Melodrama gótico

Melodrama gótico
La Señora T. con un collar rojo, 1930. Su autor, Emil Hansen –Emil Nolde- nació el 7 de agosto de 1867 en la ciudad de Nolde, entre Dinamarca y Alemania. Así lo recordamos en La Gualdra, a 150 años de su nacimiento.

La Gualdra 303 / Río de palabras

Al despertar Cirilo Pantoja Campuzano el Tenebras corrió a mirarse en el espejo del baño. ¿Por fin se había convertido en zombi, hombre lobo, vampiro, brujo o momia? No, no había cambios. No, ninguno de ellos. El espejo reflejaba el rostro de siempre. Los vampiros no reflejan su imagen en los espejos. A los zombis les importa un carajo. Los que padecen la licantropía tienen que esperar a la luna llena. Los brujos… los brujos… usan los espejos para sus rituales… a las momias les produce urticaria verse al espejo. ¿Por qué el divino Luzbel con su infinito poder no intervenía de una vez por todas? La imagen reflejada es la de un muchachote rechoncho, cachetón y con una mirada inocentona. Un mamerto, pues. Vestido con una clásica pijama de rayitas de franela. Los pelos peinados de manguito. Las pantuflas peludas (que afortunadamente no se ven en el espejo), su vocecita suave de niño caguenche, sus lentes redondos de plástico. Al Truculento le llegó una idea de 150 watts: ¿Y si bebiera licuados de betabel? ¿O le entrara con fe a los tacos de moronga? Tenía que probar como crema de noche corazones de membrillo machacados. El Tinieblas pensó: con un gallo estaban garantizados los ojos enrojecidos. Un Alka Seltzer masticado sin agua producirá abundante espuma, la podía teñir con color vegetal verde. Con pasta de Lassar y talco estaría más blanco que un gis. El vestuario en una tienda de disfraces de jalogüin… Se compraría el libro de San Cipriano, una imagen de la Niña Blanca. No, no, no… mil veces no… sería un remedo, algo chafa, y hasta naco… aunque viéndolo bien lo naco es chido. Porque todo el mundo se va a reír de él… Y en su mera cara… Y la risa es lo que encabrona… El Siniestro Pantoja se desinfló. Por gravedad todos los pellejos se cayeron. La panza le brincó el cinturón. La papada llegó hasta el esternón. El cabello se convirtió en un ralo estropajo… La piel se cuarteo… La mirada perdió brillo… Las piernas se le enchuecaron… ¡Por los cuernos retorcidos de Satanás!

 

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