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Diálogos raciales mundialistas

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Por: JORGE DURAND •

Este Mundial se ha teñido de color, el continente más representado ha sido el africano y, además de las estadísticas futboleras, se empezaron a incluir las raciales.

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La selección francesa ha llamado la atención, no sólo por su representativo mundialista, sino por la cantidad de jugadores nacidos en Francia, que militan en otras selecciones, muy especialmente las africanas del norte y el sur.

Para no ir muy lejos, el máximo goleador mexicano en este mundial, tiene orígenes genéticos africanos y bien podría formar parte de los 3.1 millones de mexicanos afrodescendientes, pero, por azares del destino, nació en la “república hermana de Colombia”.

Pero estas selecciones multicolores no son del agrado de mucha gente, aunque muchos de ellos no se miran en el espejo. Recordemos la frase racista de Mariano Rajoi, ex presidente conservador de España, al referirse a que la selección francesa “es de un altísimo nivel, eso sí, sin franceses”.

Este señor parece no haber escuchado los múltiples señalamientos de muchos de sus compatriotas que no reconocen a su selección, por tener a un seleccionado de origen africano y otro del Magreb. Uno de estos españoles racistas, dijo en un bar al ver el partido contra Francia: “un penalti que le han hecho a un moro, no me representa”.

Algunos periodistas argentinos se vanaglorian de su blanquitud, como el mentado (literal) Eduardo Feinmann, que resalta el origen “europeo” de sus jugadores, “no como los de México”.

Sin embargo, en un video que el algoritmo llevó a mi cuenta, se desata una conversación de hinchas argentinos, de un barrio popular, donde discuten sobre el caso de Lautaro Martínez, nombre de un héroe indígena de la resistencia Mapuche, y que éste no era “blanco blanco” (sic) y señalan también a Manuel Molina y Nico González, que tienen la tez cobriza, por decir algo.

La conversación los lleva a verse en el espejo y concluyen que ellos tampoco son “blancos blancos”, aunque no saben cómo expresarlo y, para remate, incluyen a Maradona en su grupo.

El mestizaje en Argentina es tan profundo como en otras partes de América, y recientes estudios genéticos publicados en la revista Nature, identifican a cuatro componentes ancestrales en Sudamérica: andino, amazónico, patagónico y uno nuevo, del centro y norte de Argentina, que es diferente y persiste “fuertemente en los habitantes actuales de la región”. Luego, este componente genético de hace 8 mil años, se mezcla posteriormente con los andinos del norte argentino y los amazónicos del Chaco.

Negar el origen indígena de muchísimos argentinos y un profundo mestizaje, demerita a toda una nación y los convierte propiamente en insufribles. Todo esto para celebrar su dudoso origen europeo, porque cuando llegaron los inmigrantes españoles e italianos, se afirmaba que éstos no eran europeos y se decía explícitamente que Europa empezaba después de los Pirineos y que los italianos del sur no eran europeos. Más aún, un dicho francés dice que “Africa empieza en los pirineos”.

Curiosamente, los máximos exponentes de la música argentina no son “europeos” blancos, más bien representan con grandeza su mestizaje. Atahualpa Yupanqui, que asume ese seudónimo, en honor al último inca, era hijo de un arriero criollo con raíces quechuas y su madre de ascendencia vasca; el “turco” Jorge Cafrune, de origen sirio libanés, era de tez bronceada; la “negra” Mercedes Sosa, era de origen humilde, su madre era lavandera y la familia era de origen indígena calchaquí y, la actual figura internacional Julieta Cazzuchelli Quiroz, mejor conocida como Cazzu, de apellidos italiano y argentino, nacida en Jujuy, en el norte, cerca del frontera boliviana y cuya sobrina se llama “Inti”, sol en quechua, por algo será.

Para rematar, en su conferencia de prensa después del partido con Inglaterra, el entrenador argentino se refirió a los jugadores como “indios, indios, en el buen sentido de la palabra, que no le tienen miedo a nada” son chicos de barrio, acostumbrados a pelear por la pelota desde los 10 años.

Paradojas del lenguaje o de la vida.

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