos de políticos, incluido Peña Nieto, Vicente Fox y hasta Donald Trump, pero sería absurdo pretender permanecer en el error solamente porque ya se ha cometido antes.
Un problema similar se dio en el terreno local cuando un periodista utilizó una fotografía que incluía a la hija del mandatario estatal para hacer una crítica al gobernador. Ante ello, en privado se dio una protesta de la madre de la pequeña quien pedía que se utilizara una fotografía distinta en la que no estuviera la imagen de su hija.
En esta nueva cultura política en la que esperamos superar las imágenes de la prensa rosa (no obstante el primer gran resbalón en la materia), y ver a nuestros gobernantes manejarse en un tono más republicano, es deseable para todos, seamos del color que seamos, que la imagen de los hijos de los políticos, en especial los menores de edad, sean parte del discurso verbal y gráfico.
Pero por mucha conciencia social que se haga en el tema, por muy estudiado que estén los datos personales y por muy enraizada que esté la obligación de mantener fuera de la discusión política a los menores, nada será suficiente si no son los padres de éstos los primeros en dejarlos fuera de la atención pública.
Nadie pide que se les excluya de las actividades laborales de los padres, inevitablemente los acompañarán de vez en cuando en actos públicos (hasta por su propio cuidado), pero no significa que por ello se les deba dar un papel protagónico y se les ponga a cantar o cortar listones.
Tampoco tendrían por qué aparecer en spots de campaña o en páginas oficiales como esta https://indyce.zacatecas.gob.mx/pdf/PED_2017-2021.pdf (ver página 6), no sólo el ofensivo y patético talante monárquico que en eso conlleva, sino por su propia seguridad y su derecho a la intimidad.
Puede ser difícil de creer, pero si comienza en casa a mantenerse como privado lo que es de esa condición, los de fuera terminarán por comprenderlo y hacerlo inadvertidamente. La familia de Felipe Calderón y Margarita Zavala son prueba de ello, ¿o puede usted recordar el rostro o nombre de los hijos de este matrimonio panista de tal importancia que ya vivió en los Pinos? Yo tampoco. La discreción y prudencia en el uso de sus imágenes los mantienen ahora fuera del centro de las críticas a sus padres. Y por ellos y por todos, qué bien que así sea.

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