Andrés Iniesta. Ser quien soy, en el mejor equipo del mundo

Andrés Iniesta. Ser quien soy, en el mejor equipo del mundo

La Gualdra 312 / Libros

Demasiadas cervezas, le dije en ese momento.

Aseguraba, Javier García-Galiano, que Andrés Iniesta era el mejor jugador del mundo.

Era una tarde de 2 mil nueve y sí, eran ya muchas cervezas, las de él y las mías, oscuras y claras, a cada quien las suyas.

El mejor, insistió por la quinta, el mejor, por la sexta. ¿El mejor?, me convenció en la séptima, si bien quedaba en mí un pequeña duda.

La que desapareció después, otras tardes. Una en especial, con menos cervezas, cuando Iniesta, ése que su ex compañero Neymar dice que “parece brasileño, un jugador de los de antes”, anotó frente al Chelsea, en Stamford Bridge.

Gol que le permitió a su equipo, el Barcelona, pasar a la final de la Champions de ese año.

El mejor del mundo.

¿Una prueba más en el tiempo?

Cuando marcó en la final del mundial, el 11 de julio de 2010, ante la selección de Holanda.

El mejor del mundo. Si bien no el que vende más camisetas, el más galán, el que anota más goles, el que cobra más.

 

Fácil y bien

Dicen que en gustos se rompen géneros…, que cada quien cuenta su historia según le va en la feria…, que de lejos se ve más cerca… y cosas por el estilo.

Que en una sociedad democrática el futbol bien puede ser la representación más acabada de ella misma. Y que en ella se contiene todo.

Digo que si tengo al alcance un libro como Andrés Iniesta. La jugada de mi vida. Memorias, mal haría si dejo de lado lo ahí expresado por personas tan cercanas al futbolista, el mejor del mundo, que ahora mismo compiten junto a él por destacar en esta vieja práctica humana llamada futbol.

Dicho por Messi, también su compañero en el Barcelona, le viene bien a los dos, digo yo:

“Desde que llegué al Barcelona oí hablar de Andrés. No lo conocí en la Masía. Yo iba a comer allí, pero apenas nos cruzábamos porque él ya cursaba bachillerato, nos llevábamos tres años. Después lo veía más en los entrenamientos, pero siempre ha sido el mismo, la misma persona y el mismo jugador […].

“Siempre lo he visto con la pelota pegada al pie. Me he acostumbrado a verlo así. Lo hace todo fácil y bien. A veces puedes pensar que no hace nada, pero resulta que lo hace todo. En él todo es diferente. Lo más difícil en el futbol es lograr que cada jugada parezca sencilla, fácil, como si no costara nada, ningún esfuerzo”.

 

Ser quien soy

Puede ser la naturalidad con la que se ubica en cualquier parte del campo de juego, muchos metros cuadrados en realidad. La facilidad con la que se desplaza de un sitio a otro, sin perder en ningún momento la ubicación ideal para estar cerca del balón. O la plasticidad de sus piernas, y esa especie de imán que las rigen para nunca separarse del balón…

Tres atributos a incorporarse a la ya repetida afirmación. El mejor del mundo.

En todo caso, a Iniesta, nacido en un pueblo de Albacete, España, en 1984, ya se le nombra al lado de otros de sus contemporáneos, tal vez más mediáticos, éstos, el mismo Messi y Cristiano Ronaldo.

Por no traer a cuento a los obligados Kubala, Di Stefano, Pelé, Maradona, Beckenbauer, Cruyff… y el caso de “ser quien soy —lo dice con cierta humildad— en el mejor equipo del mundo”.

Cosa muy sencilla, según él, “tener una buena técnica, ser intuitivo, hallar los espacios y lograr que el equipo (¡diez participantes más!) te acompañe en la jugada cuando atacas, señal de que tienen confianza en ti y de que el adversario retrocede”.

Especie de manual de funcionamiento que parte de al menos cinco exigencias básicas para ser buen un jugador de futbol en estos tiempos, enumeradas también por él: “la rapidez en la toma de decisiones; la calidad del pase; la capacidad de frenar y acelerar; la habilidad para el control orientado y el cambio de orientación”.

Cuestiones, ciertamente técnicas, de las que habla Iniesta en éstas sus memorias adelantadas (debutó como profesional en 2002).

También de las preocupaciones más personales a las que comenzó a enfrentarse, siendo un niño, para abrirse un camino en los terrenos de este globalizado deporte, “cosas tan comunes”, dice.

Pasos en la historia de un profesional en activo que comienza en su pueblo, pasa por los años de su casi internamiento en la llamada Masía, la escuela del club Barcelona, y se extiende a sus mejores temporadas portando esas misma camiseta y la de su selección, con la que se hizo campeón del mundo en Johannesburgo.

 

Escuché el silencio

¡Cuántas estampas de un solo jugador en un libro!

De eso se trata, dicen los editores. “El libro de Andrés” que uno bien recibe no del todo acostumbrado a encontrar en el mercado editorial este tipo de obras. Contenidos y continentes, bien escritos, por otra parte, que arrinconen los análisis frívolos, interesados y superficiales con los que nos suelen recetar las cadenas televisivas.

“El gol (dice Iniesta acerca del ya citado en contra del Chelsea, 2008) no es lo que se ve por televisión. Se parece, pero no es así.

“Ése es el gol que ve la gente. Desde donde yo estaba, la perspectiva era otra. La sensación en el campo es irrepetible. Quiero decir que es un gol muy mío, que sólo lo he metido una vez. No sé cómo explicarlo, me resulta muy complicado describirlo. No encuentro palabras. Todo lo que había a mi alrededor quedó congelado durante unos segundos.

“Y escuche el silencio… Sí, sé que puede parecer contradictorio, pero el silencio se puede escuchar”.

 

***

Andrés Iniesta, La jugada de mi vida, escrito con la colaboración de los periodistas Marcos López y Ramón Besa, Malpaso, Barcelona, 2017, 358 pp.

* @mauflos

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_312

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