Ramón López Velarde. El poeta, el revolucionario (segunda de cinco partes)

Ramón López Velarde. El poeta, el revolucionario  (segunda de cinco partes)

El historiador trata de relatar la vida de un personaje en atención a los hechos y a través de los documentos fedatarios sobre todo los de primera mano, pero narrar la vida de Ramón López Velarde cuando existen muchísimas propuestas, teorías y  la misma cantidad de autores, la complejidad se multiplica.

En atención a esta premisa señalo que respondiendo a la pregunta primaria de esta serie de artículos en relación a ¿Qué es lo mínimo que debemos saber de la vida de Ramón López Velarde?, se dan algunos nombres de quienes han escrito sobre el poeta zacatecano, además títulos de libros, para que quien desee ahondar en el conocimiento de este personaje tenga la información apropiada.

 

Sus biógrafos 

Cuando inicié la investigación sobre la vida de del poeta, quedé impactado de la inmensa cantidad de bibliografía que se ha publicado a lo largo del siglo 20 y lo que va del 21 sobre la ya reconocida vida (para muchos enigmática) del bardo jerezano. Algunos de los aspectos ciertos aunque hay otros inciertos y hasta fantásticos que se acercan más al género de lo mítico que a la realidad. Esta abundancia de materiales recalca la importancia de Ramón López Velarde en el mundo de la literatura principalmente latinoamericana, no es poca.

Así pues se presenta una lista parcial sobre los que han escrito sobre López Velarde: Allen W. Phillips, Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Juan José Arreola, José Luis Martínez y Vicente Quirarte, tan sólo por mencionar algunos.

 

López Velarde y su presencia en el contexto revolucionario

De sus biógrafos y analistas literarios y en torno a la presencia de López Velarde en el ámbito revolucionario, retomo el análisis del documento-ensayo- de Juan José Arreola denominado: Ramón López Velarde: el poeta, el revolucionario, (por cierto origen de la idea de este capítulo), publicado en México por la editorial Alfaguara en 1997. El documento es una visión de lo que Arreola extracta de la vida del poeta desde varias perspectivas: como periodista, como político para concluir en su interpretación como poeta.

En la obra se muestra una faceta de López Velarde que, aunque se juzga como “lo más débil, lo que debe ser olvidado, lo más transitorio y circunstancial” (José Luis Martínez citado por Arreola), nos ayuda a conocer un periodo muy importante de su vida: el de su filiación católica progresista y su militancia con Francisco I. Madero, desde la primera década del siglo 20.

Los autores coinciden en que Ramón conoció a Madero cuando iniciaba su lucha en San Luis Potosí en 1910. Durante este periodo, al tiempo que estudiaba Jurisprudencia, colaboró como secretario en un centro antirreeleccionista y (para varios entrando en lo mítico corre la idea de que) participó en la redacción del “Plan de San Luis”. Era un conservador moderado. Para sí mismo, era un reaccionario.

Se considera que la etapa significativa de López Velarde como revolucionario y como político sucede al final de su vida en 1920 cuando Venustiano Carranza postuló a Ignacio Bonillas como su sucesor, designación que lo enfrentó con el grupo de los sonorenses que encabezaba Álvaro Obregón, quienes se rebelaron a través del Plan de Agua Prieta (redactado el 23 de abril de 1920) y al que se adhirieron la mayoría de los jefes militares.

Sintiéndose cercado, Carranza decide emplear la misma estrategia que había seguido cinco años atrás y prepara un convoy para que transportara los archivos y las arcas federales, así como a los colaboradores más cercanos y leales para trasladar el gobierno a Veracruz. A Emilio Pacheco se considera como uno de los descubridores de que en ese tren también viajaba Ramón López Velarde, al respecto escribe: “En la Villa de Guadalupe, el asesino de Zapata, Jesús M. Guajardo lanzó contra el convoy presidencial una “maquina loca” (locomotora sin conductor). Hubo muchos muertos, López Velarde salvó la vida pero ya no quiso seguir en lo que le pareció, con toda razón, una caravana hacia la muerte”.

Como sabemos finalmente, Carranza fue asesinado por órdenes de Obregón en Tlaxcalaltongo, Puebla, el 21 de mayo de 1920. Para López Velarde significó el término de su carrera política. Obregón, había tomado el poder por un golpe militar y no por un movimiento popular.

La mayoría de los biógrafos, historiadores, poetas y críticos coinciden en que en torno a estos hechos, López Velarde escribe La Suave Patria, en donde plasma de  forma poética y magistral su pasión por México al mismo tiempo que describe su ambiente en las primeras dos décadas del siglo veinte.

Concluyo agradeciendo la propuesta del maestro Alfonso Vázquez Sosa, coordinador del Área de Arte y Cultura de la UAZ para realizar y difundir una semblanza de Ramón López Velarde.

Así se observa el mundo desde el Mirador de Heródoto ■

 

*Cronista de la UAZ

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