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domingo, 14 julio, 2024
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Crímenes de Estado

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Por: DANIEL SALAZAR M. •

Una ola de protestas en México, América Latina, Estados Unidos y Europa, se ha levantado como respuesta a la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero. La prensa internacional destaca las acciones de condena en ciudades y capitales, dando fe a un hecho relevante: el movimiento estudiantil se articula a escala mundial, al mismo tiempo que exhibe las atrocidades de un Estado mexicano en descomposición.

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Estudiantes y maestros de escuelas públicas y privadas en 18 estados en México, ocuparon las calles de 29 ciudades con un coro ancestral de protesta: ¡¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!! 25 mil personas en Guadalajara, 20 mil en Iguala y más de 50 mil en el DF…, exigieron la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos por la policía.

Y la condena continúa echando raíces entre la juventud. La UNAM, el IPN, la U de G, la UAZ, la Normal de Loreto, Universidad de Michoacán, UPN, Tecnológico, y Universidad Juárez del Estado de Durango, la Universidad Autónoma del Estado de México, campus Lerma; la Universidad Autónoma Metropolitana, grupos sociales, de la Universidad Veracruzana, las universidades de Sinaloa, Chihuahua, Nuevo León, Aguascalientes, Querétaro, Tlaxcala y Sonora, etc., se han sumado activamente a la condena y con ellos los trabajadores de la CNTE y del SME.

La agresión a los estudiantes de Ayotzinapa está conectada con otros tantos agravios acumulados y de ahí el tamaño de la protesta. Están ahí las miles de víctimas como resultado de la llamada “guerra contra el narcotráfico” iniciada por Felipe Calderón y continuada por Peña Nieto. Y más allá se encuentran las masacres estudiantiles del 68 y del 71 y los más de 500 casos de desaparecidos políticos que, desde los años 70 y 80, denunciara Rosario Ibarra y el comité “Eureka!”.

Necesario es recordar, que las Normales Rurales iniciaron durante la época del general Cárdenas y que fueron creadas para que los hijos de obreros y campesinos tuvieran acceso a la educación superior; pero que bajo los sucesivos gobiernos de corte neoliberal, el sistema de escuelas normales rurales en el país, ha venido siendo embestido al cerrarse las puertas de la  mayoría de ellas. Y es que el Estado mexicano no puede olvidar que el profesor Arturo Gámiz encabezó lo que la historia conoce como el “Asalto al cuartel Madera”, esto es, una acción insurreccional de envergadura que la guerrilla en México llevó a cabo la madrugada del 23 de septiembre de 1965, en la que una docena de campesinos, estudiantes, maestros y líderes agrarios, intentaron tomar por asalto el cuartel del Ejército mexicano en Madera, Chihuahua. Años después, la organización política/militar –Liga Comunista 23 de Septiembre– eligió su nombre en honor a los guerrilleros caídos.

Arturo Gámiz había egresado de la Escuela Normal Rural, Abraham González, de Salaices, Chih. y lo mismo en el sur –precisamente en la Normal Rural de Ayotzinapa, Gro.– estudiaron los principales líderes de la guerrilla rural de los años 60 y 70: el profesor Genaro Vázquez Rojas y el profesor Lucio Cabañas Barrientos… Habrá que agregar que a estas escuelas, han llegado lo mejor de los pueblos, los hijos de obreros y campesinos que, queriendo ser alguien y superarse siendo maestros, las condiciones de vida y la formación académica, los sensibilizaron frente a los problemas medulares del país a los que dedicaron su vida. Por eso el Estado mexicano los tiene satanizados, exhibe el desprecio que siente por los pobres y acalla la disidencia y la protesta social con métodos criminales.

No hay que dejar fuera de contexto el hecho de que tanto el gobierno municipal de Iguala, como el gobierno del estado de Guerrero, están encabezados por militantes del Partido de la Revolución Democrática, hecho que demuestra el nivel de descomposición a que ha llegado este partido. Andrés Manuel López Obrador, que rompió con esa organización y que llamó a formar –Morena— se mantiene en la misma perspectiva estratégica nacionalista con la que nació el PRD en 1989;  “un PRD-bis” para decirlo con Almeyra. El PRD pasó de ser un partido comparsa y palero del régimen (evidenciado por su “firma” en el “Pacto por México”), a un partido del sistema, ejecutor de la política nacional del Estado represor mexicano.

Cada vez queda más claro para la opinión pública, que los hoy 43 estudiantes de Ayotzinapa, son víctimas de “desaparición forzada” por agentes del Estado, hecho mismo que la ONU tiene considerado como “crimen de lesa humanidad”. Incendiar el Palacio de Gobierno del estado, el Palacio Municipal, la destrucción del local del PRD, el atacar con piedras el Congreso Guerrerense y la toma de carreteras y alcaldías, demuestra no solo que la irritación popular –la oposición real a ese Estado enemigo de la juventud– no está precisamente en el Congreso, sino que se encuentra en las calles, carreteras y en el campo; junto a los movimientos y luchas de resistencia que han roto y/o están rompiendo con los partidos del sistema, camino de la instalación de un Estado diferente, no capitalista. ■

 

www.prt.org.mx

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